Jaque Mate
Feb 10, 2010
Sergio Sarmiento

La guerra que se pierde

La responsabilidad fundamental del Estado es proteger a los individuos, pero no contra sus propias decisiones sino contra las agresiones que puedan sufrir de otros. En ese sentido el Estado mexicano está perdiendo la batalla más fundamental, independientemente de cuántos narcotraficantes sean detenidos o sean muertos por las autoridades.

Las ejecuciones se han vuelto tan comunes en nuestro país que ya los medios sólo reportan las más dramáticas. Uno de los últimos casos que han llamado la atención ha sido el ataque con armas automáticas a un grupo de jóvenes en una fiesta de Ciudad Juárez el 30 de enero, que dejó un saldo de 16 personas muertas, la mayoría adolescentes. También está la matanza de parroquianos de un centro nocturno en Torreón, Coahuila, entre el sábado 30 y el domingo 31 de enero, que dejó un saldo de 10 personas muertas.

 

Las cifras de ejecuciones siguen acumulándose en el país. Yo no sé si el gobierno mexicano está ganando la guerra contra el narco, lo que sí es claro es que la violencia del crimen organizado se extiende y se vuelve cada vez peor. Los intentos de las autoridades por minimizar estas ejecuciones, al decir que todas las víctimas, por el simple hecho de serlo, deben haber hecho algo indebido, ya no es moralmente aceptable.

 

En el caso de los jóvenes de Juárez hubo un intento por soslayar la importancia de los hechos. Sobre la base de los testimonios de una persona que aparentemente participó en el comando, las autoridades señalaron que el ataque se había realizado para matar a algunos presuntos miembros de una banda. Las familias reaccionaron enfurecidas. Las víctimas eran adolescentes, estudiantes en muchos casos de buenos promedios, deportistas que participaban en un equipo de futbol americano estudiantil. Nadie ha podido señalar hasta este momento un solo criminal en el grupo que fue atacado.

 

El gobierno de la república mantiene una campaña constante en los medios de comunicación para vanagloriarse de los triunfos en la guerra contra el narcotráfico. En anuncios de radio y televisión la propaganda ofrece nombres de delincuentes detenidos o muertos. Si el éxito en la lucha contra el narco se midiera por el número de capos detenidos o muertos, México tendría sin duda razón para festejar.

 

Pero hay otros indicadores que señalan que la situación se deteriora. Los flujos de droga no parecen disminuir y ya no toda se va a Estados Unidos. La Encuesta Nacional de Adicciones indica que el consumo de drogas en nuestro país está aumentando. Si el propósito de la guerra no fuera detener o matar a narcotraficantes, sino detener o reducir el consumo de drogas por los mexicanos, entonces tendríamos que reconocer que estamos siendo derrotados.

 

El problema es que mientras el gobierno dedica recursos crecientes a castigar a personas por consumir, por decisión propia, sustancias que les hacen daño, los crímenes de violencia y en particular las ejecuciones afectan cada vez más a la sociedad.

 

Lo que quizá la autoridad no debería olvidar es que la responsabilidad fundamental del Estado es proteger a los individuos, pero no contra sus propias decisiones sino contra las agresiones que puedan sufrir de otros. En ese sentido el Estado mexicano está perdiendo la batalla más fundamental, independientemente de cuántos narcotraficantes sean detenidos o sean muertos por las autoridades



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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