LUNES, 29 DE MARZO DE 2010
¿Igualdad salarial entre hombres y mujeres?

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
Félix de Jesús


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“Cuidado con la regulación laboral respecto de los ingresos y salarios de hombres y mujeres. No tenerlo puede perjudicar a quien se pretende ayudar, las mujeres. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.”


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La semana pasada señalamos algunos mitos muy arraigados en la mentalidad de nuestros políticos. Por razones de espacio se escaparon algunos detalles importantes como el relacionado a la mal llamada “equidad laboral de género.” En la propuesta panista (¿abortada ya por el PRI?) se aborda el tema de igualdad salarial entre hombres y mujeres, y hay que tener cuidado por que en los detalles está el diablo.

Se suele afirmar con ligereza que entre los salarios ó ingresos de las personas debe haber equidad. Según entiendo esta afirmación, a trabajos ó posiciones laborales similares, la paga entre hombres y mujeres debe ser igual.

A ver, esto es una aberración económica creída y aceptada por mucha gente. Para empezar, la productividad no es cuestión de sexo. Los hombres y mujeres más educados tenderán a ganar más que los hombres y mujeres con menor nivel escolar. Pero aún entre los mejores, si la productividad de una mujer (hombre) es mayor a la de un de hombre (mujer) su paga debe ser mayor sin importar el sexo. Entiendo que se quiera evitar la discriminación hacia las mujeres que puede existir por la conducta machista de tal ó cuál empresa. Pero si ello es así, las primeras que pierden son las empresas con dichos prejuicios.

Hombres y mujeres tenemos distintas ventajas laborales comparativas. En campos como la medicina y la abogacía, la evidencia indica que ambos sexos pueden ser buenos en el desempeño de dichas profesiones. En los campos como la ingeniería y la economía abundan más hombres que mujeres (los lectores que sean profesores universitarios en estas ramas del conocimiento no me dejarán mentir, pues en sus aulas hay una presencia dominante de hombres), lo que no quita por supuesto que exista más de una dama que se desempeñe como el mejor. En los campos como la comunicación y los idiomas las mujeres dominan en número. Eso no quiere decir que no exista algún varón muy bueno en el manejo de los idiomas.

En los oficios como los de carpintero suelen ser más los hombres y ello no significa superioridad sexual. En la actividad económica de ensamble de manufacturas las mujeres suelen ser más eficientes. Por ello las maquiladoras están llenas de personal femenino. Ello tampoco indica superioridad sexual.

Y ojo, hay que tener mucho cuidado en no legislar con los pies. No vaya a ser que en una de esas a algún diputadete se le ocurra que hay que obligar a las empresas a tener “equidad de género” y ello implique forzar a que la plantilla laboral sea 50-50 (mitad mujeres, mitad hombres). Eso sería una imbecilidad económica. Y no, no exagero, ya ellos se lo aplicaron en sus propias cámaras y partidos (obligación de cuota de mujeres), lo que además luego se vio que era una pose, con aquello de la renuncia de las llamadas ”juanitas.” Las cuotas de minorías son un verdadero insulto a las personas. Se hacen con la intención de dizque favorecer a los más débiles. No, hombres y mujeres, blancos, negros, criollos, indígenas y mestizos no deben ser tratados como objetos, sino como seres humanos iguales ante la ley. La garantía de la igualdad ante la ley sí permite la dignidad de los seres humanos, hombres ó mujeres. La cuotas (en especial las de sexo) son demagogia pura.

En el caso del mundo de la política, hay estudios científicos que apuntan que desde niño, el hombre suele involucrarse más en aspectos de liderazgo de grupos. Lo que da como resultado que en todos los congresos del mundo domine la presencia masculina. Ello por supuesto no elimina que existan mujeres excepcionales en el ejercicio del oficio político. Pero de ello a pensar que dicha situación es por machismo y por tanto forzar a cuotas, hay un largo, largo camino de ignorancia. Son ventajas comparativas sexuales, no ningún tipo de superioridad ó inferioridad sexual.

Tampoco el legislador debe pasar por alto que el horizonte intertemporal de los hombres y las mujeres no es el mismo. En los puestos ejecutivos históricamente los hombres suelen ganar más que las mujeres y la razón no es el machismo. Hay estudios laborales efectuados por empresas como Manpower (en general hay evidencia empírica abundante del tema) que muestran que la brecha salarial entre hombres y mujeres se debe a que estas últimas tienden a ser más irregulares en sus carreras en virtud de que se embarazan ó se retiran temporalmente durante distintos períodos de su vida laboral, lo que provoca que su remuneración sea menor.

Querer forzar a que los contratos salariales entre hombres y mujeres sean iguales sólo llevará a que aumente el desempleo entre las mujeres. Las empresas incurren en costos si las mismas deciden embarazarse y ello no debe pasarse por alto. Y por favor, que no se me acuse de estar en contra de la maternidad. Es algo divino que da razón de la existencia humana. Pero no por ello debemos saltar el hecho económico duro de que el embarazo conlleva un costo de oportunidad. A las mejores empresas siempre les interesará no perder al personal femenino eficiente, aún cuando se embaracen. Pero ello debe quedar en un acuerdo de contrato privado, jamás en la intromisión gubernamental que obligue a una de las parte a incurrir en altos costos laborales.

Pero vayamos más allá del horizonte en el tiempo, y chequemos por qué en el presente, por ejemplo, ganan más los futbolistas varones que las futbolistas mujeres. Otra vez, la razón no es el machismo. Quien esto opine ignora completamente cómo funciona la economía. La razón es simple: el futbol varonil tiene mayor rating entre el público, lo que en la práctica se traduce en que hay más gente dispuesta a pagar por ver a los hombres jugando que a las mujeres. Por lo mismo, más patrocinadores invierten en el futbol masculino, lo que reditúa en grandes ganancias para los atletas varones estrella. Si algún día esta situación se invierte, entonces las mujeres serían mejor pagadas que los hombres y ello no tiene nada que ver con superioridad ó inferioridad sexual.

Entre los puestos ejecutivos la situación es similar. Exigir igualdad salarial entre managers de la misma posición desincentiva la productividad de hombres y mujeres. Los ingresos deben estar en función de la productividad, no del sexo.

Cuidado entonces con la regulación laboral respecto de los ingresos y salarios de hombres y mujeres. No tenerlo puede perjudicar a quien se pretende ayudar, las mujeres. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

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