LUNES, 13 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Consecuencias de gravar irresponsablemente al “vicio”

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“En la literatura económica se suele recomendar gravar los bienes cuya demanda sea muy inelástica, es decir, bienes que ante un aumento de precios (resultado del incremento de impuestos), registran una muy menor disminución en el consumo, por lo que la pérdida de bienestar es mínima. Dicha situación se suele dar con el llamado “vicio” como es el consumo de alcohol y tabaco. Sin embargo, muchas de estas medidas ignoran el largo plazo y la aparición de mercados negros.”


En la literatura económica se suele recomendar gravar los bienes cuya demanda sea muy inelástica, es decir, bienes que ante un aumento de precios (resultado del incremento de impuestos), registran una muy menor disminución en el consumo, por lo que la pérdida de bienestar es mínima. Dicha situación se suele dar con el llamado “vicio” como es el consumo de alcohol y tabaco. Sin embargo, muchas de estas medidas ignoran el largo plazo y la aparición de mercados negros.

En el largo plazo los consumidores tienden a reducir los valores de su inelástica demanda. Y la razón es que el tiempo les permite investigar y localizar a productos sustitutos más baratos. Así, una demanda que en el corto plazo es inelástica, en el largo plazo puede volverse elástica (cantidad demandada de un producto que se reduce mucho al subir los precios). Si el legislador ignora estos efectos, y sólo piensa linealmente, se encontrará que en vez de que se recauden más impuestos, producto del alza impositiva, sorprendentemente la recaudación puede caer espectacularmente. Esto es muy notorio –y ya ha pasado en México- cuando se imponen impuestos sin ton ni son sobre bienes cuya demanda es muy elástica, como es el caso de los bienes de lujo.

En el caso de los bienes como el tabaco, a medida que aumentan los impuestos sobre éstos, aparece contrabando de cigarros con precios más baratos, a veces proveniente de Asia. Ó peor aún, aparecen cigarros piratas baratos con qué sabe qué contenido. Lo peor se da en el alcohol, en donde el exceso de gravamen provoca mercado negro de bebidas alcohólicas adulteradas y en donde el sólo el consumo de las mismas puede llevar a la muerte, como también ya ha pasado -y pasa- en México.

La cerveza es una de las pocas bebidas populares que no presenta adulteración, y la razón es simple, aunque sobre dicha bebida pesan altos gravámenes, su precio relativamente popular –como el caso del tabaco- no da incentivos a la adulteración, pues el precio sería muy similar. Pero, por ahí no dudo que luego salga alguno que otro orate legislador que mañana proponga un alza de golpe de, se me ocurre, 20 pesos (a los orates habría que preguntarles de dónde sacan sus cálculos para proponer alzas impositivas sobre el “vicio” de 10 ó 14 pesos; con ese trivial argumento, ¿por qué no 40, 50 ó 100 pesos? Brutos que son). Las consecuencias serían de baja recaudación, desempleo en el sector gravado -y luego en otros sectores- y la peligrosa aparición de mercados negros.

Así las cosas, es muy delicado proponer alzas espectaculares de impuestos sobre determinados bienes relacionados con el llamado “vicio.” De ahí que es una soberbia tontería pedir legalización de las drogas y exigir que se impongan impuestos altísimos sobre las mismas. Así, de nada serviría la legalización, los mercados negros seguirían imponiéndose.

Además del concepto de elasticidad que se pasan por alto la mayoría de las veces los legisladores, hay otros efectos perniciosos que también se ignoran.

Con mucha frecuencia los legisladores (y hasta uno que otro economista distraído) a la hora de proponer aumentos de impuestos olvidan analizar antes los efectos del alza impositiva sobre el uso y las fuentes de los ingresos de las personas. Es muy fácil para algunos legisladores proponer impuestos de 14 ó 10 pesos para el consumo de tabaco ó de alcohol e ignorar el efecto sobre el uso y fuentes de los ingresos.

Por ejemplo, cuando se impone un impuesto sobre el alcohol, el alza de precio que experimentará (en función de su elasticidad de demanda) perjudicará en primer lugar a los grandes consumidores del mismo (efecto uso del ingreso). Así, el legislador se siente orgulloso de haber contribuido a la noble causa de reducción del consumo de un “vicio.” Se olvida que ese acto produce pérdida de bienestar en otros sectores económicos. Y la razón es simple, se olvida el efecto de los impuestos sobre la fuente de los ingresos de quienes producen alcohol y toda la cadena productiva indirecta que se relaciona con la elaboración del mismo. Con menores recursos, el sector de tabaco y alcohol demandarán menos consumo de insumos como papel, vidrio, envolturas y etiquetas, y las distintas materias primas complejas involucradas en la producción de tabaco y alcohol.

Resultado del alza de impuestos al alcohol, por ejemplo, una persona empleada en la producción de vidrio, tal vez ni se imagina que puede perder la chamba resultado de las ocurrencias de un legislador para con el “vicio.”

Los modelos de equilibrio general que usan los economistas son muy útiles para analizar el efecto impositivo no sólo sobre un mercado en particular, sino en otros mercados simultáneamente. El legislador debería enterarse.

El alza de impuestos sobre alcohol ó tabaco producen disminución del consumo de los mismos, lo que da pie a dos efectos: menor producción, por vender menos, y efecto sustitución, que se da por el lado de los productores al dejar de utilizar menos intensamente factores productivos como capital y trabajo. Así las cosas, el desempleo de personas y maquinaria empeora el bienestar de quienes están ocupados en sectores gravados del “vicio,” y peor aún, el bienestar de otros sectores también se ve afectado, pues resentirán menores compras como resultado del desempleo y la baja de los ingresos de las personas empleadas en los sectores de alcohol ó tabaco.

Un poco más de humildad, señores legisladores, a la hora de sentirse ángeles de la guarda y proponer alzas impositivas ridículas que terminan afectando el bienestar de otros mexicanos ajenos -aparentemente- a los sectores del “vicio.”

• Cultura económica • Impuestos

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