MARTES, 1 DE JUNIO DE 2010
14. Recordando a Orwell en Birmania

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“Que me perdonen, pero prefiero llamar por su nombre antiguo a este país que la junta militar gobernante ha rebautizado desde 1989 como Myanmar (myan es rápido, mar es fuerte). Será que no me gustan los regímenes dictatoriales y prefiero renunciar a sus pompas, sus obras y sus seducciones. Y su demagogia. Y su alteración de la historia.”


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Yangón, Birmania — Que me perdonen, pero prefiero llamar por su nombre antiguo a este país que la junta militar gobernante ha rebautizado desde 1989 como Myanmar (myan es rápido, mar es fuerte). Será que no me gustan los regímenes dictatoriales y prefiero renunciar a sus pompas, sus obras y sus seducciones. Y su demagogia. Y su alteración de la historia.

Por ejemplo, hablando de decisiones arbitrarias y de países —digamos— no muy inteligentes, este gobierno dijo en 1989 que ya estaba bien de imperialismo vial inglés, y decidió que los coches circularan on the wrong side of the road, es decir, por la derecha.

No se le ocurrió a los militarotes que los imperialistas gringos circulan por la derecha. Pero tampoco tomaron en cuenta que casi el 100% de los coches, aun en 2010, tiene el volante a la derecha. Y Japón vende coches usados a la junta militar, que a su vez revenden a un precio nunca menor de 15,000 dólares, estén como estén; y que tienen el volante como en Japón: a la derecha. Y además, ese gobierno impide a las motos y las bicicletas circular por las avenidas en una ciudad cuyo transporte público casi no existe pero qué bien avanzan los coches en las avenidas. De que abunda la inteligencia, abunda. Para los dictadores las únicas ideas buenas son las que se les ocurran a ellos, llámense de izquierda o de derecha o socialistas y retequeprogresistas y amigos del pueblo.

Nuestra primera escala en el sudeste de Asia luego de recalar en Singapur fue Birmania, donde sirvió como parte de las fuerzas policíacas inglesas el muy joven Eric Blair (aún no se hacía llamar George Orwell). Aquí encontró su vena literaria y decidió abandonar los puestos de servicio al imperio. Escribió aquí su novela Burmese days, y Shooting an elephant y otros ensayos, antes de escribir sus grandes obras 1984 y Animal Farm, alegorías de la dictadura sobre el proletariado, que han dado origen al término orwelliano para evocar la trama de esas novelas, no el carácter del autor. Escribió también aquí Kipling su poema On the road to Mandalay.

Evoco a Orwell al pensar en qué devino aquella Birmania colonial. No conozco lo suficiente de ella para saber si es orwelliana pero de algo sirve estar aquí dos días con ojos avizores.

Los ingleses la llamaban Burma, que como tanto del mundo de hace un siglo, era parte del Imperio Británico. Esta área les resultaba indispensable para prevenir el siempre latente riesgo de que a Francia —dueña de la Indochina francesa, de la que hoy forman parte Vietnam, Laos y Cambodia— se le ocurriera atacar India y dar a los ingleses un calambre de primera categoría. Hasta la hicieron parte de India, para luego constituir una colonia distinta. Birmania servía como una especie de buche para mejor digerir a las posibles tropas invasoras francesas. Y tan sirvió, que los franceses no se lanzaron a una aventura así.

Tras de que los ingleses concedieron a India su independencia en 1947, al año siguiente negociaron entre otros con Lord Mountbatten su independencia. Ya esa zona de control no les era útil, y se independizó en paz, a pesar de que había habido una campaña armada capitaneada por el héroe nacional Aun Seng, quien fue asesinado poco antes de la independencia.

Luego, lo que tenía que pasar pasó. Cuando el gobierno del régimen “independiente” no pudo controlar una situación caótica a la que lo habían llevado sus experimentos socialistas y que convirtieron a Birmania en uno de los países más pobres del mundo, “temporalmente” tomaron el control los militares con un golpe de estado en 1962.

Oh inusual portento: los militares se quedaron con el poder. Y no lo sueltan, pero qué bien organizan elecciones, al estilo República Democrática Alemana o al estilo de aquél PRI, con un régimen de partido único que de repente juega a las elecciones y que siempre ejerce la censura, incluso con el internet, al estilo chino o norcoreano, con el objetivo de mantener a la gente en la ignorancia.

Hoy sufre un embargo internacional ese régimen que hace muy poco fue capaz de asesinar a monjes budistas cuya principal consigna es la paz y la noviolencia, pero que de repente son medio levantiscos; eso, en un país 89% budista y con el pueblo más amable, sonriente, feliz y agradable que he conocido en mi vida. Mas aún que en la feliz y afable India. Ese régimen mantiene presa a la activista de derechos humanos of Aung San Suu Kyi, figura de prestigio internacional que ha recibido el Nobel de la paz e hija del héroe nacional Aung San.

Son felices en la más completa ignorancia sobre lo que ocurre en el resto del mundo, pues los periódicos parecen ediciones del Granma de hoy o del Pravda de aquellos tiempos. Viven en una gran pobreza y no tienen seguridad social. La infraestructura que dejaron los ingleses está casi destruida. La moneda local está devaluadísima y el incauto que cambie dólares en alguna agencia oficial será robado a mansalva por el régimen; la más frecuente pregunta en inglés es, Change money?

El mercado negro es de esperarse. No hay bancos, no hay cajeros automáticos, y todos quieren billetes verdes pero el régimen es se desquita de la pequeña concesión de no declarar ilegales los dólares (como en México 1982) que no reciben en pago los billetes que tengan algún pequeño raspón o manchita. Es un verdadero lío: el viajero que lleva dinero bueno no siempre puede usarlo.

También son increíbles los precios, y eso que (salvo Singapur) en todos los países que hemos visitado hay precios razonables. Quien quiera comprar joyería (especialmente rubíes, pues Birmania produce los mejores del mundo), jade o sándalo encontrará verdaderas gangas, aun sin ganas de regatear. Las joyerías están en un mercado público al lado de las artesanías, sin vigilancia visible alguna.

Pero vuelvo al régimen. El gerifalte mayor de la junta es el general Than Shwe, monarca militar que casó a su hija con un baño de champaña y lujo de diamantes (canijos asistentes, alguno grabó la escena y la filtró a la prensa). Una especie Anastasio Somoza no dinástico, un Hugo Chávez de bajo perfil, o un Raúl Castro sin hermano patriarcal. Un Miguel de la Madrid que se negó a recibir ayuda internacional luego del terrible huracán Nargis en 2008. Y de nuevo, un Hugo Chávez que modifica la constitución para prolongar el límite de edad de 60 años para ejercer el poder, faltaba más. Los tiranos son predecibles.

Pero de nuevo, esas son nimiedades si el viajero tiene a su disposición maravillas inconcebibles y mayormente desconocidas para los viajeros que conozco. Agradezco sus recomendaciones a los más viajados de mis hijos, que han tenido el buen gusto de explorar el sudeste asiático y piensan que esta zona (antiguamente llamada Indochina) es de lo mejor que hay en un continente abundoso en maravillas. Visitar Birmania es indispensable, por lo que diré ahora.

• India

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