MARTES, 21 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Populismo en Estados Unidos (II)

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Un estimable lector me escribió desde el Cono Sur de nuestro continente para expresar su gran interés por el relato que inicié sobre el populismo en EU, pero cuestionó que, lo que yo caractericé como ese temible fenómeno en nuestro vecino del norte, realmente lo fuera.”


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Un estimable lector me escribió desde el Cono Sur de nuestro continente para expresar su gran interés por el relato que inicié sobre el populismo en EU, pero cuestionó que, lo que yo caractericé como ese temible fenómeno en nuestro vecino del norte, realmente lo fuera.

Ello se puede deber a que en el apretado espacio de mi columna, me concentré en unas cuantas pinceladas que a mi juicio componen el populismo en las propuestas de política monetaria y banca central de prominentes líderes de EU, como Thomas Jefferson y Andrew Jackson, y no en el resto de sus conductas en esa materia.

Como escribe Sebastián Edwards en el excelente libro que dio origen a estas disquisiciones, “las experiencias populistas van más allá de la retórica: entrañan políticas populistas,” por lo que omití extenderme a otros aspectos de esta corriente política de los personajes aludidos de la historia estadounidense.

Quizá un par de pinceladas más logren persuadir a mi escéptico lector de la innegable estirpe populista de los dignatarios citados. Jefferson, fanático admirador de los sanguinarios líderes de la Revolución Francesa, afirmó que “una pequeña rebelión de vez en cuando es algo bueno y necesario en política” y procedió a violar flagrantemente la Constitución que había escrito al comprar la Luisiana ilegalmente.

Jackson, que estuvo a punto de morir atropellado por la turbamulta ebria a la que convidó a la Casa Blanca el día de su toma de posesión, gobernó dictatorialmente ocho años entre fieros discursos que apelaban directamente a las masas y evitaban puntualmente el concurso del Congreso y del Poder Judicial en decisiones esenciales.

El populismo siguió dominando la política de EU, destacando como su campeón el Presidente esclavista James Polk (1845-49), discípulo de Jackson, que intentó cerrar el Colegio Electoral, esencial en una auténtica república federal, e instigó la injusta guerra con México para continuar la expansión territorial iniciada por Jefferson.

Durante casi medio siglo, el populismo se eclipsó pues su agenda era contraria a la de los vencedores de una guerra civil que al fin terminó con la nefasta esclavitud, flagrante contradicción de la esencia constitucional de EU, sólo para volver con gran vigor con la aparición de William Jennings Bryan en el escenario político.

Bryan, uno de los más furibundos populistas en la historia de EU, fue candidato a la Presidencia por los partidos Demócrata y Populista tres veces (1896, 1900 y 1908) teniendo como propuesta principal una política monetaria expansiva que le permitiera a los agricultores borrar sus deudas con los abominados banqueros.

Estados Unidos había regresado al patrón oro en 1879 después de la terrible inflación, que en la Confederación sureña alcanzó niveles de 700% en los primeros dos años de hostilidades, ocurrida a resultas del financiamiento de la guerra civil (1861-65) mediante la impresión de dinero.

La restauración del patrón oro en EU de inmediato estabilizó los precios pero también engendró la profunda fractura entre acreedores y deudores, las grandes ciudades y los agricultores, que en 1896 todavía representaban casi la mitad de la fuerza de trabajo, y que veían en la inflación un gran alivio para sus precarias finanzas.

Bryan, originario de Nebraska, estado en el que aún hoy hay más vacas que gente, condensó este sentimiento en la famosa arenga con la que ganó la postulación presidencial en 1896, que culminó con la siguiente frase:
“…(con el sostén) de todas las masas esforzadas, habremos de enfrentar a quienes apoyan el patrón oro diciéndoles que no deben poner en la sienes de los trabajadores esa corona de espinas. No deben crucificar a la humanidad en una cruz de oro.”

La retórica de lucha de clases de Bryan era complementada por su infatigable apoyo a todas las causas de ingeniería social mediante las que un gobierno pretende alterar de raíz la naturaleza humana, y el individuo pasa a un segundo plano frente a la colectividad, como la prohibición a la producción y venta de bebidas alcohólicas y la adopción de impuestos al ingreso como medida redistributiva de la riqueza.

Por fortuna para Estados Unidos, Bryan perdió las tres elecciones en las que fue postulado como candidato presidencial, pero muchas de sus ideas populistas habrían de colarse en las políticas “progresistas” seguidas por quienes sí llegaron a gobernar ese país, como lo veremos la próxima semana.

• Populismo • Estados Unidos

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