MIÉRCOLES, 26 DE MAYO DE 2010
10. Una ciudad santa frente al sol naciente

¿Usted cree que es una buena idea que sean Pemex y la Secretaría de Energía quienes construyan una refinería?
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“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Fernando Amerlinck







“La ciudad de Varanasi casi no merece el nombre de ciudad. Si no hubiese aquí lo que hay, probablemente ni carretera habría. ”


Varanasi, Uttar Pradesh – La ciudad de Varanasi casi no merece el nombre de ciudad. Si no hubiese aquí lo que hay, probablemente ni carretera habría. Es sucia hasta para los bastante laxos estándares indios, como lo es de ruidosa, desordenada y caótica. Los cables y transformadores nublan las calles de diablitos que envidiarían a nuestros muy diableros ambulantes. Los anuncios espectaculares son espectacularmente sucios. Casi no hay avenidas interesantes ni atractivos urbanos.

Entonces, ¿para qué venir?

Varanasi tiene un extraño parecido con las zonas pobres de Ixtapalapa pero acá el desorden urbano es peor. La basura es más abundante, y los claxonazos y desorden de las calles ensordecen a cualquiera. Cuando uno llega a Varanasi se pregunta, de nuevo, ¿para qué vine?

Hay una respuesta. Varanasi (los ingleses la llamaban Benares) es la ciudad más sagrada para la religión hindú, como La Meca para los musulmanes, Jerusalén para los judíos, Roma para los católicos o la Villa de Guadalupe para los mexicanos. En Varanasi hay más de 10,000 templos.

Además, es uno de los cuatro lugares mundiales de peregrinación para los budistas, por algo que aquí hizo Siddharta Gautama. Hay un antiguo monumento, una enorme estupa conmemorativa para recordar que allí dio Buda por primera vez, a siete discípulos, sus enseñanzas sobre una vida equilibrada que palie los problemas de la vida, y un modo de alcanzar cada quien la liberación. (El budismo no es propiamente una religión, ni Buda es un dios. El budismo es un método, una disciplina.)

Buda no vino al mundo en Varanasi sino en Lumbini, que estaba en India pero ahora es Nepal. Nació bajo un árbol cuyo nieto está no lejos de su lugar de primera predicación, en el centro budista de Varanasi. Uno más de la larga genealogía de banianos, hermosos arbolones con hojas como corazones que los indios resecan y con lo que queda fabrican obras de arte.

Baña Varanasi el anchuroso Ganges, cuyo nombre viene de Ganga, diosa que impidió que esas aguas provenientes de los montes más altos —los Himalayas— inundaran la tierra. Es un río sagrado (el río es una diosa) que los hindúes desean visitar al menos una vez en la vida, y bañarse en sus aguas purificadoras.

Tomamos de noche una lancha para contemplar la ciudad desde el río, donde la gente pone a flotar canastitas con flores de cempasúchil con una vela encendida y cantando un mantra al echarlas al agua:

OM NAMA SHIVA OM

El OM es indispensable porque es el sonido primordial; hasta venden cuencos con un palo que parecen cantar ese sonido. Y Shiva es la parte de la tríada divina que regenera. El río se llena de lucecitas de velas flotantes que relumbran en la noche junto con las luces leves de la ciudad y el humo del alcanfor, y especialmente con el fuego de los crematorios. Nosotros pusimos a flotar siete velitas.

Se miran desde lejos las hogueras donde incineran cadáveres para hacerlos regresar a uno de los cinco elementos de que está hecho el mundo (el éter) y disponerlos a reencarnar. Luego de mojar los cuerpos en el río para purificarlos (agua), sujetarlos al fuego, liberar el aire de sus pulmones y sujetarse al poder de la leña (que proviene de la tierra). Éter, agua, fuego, aire y tierra forman todo.

La ceremonia de cremación la hace el hijo mayor del finado, necesariamente varón. Por eso, entre otras cosas, es tan importante en India tener hijos varones: incinerar al padre o madre es un sacramento. Las mujeres no asisten a las cremaciones.

Vimos cómo luego de bañar al cuerpo lo ponen sobre la pira, con unos 400 kg de leña, y el hijo mayor le da cinco vueltas quemando incienso y recitando:

RAM NAM SATIA JE

Según entendí, quiere decir algo como “El nombre de Dios es la verdad”.

Vimos varias de esas escenas, desde el baño de los cuerpos, cubiertos con una tela y sobre una camilla de bambú, metidos al agua. La ciudad sagrada es el lugar ideal para incinerar cadáveres porque en uno de los templos sigue ardiendo el fuego sagrado de Shiva, que el propio dios encendió hace como 3,000 años y sigue prendido (¿?). Por eso no tiene demanda el crematorio eléctrico que puso el gobierno, pensando con razón que 400 kg de leña por cadáver implica un consumo tremendo. La electricidad, claro, no es el fuego sagrado de Shiva.

A la mañana siguiente los viajeros llegamos a ver la aurora desde la margen del Ganges que mira al sol salir sobre la ribera de enfrente, en el momento más propicio para una ciudad orientada hacia el sol naciente. Los hindúes prefieren ir al río a esa hora por eso.

La experiencia del río al despuntar el día es completamente diferente, si bien los crematorios no dejan de funcionar. Lo más visible es el color de una flor que se parece al oro y que no se asocia con los muertos como en México, el cempasúchil (¿se escribe asi?) y los colores riquísimos de los saris de las mujeres, que (sobre todo ancianos, y más mujeres, como en toda religión) son quienes más se bañan y más devotos son.

La ciudad está llena de menesterosos que se apiñan en la bajada al río, para buscar la caridad de los viandantes. Pero también está repleta de ancianos y enfermos, porque quien muere de causa natural en Varanasi tiene garantizado el no regreso a la cadena de reencarnaciones. Por eso los maharajás se hacían su palacio (está lleno de ellos) y venían a ver si, en eso también, los dioses y la suerte los favorecían…

 

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