Jaque Mate
Sep 2, 2010
Sergio Sarmiento

Escalada de violencia

Quizá lo más triste es que todo parece indicar que las cosas van a empeorar bastante más antes de que empiecen a mejorar.

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Parece que cada ejecución es peor que la anterior. Los criminales encuentran formas de aumentar cada vez más el horror de sus acciones. Si las matanzas y las narcofosas de las últimas semanas escandalizaron al país, el hallazgo de 72 cadáveres –58 hombres y 14 mujeres—en un rancho de Tamaulipas ha rebasado todo lo que parecía razonable. Lo peor de todo es que sabemos, por la manera en que han ido evolucionando las cosas, que en unos cuantos días o semanas nos habremos de enfrentar a otro horror todavía peor.

Los 72 ejecutados de Tamaulipas eran indocumentados que buscaban llegar a los Estados Unidos. Los reportes que han ofrecido los sobrevivientes señalan que un grupo de sicarios, aparentemente del grupo de los Zetas, primero les exigió dinero y luego buscó reclutarlos para sus filas. Al negarse los migrantes, los sicarios los ataron y vendaron para después matarlos.

Esta masacre demuestra ya una absoluta insensibilidad de los sicarios que operan en Tamaulipas y en otras regiones del país. Si bien nuestro país ha vivido actos de violencia desde hace muchos años, ésta por lo menos parecía tener alguna lógica razonable. Los sicarios mataban a los enemigos que rivalizaban con ellos en el control de un territorio. Pero no agredían a la sociedad civil. Durante mucho tiempo, de hecho, los familiares no eran atacados. Los propios criminales tenían un código de ética que les hacía dejar en paz a las esposas y los hijos de sus enemigos.

Las barreras han ido cayendo poco a poco. En estos últimos meses hemos visto cómo se llevan a cabo matanzas de personas simplemente porque se encontraban en un bar o restaurante que pertenecía a alguien identificado con un grupo contrario. La matanza de los indocumentados en Tamaulipas, sin embargo, rebasa los límites de la crueldad que uno habría pensado posible.

Es difícil saber en estos momentos hasta dónde podemos llegar en esta escalada de violencia. Cada poco tiempo nos enfrentamos a un acto tan sanguinario que rompe todos los precedentes, pero sólo para que un poco más adelante se registre una matanza todavía peor.

De alguna manera el propio éxito que el gobierno ha tenido en la detención y aniquilamiento de algunos de los grandes capos de la delincuencia organizada ha servido para acentuar la espiral de violencia. Los anteriores líderes de las bandas tenían un control casi absoluto sobre sus territorios. Cuando han sido detenidos o muertos, sin embargo, han surgido batallas cada vez más sanguinarias entre los aspirantes a controlar el territorio.

El Estado mexicano está en un callejón sin salida. No puede darse el lujo de dejar operar a los capos tradicionales: los Beltrán Leyva, los Arellano Félix, los Nacho Coroneles. Pero cada golpe en contra de ellos acentúa la violencia y la generaliza. Por eso hoy afecta cada vez más a los ciudadanos comunes y corrientes que no tienen nada que ver con el crimen organizado.

Quizá lo más triste es que todo parece indicar que las cosas van a empeorar bastante más antes de que empiecen a mejorar.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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