JUEVES, 11 DE MARZO DE 2010
¡Mil millones!, ¿nada más para el cine?

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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“Mucho celuloide, nada de celulitis. Lo que se está llevando mucho en esta temporada –en la moda progre y políticamente correcta- es el fomento al cine nacional. Una piñata de recursos fiscales nada despreciable.”


Si aún viviera Juan Orol –director, actor, guionista y compositor, entre otras joyas de la cinematografía mexicana, de Gángsters contra charros” (1947)- estaría feliz: El gobierno federal mexicano destina hoy día, entre subsidios, exenciones tributarias, créditos blandos, apoyos y demás mecanismos de “fomento”, unos mil millones de pesos anuales a darle impulso, grandeza, sostén, aliento y hasta cariños al cine mexicano. No es un cálculo que yo haga, el presidente Felipe Calderón Hinojosa (no somos parientes, por cierto) nos lo informó el martes pasado, 9 de marzo, al anunciar ¡otro! programa de apoyo al cine mexicano.

 

Cito las palabras textuales, por si acaso lo dudan:

 

“Estas acciones, además, constituyen una opción, como he dicho, una opción adicional a las medidas que el Gobierno tiene ya para apoyo y fomento al Séptimo Arte, y que ya estaban en marcha, como el Fondo de Producción para el Cine de Calidad, FOPROCINE; el Fondo de Inversión y Estímulo del Cine, FIDECINE; y el Estímulo Fiscal para Inversión en Producción Cinematográfica, el EFICINE, que se establece en el Artículo 226 del Impuesto Sobre la Renta. En su conjunto estos programas representaron el año pasado un apoyo de casi 80 millones de dólares por parte del Gobierno Federal, unos mil millones de pesos.”

 

Ahora a estos apoyos habrá de sumarse el Programa para el Fomento de la Producción Fílmica  (¿lo bautizarán como el “profomprofil” aunque suene como medicina para reducir el colesterol?) que consistirá en facilitar, con exenciones tributarias y hasta con “ejecutivos de cuenta” o gestores puestos por el gobierno, que cada vez más productores cinematográficos de todo el mundo, incluidos también productores mexicanos, filmen en México. Bueno, eso es lo que yo entiendo del improvisado discurso del Presidente (que pueden consultar en la página de Internet de la Presidencia de la República) pronunciado en las playas de Rosarito, Baja California, el martes 9 de marzo, día que por allá hacía un frío como de país nórdico, pero sin vikingos fornidos y desabridos, por lo que las mujeres presentes hubieron de conformarse con echarle miraditas al coqueto de Diego Luna.

 

Esto del fomento fiscal al cine les encanta a los gobiernos que quieren posar no sólo de progresistas, sino de cultos. Parece que la moda se inició en Francia como iniciativa para combatir al “adocenado”, “comercial”, “maniqueo”, “violento” (y demás adjetivos que se les ocurran), pero muy exitoso “cine americano” que sigue dominando la industria cinematográfica mundial, sin necesidad de subsidios y fomentos del Gobierno.

 

La receta del impulso fiscal al cine no ha tenido grandes resultados hasta ahora, pero sus promotores (empezando por los simpáticos y abnegados miembros de “la familia cinematográfica” de cada país) argumentan que si no ha funcionado la receta es porque no se ha gastado lo suficiente, porque los gobiernos han sido mezquinos a la hora de poner el dinerito y de dar facilidades al “séptimo arte”. No falla ese argumento y cada vez, a pesar de crisis y otras estrecheces, los gobiernos políticamente correctos de este mundo (¿alguno no lo es?) gastan más en estos mecanismos de fomento a la cinematografía autóctona.

 

Algún amigo culto me recuerda que, incluso, esta moda puede rastrearse más lejos y me recomienda una polémica que sostuvo el gran economista francés Fréderic Bastiat con algún dramaturgo de su país, en el siglo XIX, en la cual Bastiat, con gran maestría dialéctica, demostraba la inconveniencia de que se destinase dinero público a subvencionar a los teatros parisinos. Les paso la referencia gratis.

 

En fin, la moda es mucho celuloide pero nada de celulitis. Supongo que forma parte de lo que se llama izquierda moderna. Y la verdad hasta atractivos le estoy encontrando. Todo es asunto, para que tanto celuloide subvencionado con nuestros impuestos se vuelva agradable, de conseguir que a una la admitan en “la familia cinematográfica”.  Descuiden, queridas lectoras y desprevenidos lectores, no pienso volverme actriz. Despreocúpese la pléyade de jovencitas que suspiran por un papel en el cine; no deseo entrar a esa competencia. Algunas, además de encantos tenemos talentos. Y los míos son muchos; por ejemplo, como guionista y productora. Sólo para darles una muestra, les cuento.

 

Imaginen este éxito de taquilla asegurado: “La doble vida de Marcial, el legionario”, y la propaganda, digna de las películas del añorado Juan Orol: “Donde las más sublimes plegarias disfrazaban las más bajas pasiones”, “el drama de un hombre consagrado a Dios que sucumbió a las más despreciables solicitaciones del pecado”, “lo creían un santo, pero en realidad era un monstruo insaciable de lujuria y perversión”…

 

Bueno, ¿para qué le sigo? Por cierto, se aceptan sugerencias para el reparto. Lo que hay que considerar como un hecho es que Conaculta, Imcine, Forprocine, Eficine, Fidecine y ahora Profomprofil se tienen que poner con una patriótica aportación “bicentenaria”. Si no, conmigo no cuenten. Me llevo mi guión a Hollywood y ahí se ven.

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