LUNES, 21 DE JUNIO DE 2010
Vivir en vilo, vivir del cuento

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“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“Desde que vivimos en la colonia “fuentes” estamos con el alma en vilo.”


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Desde que vivimos en la colonia “fuentes” estamos con el alma en vilo. Un día, hoy nadie puede recordar la fecha exacta, la colonia empezó a llamarse “fuentes generalmente bien informadas que solicitaron el anonimato”.  Con el uso, tan larga y selecta denominación ha terminado sólo en “la colonia fuentes” y todos entendemos que nos referimos a este espacio mágico, surrealista o quizá irreal, en el que habitamos como suspendidos entre el asombro y el hastío, saltando de la credulidad más candorosa al escepticismo más refractario.

Por desgracia nadie ha visto las dichosas “fuentes”. Son omnipresentes pero inasibles. Un día las “fuentes generalmente bien informadas” (el adverbio “generalmente” es imprescindible) dicen que “jamás había hecho tanto calor como en este verano y se debe al calentamiento global”; al otro día aseguran – por supuesto anónimas e “informadas”- que se acerca una “terrible glaciación que nos dejará a todos como ridículas estatuas de hielo, ya que unos perversos ingleses derramaron millones de litros de petróleo en el mar”.

Las “fuentes” lo mismo saben de conspiraciones financieras multimillonarias que de rocambolescas tramas en las que se entrecruzan el crimen atroz y la política de altos vuelos. Las “fuentes” predicen el futuro y generalmente – el adverbio es obligado- avizoran catástrofes tan inexorables como sorprendentes: depresiones económicas, revueltas sociales, asesinatos en serie, epidemias incontrolables.

Sonaba bien eso de vivir en una colonia tan selecta con calles de nombres cargados de emoción: “científicos consultados”, “expertos entrevistados”, “funcionarios de alto nivel del ministerio de seguridad”, “círculos cercanos a la casa presidencial”, “familiares de la víctima que pidieron no ser identificados”. Hasta los modestos callejones tienen nombres de alcurnia como “se supo”, “nos dijeron”, “es conocido”, “al parecer”. Por no hablar del orgullo de la colonia que es el celebérrimo parque “yocrioque”, un hermoso neologismo que nació de la singular fonética con la que los druidas mediáticos, inician el ritual de sus sesudas revelaciones ante un micrófono: “Yo creo que…”

Digo que al principio eso tuvo su encanto, pero con el paso del tiempo nos hemos percatado que significa también vivir en una zozobra que nos corroe.

Podrá parecer inocuo que un día una de las “fuentes generalmente bien informadas” lance sin empacho la primera cifra que se le ocurre: “El 80 por ciento de las transacciones que se hacen en el país podrían hacerse con dinero sucio” y que a la semana siguiente otra “fuente” motejada como “experta” se sume a la feria de cifras ocurrentes: “Podríamos estar hablando de unos 26 mil millones de dólares al año según un análisis de oficinas de inteligencia de los Estados Unidos al que tuvimos acceso”. Pero no es inocuo. La cifra, que sólo es un pálpito cuantificado, quedará plasmada y será, a partir de ese momento, referencia irrecusable. Dogma de fe. De acuerdo con la cifra se tomaran grandes decisiones. Hasta que meses más tarde la cifra sea desmentida por otra más conveniente para el día y la hora. Todo por servir se acaba, hasta las vaciladas glorificadas al unísono por los burócratas y los medios.

Ahora se dice – lo sé de fuentes cercanas al mismísimo oráculo de Delfos- que si le cambian de nombre a la colonia recobraremos no sólo la tranquilidad, sino también la cordura. ¿Hacemos la prueba?

• Periodismo barato

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