JUEVES, 18 DE FEBRERO DE 2010
¿Asistencia social?

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“Un sincero análisis de los programas de asistencia social nos comprueba que la mayoría de ellos no "asisten", sino que son fórmulas politiqueras para hacer ver que se está ayudando a los desamparados.”


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Ciudad de Panamá (AIPE)- Un sincero análisis de los programas de asistencia social nos comprueba que la mayoría de ellos no “asisten”, sino que son fórmulas politiqueras para hacer ver que se está ayudando a los desamparados. Desde el instante en que se titula un proyecto como de “asistencia social” se  trata de impedir todo cuestionamiento y cualquier objeción es vista como inhumana. Pero todo programa asistencial que no está sujeto a un constante escrutinio de su efectividad fácilmente se degrada.

Abundan ejemplos de programas de supuesta asistencia social que jamás lograron mejorar el nivel de vida de la gente, mientras que países como Corea del Sur han logrado superarse sin la llamada “asistencia social”, como nos explica el economista William Easterly en su última obra, “The White Man’s Burden”. La asistencia a los desamparados debe ser auténtica y coyuntural, en lugar de un instrumento de los políticos para ganar votos.

Sería provechoso averiguar por qué algunos países subdesarrollados están saliendo rápidamente de la pobreza sin esperar que los vayan a rescatar con programas de asistencia social. El problema más punzante es que muchos de esos programas están enfocados en satisfacer metas politiqueras, en vez de metas sociales. Los mejores programas son los diseñados para desmontar las barreras que impiden a los pobres superar su situación, como el mejoramiento del sistema de justicia, factor verdaderamente fundamental en el desarrollo de los pueblos.

Cuando tratamos de diseñar programas para alcanzar el paraíso invariablemente fracasaremos porque el camino a la felicidad es a través de las personas, no del gobierno. La función del gobierno es facilitar la vida del ciudadano, desmontando barreras y liberándolo del yugo de sistemas intervencionistas.

Para ilustrar ese principio fundamental ofrezco el caso de la economía informal que en mi país, Panamá, representa casi el 45% de la economía nacional. ¿Por qué hay tan exageradamente alta  informalidad? Porque el costo de formalizarse es prohibitivo, algo que nuestros políticos no entienden o sencillamente no les importa. La mala administración empresarial conduce invariablemente a la quiebra, mientras que en el sector gubernamental provoca un aumento del presupuesto. Un buen ejemplo de tan mala costumbre es la educación pública, cuyos resultados son cada año peores, mientras que su presupuesto sigue aumentando año tras año.

¿Tendremos que esperar que semejantes sistemas colapsen bajo el peso de la insensatez y la ineficacia o acaso será posible evitar las crisis que cada día surgen con mayor frecuencia?

___* Analista panameño.
© www.aipenet.com

• Intervencionismo

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