MARTES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Populismo en Estados Unidos

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• ¿Responsabilidad social?

Arturo Damm
• IED, preocupante

Luis Pazos
• Más impuestos menos crecimiento ¡lógico!

Arturo Damm
• Desaceleración, más muestras

Ricardo Valenzuela
• ¿Quiénes controlan los gobiernos? (I)

Isaac Katz
• ¿Qué falló? (I)

Manuel Suárez Mier







“Es fascinante analizar la historia del populismo en EU que se remonta a sus orígenes más remotos y que estuvo cerca de volverse el credo dominante en su pensamiento político, en la elaboración de sus documentos fundacionales y en el diseño de sus instituciones y políticas públicas.”


Untitled Document

Me preguntan varios de mis queridos lectores si el populismo nunca invadió a los Estados Unidos y si lo hizo cómo se explica que esta corriente ideológico-política no haya florecido en nuestro vecino del norte con un vigor comparable al que ha tenido en América Latina.

Es fascinante analizar la historia del populismo en EU que se remonta a sus orígenes más remotos y que estuvo cerca de volverse el credo dominante en su pensamiento político, en la elaboración de sus documentos fundacionales y en el diseño de sus instituciones y políticas públicas.

Thomas Jefferson, tercer presidente de EU (1800-1808) y considerado como uno de los fundadores de su país, tenía una visión política de su futuro que era, en esencia, populista y pastoral. De haber prevalecido esas ideas, no se habría creado el gobierno federal, pieza esencial de su éxito como nación.

Jefferson, que nunca entendió de economía o de la importancia de fundar un marco institucional propicio para el crecimiento, se opuso vigorosamente a las iniciativas financieras para crear el banco central de los Estados Unidos y la asunción de las deudas de las trece provincias por parte del recién creado gobierno federal, esenciales para dotar de un buen crédito a su naciente país.

La razón por la que al fin accedió a que la delegación del estado de Virginia en el Congreso Federal votara a favor de las iniciativas citadas, propuestas por el primer Secretario de Hacienda, Alexander Hamilton, fue a cambio de que la capital de la nueva nación se construyera en su estado, donde hoy se ubica.

Paradójicamente, Jefferson no destruyó las instituciones creadas por Hamilton una vez que llegó al poder, pues se dio cuenta de la importancia que tenía para el éxito de su administración contar con un crédito público sólido y un banco central que apoyara sus proyectos, como la compra de la Luisiana.

Pero su coterráneo y sucesor, James Madison (1808-16), no propuso renovar la autorización del primer Banco de los Estados Unidos y se quedó sin poderoso instrumento financiero que es un banco central, justamente cuando más lo necesitaba para costear la guerra contra Inglaterra en 1812.

Madison enmendó su error y propuso la creación del Segundo Banco de los EU, lo que fue aprobado por el Congreso y permitió que la economía siguiera su buen desempeño sin demasiados sobresaltos, situación que no duraría mucho pues en 1829 el general Andrew Jackson, un populista radical, llegó a la Presidencia con el compromiso de acabar en definitiva con el banco central.

La revocación del Segundo Banco de los EU y el encargo de sus depósitos y funciones crediticias y regulatorias en pequeños bancos estatales que carecían de la capacidad y de la supervisión para actuar con responsabilidad, generó un frenesí especulativo que, curiosamente, era lo que Jackson pretendía evitar, y que culminaría en una grave crisis financiera y en una profunda recesión.

Al desaparecer el banco central se generó un aumento extraordinario en la cantidad de dinero en circulación y en el crédito otorgado por los “bancos consentidos,” como la sabiduría popular los calificó entonces, lo que a su vez creó una burbuja especulativa en el sector de bienes raíces.

Al percatarse el Presidente Jackson de las graves e imprevistas consecuencias especulativas de sus acciones, no se le ocurrió nada mejor que echarle gasolina al fuego al decretar, sin consultar con el Congreso, que en el futuro las ventas de terrenos sólo se podrían realizar cuando el pago se efectuara en oro o plata.

Esta acción reventó abruptamente la burbuja especulativa, lo que llevó a la quiebra a muchos bancos que tenían como garantía de buena parte de su cartera préstamos hipotecarios que se volvieron impagables. Esto agravó la restricción del crédito en un círculo vicioso no muy distinto al que acaba de asolar a la economía de EU, aunque en este caso las causas fueron otras.

Las políticas populistas seguidas por el Presidente Jackson, que incluyeron la disolución del banco central, abrieron la puerta a un largo período de ciclos económicos de marcada inestabilidad, hasta la creación del tercer banco central, esta vez bautizado como el Sistema de la Reserva Federal, en 1913.

La semana próxima seguiré con este relato del populismo en los Estados Unidos.

• Populismo • Estados Unidos

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus