MIÉRCOLES, 8 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Algunos aciertos y desaciertos de la historia mexicana

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Santos Mercado







“En el bicentenario, más que festejar, hace falta una mirada crítica para saber qué estuvo bien y qué nos falló, porque es claro que algo falló y lo denuncian nuestros atrasos y miserias. ”


El bicentenario nos recuerda dos eventos importantes que han dejado profundas heridas a nuestra nación: la independencia de México respecto de España y la Revolución Mexicana. Pero más que festejar, hace falta una mirada crítica para saber qué estuvo bien y qué nos falló, porque es claro que algo falló y lo denuncian nuestros atrasos y miserias.

Antes de la llegada de los españoles América estaba poblada por diversas tribus. Algunas se desarrollaron de forma admirable. El descubrimiento de la agricultura y de la propiedad privada dio lugar a los asentamientos humanos. Es que en la conciencia de la gente  permeó la idea de que quien cultivara maíz o frijol tenía derecho de sentirse dueño y por tanto podía intercambiar por otros productos que satisficieran sus necesidades. Algunos hombres se dedicaron a la caza salvaje. Parte de la carne la usaban para su propio consumo y otra parte para cambiarla por frijol, maíz o sal, así surge el mercado. La diferencia de talentos e intereses hace que algunos vivan mejor que otros, acumulan y atraen las envidias de quien no puede lograr el mismo resultado. Los conflictos de quien no respeta la propiedad, de quienes no cumplen con los acuerdos hacen necesaria una autoridad para que haga justicia. A veces se escoge a los más viejos y respetables, pero otros piensan que ellos la pueden hacer mejor.  La lucha por el poder genera conflictos internos que terminan por deshacer la colectividad, surgen las migraciones o entran en guerras crueles, cruentas e inimaginables.

Pero no solo surgen los conflictos internos, también entre tribus. Todas anhelan la prosperidad pero no aciertan cómo conseguirla. Algunas tribus toman el camino fácil de maquinar el robo, el despojo y la aniquilación del vecino (fascismo autóctono).

La llegada de los españoles coincide con una serie de conflictos tribales absurdos e irresolubles y de ello muy bien se dan cuenta los conquistadores.

En 1492, año de la llegada de Cristóbal Colón a América, España, la madre tierra, poseía la imagen de una gran economía, era la potencia mundial. La cultura, los descubrimientos, la ciencia se había concentrado en esa pequeña península, gracias a que España accidentalmente había dejado florecer el comercio y la propiedad privada tomaba carta real.

Surgía en la Escuela de Salamanca la teoría económica más avanzada y que sentaría las bases de la Escuela Austriaca de Economía. Pero también convivían las viejas ideas de que un país sería más fuerte si su gobierno acumulaba grandes cantidades de oro. De hecho, esta última idea fue la que la Corona Española fomentó en los conquistadores y colonizadores de América.

Después de declarar a América como la propiedad de España, concede privilegios y concesiones a los colonizadores españoles a cambio de que envíen oro a los reyes católicos “para garantizar la grandeza de España” una idea ridícula que sentó las bases del fracaso.

Todo criollo que quisiera prosperar en el nuevo mundo, tenía que pagar la cuota en oro. La minería llegó a su apogeo con trabajo forzado para cumplir con los caprichos del poder ibérico. Pudieron haber extendido la idea del trabajo asalariado libre y voluntario, pero poco entendían la importancia del precio del trabajo.

En el afán de acumular oro en las arcas de la Corona Española, se impusieron impuestos a todos los productos que salían de los puertos de España con destino a América, impuestos a los productos que Américas exportaba, restricciones para que los productos de América solo se transportaran en navíos de España. Impuestos a la producción de tabaco, de la morera, del traslado de bienes. De todos lados quería la Corona obtener riquezas para las arcas reales.

Por supuesto que esas políticas fiscales lastimaban no solo a los peninsulares, sino a todos los que se dedicaban a las actividades productivas y de comercio. Los aranceles que impusieron a los comerciantes ingleses, holandeses, chinos y portugueses eran insultantes. A los chinos les prohibieron la entrada a América. La animadversión contra la Corona Española creció como nunca. Realmente la Corona Española mostraba cara de abuso e intolerancia haciendo la vida insoportable.

