LUNES, 12 DE JULIO DE 2010
La opacidad en el ejercicio de los recursos públicos

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Los incentivos para asignar los recursos públicos en los gobiernos estatales y locales son perversos. Se premia la opacidad, la mediocridad, el chambismo y el populismo. Eso sí, a la hora de los desastres naturales, todo mundo exige que los gobiernos respondan. Contradicción total, producto de la oligarquía política y de la poca educación política y cultura económica de los electores.”


La semana pasada analizamos los dispendios en que incurre el gobierno defeño con su llamada Red Ángel. Pero ello no es privativo del gobierno de la Ciudad de México. Es tal la opacidad en el gasto de los gobiernos locales, que no sabemos a ciencia cierta cómo gastan. Aún así hay datos duros que indican que lo que destinan al gasto en infraestructura (que sí complementa al crecimiento económico) no rebasa el 10% de su presupuesto total de egresos. El resto se va a gasto corriente.

 

Y esto se pone de manifiesto en los procesos electorales y en los desastres naturales. En el primero, no necesitamos oír grabaciones ilegales para saber cómo se la gastan los partidos políticos (todos) en particular el PRI, cuyos gobiernos salientes como el de Veracruz operan al puro estilo de los dinosaurios que fundaron y operaron ese partido durante los 70 años en que gobernaron a México. Sí, verdaderas fortunas para inducir el voto en las urnas. Qué vergüenza para un país con las necesidades de México.

 

En el caso de los desastres naturales, éstos exhiben con mucha frecuencia la irresponsabilidad, el enorme costo de oportunidad en que incurren los gobiernos locales al asignar los recursos escasos no a obras que prevengan inundaciones ó ayuden a dar salida a un huracán ó lluvia severa. Sí, es cierto, no hay país en la tierra que no esté exento totalmente de un desastre natural, pero en México nos volamos la barda. Desarrollos urbanos alrededor de una montaña que históricamente ha sido la salida de un río, invasiones en zonas cercanas a lagunas, ríos y mares, ausencia de infraestructura de drenaje que vaya acorde al crecimiento poblacional, ausencia total de mantenimiento en las tuberías que dan cauce a la lluvia, etc.

 

En cambio, la mayoría de los rubros en que se gasta es en obras que se “ven,” en verdaderos elefantes blancos que le ganen votos al gobernador. No se diga en los múltiples subsidios y programas populistas como es el caso en que incurre el gobierno perredista de Marcelo Ebrard.

 

En este momento en que hay inundaciones en el norte del país, ya están chillando los gobiernos estatales con la federación para que les cubra sus populismos y puedan fluir los recursos federales a los mismos. Ya están poniendo de pretexto a “el calentamiento global.” A otros con ese cuento. Vaya cinismo para disfrazar sus irresponsabilidades de gasto. Por fortuna en estos casos la iniciativa de la sociedad civil, de los particulares, siempre supera a la reacción gubernamental. Sin embargo, ello no quita de criticar la irresponsabilidad criminal de los gobiernos estatales y locales siempre preocupados por sus populismos y poco por la infraestructura que prevenga ó minimice las consecuencias, de un huracán ó sismo.

 

Los estados reciben cantidades millonarias en recursos que son asignados en su mayoría a gasto corriente y a los diversos programas populistas que ofrecen. Un dato escalofriante. De acuerdo a datos duros, existen alrededor de 4 millones de burócratas en el gobierno federal. Es tal la opacidad de los números en los gobiernos estatales que no sabemos bien a bien cuántos burócratas tienen. No obstante, hay expertos (hay estudios académicos serios del Instituto Nacional de Administración Pública) que calculan que la burocracia estatal ronda entre los 3 y 4 millones de burócratas. Es decir, podemos hablar de un ejército de burócratas que bien podría replicar a la burocracia federal.

 

Basta por ejemplo con observar cómo en los gobiernos estatales existen burocracias que replican a la burocracia federal como institutos de cultura, de promoción de exportaciones, de “promoción” de la ciencia, de apoyo al desarrollo económico, de apoyo a grupos “vulnerables” como mujeres, niños e indígenas, de la juventud, de la senectud, de la educación, de la salud, de la ecología y así un larguísimo etcétera.

 

Obvio, los gobiernos estatales con su irresponsabilidad presupuestal, con su excesiva dependencia de los recursos federales, con su total opacidad en el ejercicio del gasto, con la total ausencia de sanciones para los abusadores, se han convertido en un pulpo burocrático que simple y sencillamente no está al servicio de la sociedad en tiempos de paz, de guerra ó de desastres naturales.

 

Se celebraron hace poco elecciones para diversas gubernaturas en México. Ya hay especialistas que celebran que el PRI no haya ganado en tres estados sobre todo cuando esperaban carro completo. No comparto dicho optimismo y la razón es simple: más allá de los colores que gobiernen (por cierto, sigo desconcertado con esas alianzas PAN-PRD en donde se alza con la victoria no un panista ó perredista, sino un expriísta; verdadera locura electoral, muy, muy a la mexicana) los incentivos para asignar los recursos públicos en los gobiernos estatales y locales son perversos. Se premia la opacidad, la mediocridad, el chambismo y el populismo. Eso sí, a la hora de los desastres naturales, todo mundo exige que los gobiernos respondan. Contradicción total, producto de la oligarquía política y de la poca educación política y cultura económica de los electores.

 

Si no hay una seria reforma en la administración pública en todos sus niveles, en la asignación presupuestal (es preciso e imperante generalizar el esquema de base cero ó alguno similar que no premie al burócrata más gastalón, sino lo contrario), en la responsabilidad fiscal de los gobiernos estatales y municipales, en sanciones y mecanismos de monitoreo y transparencia del gasto público, y sobre todo, en el uso de los recursos públicos de los partidos políticos, acabaremos en los mismos abusos de siempre, en los mismos gandallas y caciques de siempre.

 

No basta con las reformas estructurales (incluyo una súper necesaria reforma política que cambie los actuales incentivos perversos con que operan los políticos; vamos, si ésta no se da, jamás saldrá una seria reforma laboral ó energética), se requiere hoy más que nunca de una revolución en la asignación de recursos de la administración pública general. 

 

No revisar la opacidad con que se ejercen los recursos, especialmente en los gobiernos estatales, nos hará ver a más fideles herreras, a más pejes. Eso sí, los desastres naturales como siempre los exhibirán.

 

Como siempre, lo siento por la gente inocente que siempre pagará los platos rotos producto de los excesos de los políticos corruptos, ó más bien, producto de un marco jurídico e institucional ausente que nos vacune contra los excesos de políticos y burócratas.

 

Es tiempo de exigir un cambio.

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