SÁBADO, 26 DE JUNIO DE 2010
Los fastidiosos redentores

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Estaríamos un poco mejor si hubiese menos gente buena y sacrificada que, desde el gobierno, o desde una ONG o incluso desde alguna poderosa corporación privada, nos ofrece resolvernos la vida y provocar nuestra felicidad. Tantos redentores –desde los más diversos púlpitos- nos han fastidiado.”


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Alguna vez dijo Ronald Reagan: “Las más terribles palabras que podemos escuchar son: Soy del gobierno y estoy aquí para ayudar”.

Ayer viernes dijo Barack Obama, poco antes de salir rumbo a Toronto a la reunión de jefes de Estado del G-20: “Trabajaré con otras naciones no sólo para coordinar nuestros esfuerzos de reforma financiera, sino para promover el crecimiento económico global, asegurando que cada país siga una ruta sustentable para sus finanzas públicas”.
Prefiero mil veces la cosmovisión realista que hay detrás de las palabras de Reagan que las quijotescas promesas que nos ofrece Obama.

Al leer las palabras de Obama pensé de inmediato: “Esto se fastidió”. Si el presidente de los Estados Unidos, nada menos, nos asegura que trabajará sin descanso junto con otros 19 gobiernos del mundo en hacer una reforma financiera global, en promover el crecimiento económico y, ¡ni la burla perdona el señor Obama!, en dar “una ruta sustentable” para las finanzas públicas de cada país, podemos apostar con todos los momios a nuestro favor tres cosas:

  1. La reforma financiera global que promueve Obama será un desastre; creará más problemas de los que pretende resolver.

  2. Tardará muchos años el mundo en recuperar un ritmo de crecimiento económico acelerado y sostenible, y

  3. También durante muchos años más Estados Unidos y el mundo padecerán las nefastas consecuencias de un déficit desorbitado en las finanzas públicas del propio Estados Unidos.

Hace algunas semanas escuché al presidente Obama fustigar acremente a los responsables del derrame petrolero en el Golfo de México. Prometió más tarde “patear traseros” para arreglar ese desastre. Desde luego las cosas siguen, por lo que hace al derrame petrolero, igual o peor que entonces. Obama quizá habrá pateado muchos traseros desde que hizo su promesa pero eso no evitó el derrame de una sola gota de los millones de litros de petróleo que ahora contaminan el Golfo de México.

El cantante y compositor Facundo Cabral narraba que en una ocasión su abuela Sara fue presentada a un presidente de Argentina, quien de inmediato se puso a sus órdenes: “Dígame, señora, qué puedo hacer por usted”. La abuela de Cabral contestó: “Mire, con que no me joda es suficiente”.

Pensándolo bien, estaríamos un poco mejor –en todas partes- si hubiese menos gente buena y sacrificada que, desde el gobierno, o desde una ONG o incluso desde alguna poderosa corporación privada, nos ofrece resolvernos la vida y provocar nuestra felicidad. Tantos redentores –desde los más diversos púlpitos- nos han fastidiado.

La escritora Elena Poniatowska conmovió, parece, a los asistentes a las honras fúnebres de Carlos Monsiváis en el Palacio de las Bellas Artes cuando exclamó con lágrimas en los ojos: “¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?”. Con lo cual acabó de fastidiar la memoria del fallecido convirtiéndolo en IN-DIS-PEN-SA-BLE, así con mayúsculas mayestáticas. Sospecho que el llorado escritor jamás deseó convertirse en redentor indispensable del pueblo, de la patria o de la humanidad; pero su amiga ya le endilgó esa incómoda función póstuma: “Monsi es el redentor que se nos fue. Lloremos nuestra desgracia.”

¿En qué lugar perdieron el sentido del humor para reírse de sí mismos, si acaso lo tuvieron algún día?, ¿qué les llevó a convertirse en solemnes, retóricos y lacrimosos redentores de la humanidad?, ¿quién les pidió asumir tan exorbitante e inopinado papel? ¡No fastidien!

• Populismo • Intelectuales iluminados

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