Pero en el afán de corregir, surgieron ideas muy  equivocadas. Miguel Hidalgo que era un español criollo, es decir, de padres españoles pero que nació en América, pensaba que eliminando a los españoles peninsulares políticos o potentados se acabaría el problema. Bajo el grito de “mueran los gachupines” azuzó a la gente para decapitar a los peninsulares que ya habían hecho fortuna en América y aún aquellos que apenas eran representantes políticos de baja categoría. Muchos prefirieron salir aún cuando perdían todo su patrimonio. En casi toda América abrazaron esta idea locuaz: San Martín, Simón Bolívar entre otros.

¿Realmente era necesario y suficiente con correr a los españoles y acabar con el control de la Corona? Para comprender la torpeza de este planteamiento podríamos reflexionarla si la traducimos al siglo XXI. ¿Qué pasaría si en estos momentos corremos a todos los gringos? ¿México saldría beneficiado? Sé que algunos dirán que sí, sin siquiera pensar o proponer un mejor estado de cosas, pero sospecho que en lugar de mejorar, terminaríamos peor.

Bueno, pues esos fueron los resultados de la Guerra de Independencia: Destruimos la estructura productiva sin generar algo mejor y todavía no logramos levantarnos de ese error. Y es que quienes encabezaron dicha guerra no tenían ideas liberales qué promover. Acabaron con los tiranos de ultramar y solo se les ocurrió tomar el poder y ser los nuevos tiranos nacionales del pueblo mexicano, pensaban que por ser mexicanos darían mejor futuro a la sociedad. Las disputas por el poder aparecieron con toda su fuerza y solo la llegada de Porfirio Díaz trajo la tranquilidad a fin de que México se desarrollara durante un largo período de casi tres décadas. El secreto de Díaz era aplicar liberalismo económico.

Pero los errores de Díaz (no difundir ampliamente las ideas liberales, crear escuelas públicas y no preocuparse por meter a todos los ciudadanos al proceso de mercado) fueron aprovechados por los nuevos mesías que ofrecían bienestar a cambio de que se dejara todo el poder en sus manos. Eran los socialistas marxistas que estallaron la revolución mexicana. Y lograron su propósito, pues concentraron el poder en un partido político fascista (Partido Revolucionario Institucional) que lo mantuvo por más de siete décadas. Era un socialismo muy a la mexicana donde no se eliminaba del todo a los empresarios y se toleraba cierto funcionamiento del mercado con tal de que pagara impuestos a los gobernantes. El PRI admitió que los negocios nacionales y extranjeros hicieran fortunas siempre y cuando compartieran con el poder constituido y estuvieran bajo el control del estado. Pero los negocios importantes se los arrogó el Estado: petróleo, aguas, tierras, electricidad, educación y salud entre otros. Para la iniciativa privada se dejaban los ramos menos interesantes: como panaderías, calzados, textiles, tabaco y peluquerías entre otros. El expolio del partido priísta (socialista) tuvo cierto éxito, pues aún con el pequeño margen que le dejaban al mercado, éste logró, con su dinamismo natural, colocar a México en un lugar importante de la economía mundial.

La experiencia independentista y revolucionaria de México así como las de otros países ya podría dar luz de lo que se debe y lo que no se debe hacer en una sociedad:

  1. Poco o nada positivo se gana expulsando de un país a gente de otras nacionalidades. Los romanos perdieron al expulsar a los etruscos; México perdió al expulsar a los españoles; India perdió al expulsar a los ingleses y someterse a las ideas de Mahatma Gandhi; y también Estados Unidos pierde al expulsar a los mexicanos. Se tiene que comprender que los migrantes conforman una fuerza progresista muy importante.
  2. En lugar de expulsar a gente de otras nacionalidades, lo que se debe de hacer es fomentar que todos, nacionales y extranjeros, respeten el orden capitalista, es decir, la economía de mercado. De esta manera todos se benefician.
  3. Nada gana la gente común con eliminar el poder del tirano externo (independencia) si luego se ve sometido a los tiranos nacionales. Más bien, se trata de que el poder político, sea de ultramar o autóctona, se limite a cuidar que funcionen bien los mercados, que se proteja la propiedad privada y que se fomente el desarrollo del capitalismo. El ejemplo más cruel es Cuba, donde supuestamente se quitaron el “yugo del imperialismo norteamericano” pero lo cambiaron por otro yugo peor, que es el del comunista  Fidel Castro.

En fin, el bicentenario debería ser una buena oportunidad para hacer un balance de nuestras buenas y malas acciones. Abandonar las malas y fomentar o reforzar aquellas que han servido para el buen desarrollo de México.

• Problemas económicos de México

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