MARTES, 23 DE MARZO DE 2010
Bajo la ley del hampa

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Raúl Benoit







“La ley del hampa no debe imperar. La sociedad mexicana no puede rendirse, pero la estrategia tiene que cambiar.”


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Miami (AIPE)- El rostro turbado del presidente Felipe Calderón no es para menos. Varias regiones de México están sitiadas por el hampa, especialmente Ciudad Juárez, donde la muerte se pasea como Pedro por su casa.

Los narcotraficantes mexicanos sobrepasaron los límites de la razón. Son crueles y sanguinarios. La más baja lacra de la humanidad.

Ni siquiera en las peores épocas del llamado narcoterrorismo de Pablo Escobar en Colombia, se vivió una guerra urbana con tanta saña, que deja víctimas sin distinción y por doquier.

En sólo un mes de este año la cifra de muertos en la guerra del narcotráfico en México sobrepasó las mil personas. Datos de la Fiscalía federal registran que, en los tres años de gobierno del presidente Calderón, han muerto unas 15 mil personas. La prensa asegura que la cifra puede superar las 17 mil.

México no vive un brote de violencia pasajera; ni siquiera son reacciones a los operativos militares y policiales, porque las autoridades no están a la ofensiva sino a la defensiva. Lo que vive el país azteca es una guerra sin cuartel, abierta y carente de códigos.

La decapitación de enemigos o ex amigos, por ejemplo, es una muestra de poder brutal y amedrentador; simboliza el silencio que deben mantener los que se opongan a los actos monstruosos de los narcotraficantes o los que traicionen su cofradía. Las cabezas sin cuerpo ya no son noticia de primera plana, en una evidente pérdida de valores humanos e indolencia social.

Desde un comienzo, cuando asumió Calderón, en diciembre del 2006, y resolvió enfrentar a ciertos carteles del narcotráfico, la lucha ya estaba perdida. Lo confirmaron los capos con actos de terror y el fortalecimiento de escuadrones mercenarios, financiados por ellos, en los cuales participan paisanos y extranjeros.

Colombia tampoco ganó la guerra y sigue enfrentándola con grandes sacrificios. Incluso desde que Washington la declaró de manera continental, en enero de 1982, en el gobierno de Ronald Reagan, siempre ha estado perdida.

La mayor parte de muertos los ponen las naciones donde se produce y exporta la droga, pero no tantos en los países consumidores.

Lo decepcionante es que la lucha continuará mientras los dólares (una parte pequeña de las ganancias, menos del 30%) sigan yéndose a Latinoamérica, porque la guerra es por dinero, no contra la adicción.

Quizás las cosas cambien ya que la violencia tocó a las puertas de la Casa Blanca para avisarle a Barack Obama que su país es responsable en gran parte de esa guerra.

El sábado 13 de marzo, una funcionaria del consulado de Estados Unidos en Chihuahua, su esposo y otro ciudadano mexicano casado con una empleada de la misma delegación diplomática, fueron asesinados a tiros por pistoleros del cártel de Juárez.

Meterse con los gringos en forma directa es el peor error de los narcotraficantes mexicanos y podría cambiar el rumbo de la guerra.

Se hace válido el llamado del presidente Calderón de pedir ayuda a su mal vecino, Estados Unidos, que se obliga a asumir la responsabilidad compartida.

La ley del hampa no debe imperar. La sociedad mexicana no puede rendirse, pero la estrategia tiene que cambiar.

___* Corresponsal internacional de Univisión.
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