MIÉRCOLES, 24 DE FEBRERO DE 2010
Los ridículos amores de tercer mundo

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
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“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Clotilde Hinojosa de Reynaud







“Es una pena que el mejor caricaturista de México, Paco Calderón, tenga que dibujar al Presidente de su país como un pequeño personaje con maracas en las manos, atado al organillo del gorila Hugo Chávez; personajito que debe bailar al son que le toca el organillero. Es una pena, pero así son las cosas: Ésa y no otra es la imagen que da el señor Presidente de México cuando se deshace en zalamerías con dictadores asesinos como el cubano Raúl Castro e incurre en otras monerías dizque de “profunda hermandad latinoamericana”.”


Cancubazuela.- Las cosas hay que tomarlas como son. Independientemente de cuánto haya costado a los contribuyentes de la región la fiestecita de palabrería hueca que se celebró en Cancún dizque para crear una nueva “alianza de los países latinoamericanos y caribeños”,  el numerito fue una muestra clara para los mexicanos de algunas de las más lastimosas carencias de nuestra clase política empezando por las carencias del señor Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.

 

Tal vez recordando el añoso y amarillento –por bilioso- odio a los yanquis que caracterizó a los conservadores mexicanos del siglo XIX y a los católicos belicosos y fervientes del sinarquismo en el Bajío y en el centro del país, el michoacano Felipe Calderón ha de haber experimentado una profunda emoción al estrechar la mano de Raúl Castro, cabeza visible por ahora de la atroz dictadura cubana que durante más de 50 años ha perseguido, encarcelado, oprimido y asesinado a miles de cubanos. Ha de haberse sentido como católico de vanguardia, progresista y políticamente correcto, cuando se desvivió por hacerle el caldo gordo a las agendas sectarias y retrógradas de Hugo Chávez, de Evo Morales, de Cristina Kirchner… Debe haber pensado que su discurso, advirtiendo que nadie debería sentirse agraviado por la unión de los latinoamericanos (en burda y candorosa alusión a los Estados Unidos), fue una muestra de fina diplomacia, de elocuencia y hasta de ironía. Pero no. Fue una piececita de retórica mediocre, que debe haber causado risa entre las personas inteligentes: ¡Como si al gobierno de Estados Unidos le preocupase mayor cosa que “esos latinos incorregibles” hagan su “spring break” adelantado en Cancún y se embriaguen un poquito con retórica vacía y con reediciones inopinadas de los disparates tercermundistas de los años 60! ¿Qué fue aquello de Cancún?, ¿algo así como “Menudo, el reencuentro 40 años después”?

 

Estos amores repentinos que les entran a los mochos de nuestra derecha por el socialismo y el rollito anti-imperialista del siglo pasado sólo son amores ridículos, como los de esos viejitos que de pronto se imaginan adolescentes y le mascullan piropos de mal gusto a las colegialas. Huelga decirlo: A las niñas importunadas esos patéticos requiebros ya ni lástima les producen, les dan asco y punto.

 

En México a partir del tercer año de gobierno, los Presidentes tienden a entrar no sólo en su fase declinante, sino delirante. Les brotan, sin tapujos, sus peores inclinaciones y sus vicios inconfesables. Hoy, en México, lo estamos viendo. Un vicio secreto de algunos derechosos persignados y antiliberales es el sueño de ser invitados algún día a las fiestas de los izquierdosos. Agobiados de culpas, reales o imaginarias, por haber hecho negocios con los ricachones del barrio, estos buenos muchachos tránsfugas de la Acción Católica o del Movimiento Familiar Cristiano, tratan de redimirse posando de revolucionarios. Desempolvan dos o tres frasecitas de la teología de la liberación, recuerdan con nostalgia a Miguel Miramón y a don Lucas Alamán, añoran al viejo José Vasconcelos henchido de sentimientos antiestadounidenses (bueno, los que tienen un poquito de cultura) y se avientan dos o tres invectivas contra “el imperio del norte” y cuatro o cinco frasecitas gastadas acerca de la solidaridad bolivariana de los latinoamericanos y la raza cósmica. Nada para tomarse en serio. Delirios de fin de sexenio adelantado.

 

Amores ridículos.

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