VIERNES, 28 DE MAYO DE 2010
12. La excapital virreinal

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“La ciudad de Delhi es antigua y caótica como todas las ciudades indias que conozco pero Nueva Delhi debe haber sido un prodigo cuando la dibujó y realizó el arquitecto urbanista Sir Edwin Landseer Lutyens para que fuera el asiento de los poderes virreinales ingleses, a partir de 1911, y que luego de una guerra mundial y varias vicisitudes quedó terminada en 1931.”


Delhi — La ciudad de Delhi es antigua y caótica como todas las ciudades indias que conozco pero Nueva Delhi debe haber sido un prodigo cuando la dibujó y realizó el arquitecto urbanista Sir Edwin Landseer Lutyens para que fuera el asiento de los poderes virreinales ingleses, a partir de 1911, y que luego de una guerra mundial y varias vicisitudes quedó terminada en 1931. El proyecto le tomó 20 años, muy pocos para quien sólo habría de gobernar 16 usando ese excelente diseño que tuvieron que abandonar para dejárselo en 1947 al gobierno de la India independiente.

Es Nueva Delhi un lugar deteriorado que ya no responde plenamente al espíritu de la sencillez británica de sus glorietas, hoy con vallas y setos más adecuados para un país que detesta la sencillez y teme a lo vacío. Pero las avenidas se mantienen, algunas de ellas agregándoles camellones que antes no existían; son anchas, rectas, generosas, prácticas. El tránsito fluye de una manera envidiable, que debería de ser muestra para los diseñadores urbanos en todo el mundo.

Hay una gran avenida recta, ancha, Rajpath, que quién sabe por qué hace recordar a París: de un lado grandes palacios y oficinas de gobierno; del otro un inmenso arco, The Gate of India, erigido para conmemorar a los soldados indios e ingleses muertos en la Gran Guerra de 1914-1918, y en la tercera guerra afgana. En 1971 aprovecharon el monumento para agregar los nombres de los indios muertos en la guerra contra Pakistán, de 1971.

Tiene el monumento, como el del Arco del Triunfo, su llama perpetua (ignoro si algún mexicano habrá tenido la humorada de hacerse pipí en esa llama perpetua, como hizo en París). En el otro extremo hay un monumento cubierto, vacío, que alojó de 1936 a 1947 una estatua del rey Jorge V, a quien también le hicieron el arco de entrada a Bombay cuando visitó por primera vez la joya de la corona imperial un monarca inglés, en 1911.

El contraste del diseño inglés con la realidad histórica india es brutal. El centro de Delhi, en la zona que rodea a la mezquita que hizo Shah Jahan, es un caos de cables eléctricos aéreos, basura, tuktuts soltando claxonazos, desorden, ambulantaje, banquetas inexistentes. Indudablemente si algún problema tendrá la zona norte de India para progresar y ponerse a la altura de los tremendos tigres de Asia, es la infraestructura.

Vimos también un templo sikh, notable experiencia. Los sikhs se distinguen porque se dejan la barba, no se cortan el pelo y lo cubren con un turbante, llevan un cuchillo para defensa personal, una pulsera en la mano derecha que los hace recordar que son tan duros como el acero inoxidable, y tienen la obligación de ayudar. En el norte de India, en Amritsar, está el principal templo sikh, en medio de un gran espejo de agua, con grandes pedazos de puro oro y cuyas fotos lo hacen ver como algo verdaderamente único. El templo sikh de Delhi es concurridísimo, y allí dan de comer y sirven té a quien lo solicite, sea sikh o no.

Los sikhs tienen una característica peculiar: concitan un tremendo respeto. Cuando un agente de tránsito sin criterio (vaya pleonasmo) detuvo por un problema de estacionamiento la camioneta en que viajábamos al regresar del templo sikh, el único que logró zanjar la discusión y hacer entrar en razón a ese policía obtuso fue un sikh al que nuestro guía pidió ayuda. El señor iba tranquilamente caminando por la calle pero siempre un sikh concita respeto y está dispuesto a ayudar.

Hay también un notable templo hinduista en Delhi, lleno de símbolos que abundan en toda India pero allí más que en ningún otro sitio: svásticas.

La cruz gamada de India nada tiene que ver con los asesinatos de Adolf Hitler ni con los nazis sino lo contrario. Hitler usurpó de India un símbolo antiquísimo de la vida y sus ciclos, del espacio, del movimiento. Es uno de los más antiguos símbolos de la humanidad, tan antiguo como los vedas (de los más viejos textos que existen).

Según dice una inscripción en ese símbolo, la cruz gamada significa una plegaria por el éxito, la realización y la perfección. Es usual encontrar svásticas en los taxis, en las paredes, en los templos y en todas partes. Según algunos, simboliza la reencarnación y las cuatro etapas de la existencia: nacimiento, crecimiento, decadencia y muerte. Según otros es un símbolo de la ley del karma, o ley espiritual de la causa y el efecto.

La svástica india agrega 4 puntos cercanos a cada uno de los vértices de la cruz gamada, y en otras grafías aparece un poco levantada cada uno de los extremos.

Es una más de las hazañas destructivas del nazismo, pervertir un símbolo de vida hasta hacerlo tan odioso como lo fue aquél régimen.

 

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