LUNES, 4 DE OCTUBRE DE 2010
Mercados libres e I+D

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“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Godofredo Rivera







“Son los mercados libres los que señalan de manera espontánea las ventajas comparativas y competitivas de las naciones en materia científica, nunca el dirigismo estatal. Son los mercados libres los que generan y hacen de la I+D un circulo virtuoso.”


En una reciente declaración, el Dr. René Drucker, famoso científico mexicano en el área de neurociencias, manifestó su decepción con el organismo gubernamental encargado de promover proyectos científicos, el CONACYT. El sabio se lamentaba sorprendido de cómo era posible que CONACYT hubiera asignado recursos millonarios a la empresa de aviación Mexicana (hoy en quiebra), cosa que según Drucker, nada tenía que ver con la generación de conocimientos científicos. Vaya bisoñería Doctor. Desde hace años CONACYT destina recursos a proyectos poco claros en materia científica. Tal es el caso, y hace tiempo escribimos al respecto, de subsidios multimillonarios que otorga este organismo gubernamental a distintas trasnacionales mexicanas y extranjeras. El CONACYT es un verdadero negocio jugoso para burócratas y distintos dirigentes del sector privado. Lo de ciencia es el disfraz perfecto.

Muchos científicos en México (incluido el propio Drucker) tienen una inclinación estatólatra cuando se habla de ciencia. Erróneamente creen que es el Estado desde donde debe hacerse la planeación científica. Y de acuerdo a esta posición, para el desarrollo de la ciencia son vitales las universidades públicas y los organismos burocráticos como el CONACYT.

En la literatura económica contemporánea lamentablemente se subraya de manera obsesiva la importancia de que los países asignen recursos de manera creciente a la investigación científica (I+D). Y sí, es cierto, ningún economista competente duda que hoy día sea fundamental la llamada economía del conocimiento para el despegue tecnológico y económico de cualquier sociedad. Pero por desgracia, la mayoría de la literatura del crecimiento económico endógeno, no deja claro el papel del gobierno y del sector privado. De manera arbitraria se engloba cualquier inversión en educación e investigación y se le correlaciona positivamente con el crecimiento del PIB. Nada más equivocado.

Y esta laguna deja el campo abierto a los estatistas, que exigen que sea el gobierno el que al menos invierta 1% del PIB en investigación científica, en engordar más y más los presupuestos de las universidades estatales, en construir más y más universidades públicas y por supuesto, en crear más y más burocracia dedicada a planear y dirigir las inversiones en ciencia y desarrollo (inconcebible la pobre producción de patentes de México a pesar de la existencia de más de un centenar de institutos estatales de investigación: que si el Instituto del Petróleo, que si el instituto del Cáncer, que si el Instituto de Energía Nuclear, que si el Instituto de Biotecnología, que si el Instituto del Transporte, y un larguísimo etcétera de burocracia improductiva científica).

Y no faltan por supuesto los diputadetes que quisieran que México cree su propia agencia espacial (ya aprobado) y su propio Sillicon Valley gubernamental (se basan en la experiencia californiana; olvidan que ese modelo de desarrollo de tecnología es privado; olvidan que aunque dicho modelo es un ejemplo a nivel mundial, no es lo que principalmente genera riqueza en California, cuya economía descansa principalmente en el turismo, cosa que ningún burócrata planeó).

El progreso tecnológico no descansa en la intervención gubernamental. Si fuera cierto, los países socialistas hubieran dominado el desarrollo tecnológico. La Unión Soviética sólo compitió en tecnología militar y parte de ello se debió al espionaje y robo de patentes de los países avanzados de occidente.

El progreso tecnológico descansa en la libertad económica y la calidad institucional que protege los derechos privados de propiedad (en ello sí es fundamental el gobierno).

Ningún gobierno ha creado el rayo láser, el CD, la computadora, el internet, el automóvil, el refrigerador, el horno de microondas, la telefonía, los aviones, descubierto la electricidad, el teléfono celular, una vacuna, el ipod, el ipad y todo tipo de invención producto del ingenio y la libertad de los particulares. Quién olvida en EU al Mago de Menlo Park, el empresario y científico Edison, ó al también empresario, científico y fundador de EU Benjamin Franklin. Hoy es el turno de los Gates y Jobs.

Antes de que en EU se crearan las grandes universidades privadas como el MIT, Harvard ó Standford, hubo un ambiente de total libertad económica que creó una economía impresionante en minería, petróleo, ferrocarriles, acero y bancos. Con una economía así, fueron los particulares los que iniciaron la creación de grandes universidades que con el tiempo se convirtieron en grandes centros académicos que por su alta paga atraían a los mejores científicos formados en las universidades estatales europeas. Entre el siglo XIX y el inicio del XX, la ciencia era dominada por los europeos. Nadie pensaba que pocos años después sería EU el país que dominaría el desarrollo tecnológico y ello se traduciría en el lugar de la tierra que más premios Nobel lograra, lo que prosigue en la actualidad.

I+D son fundamentales para el crecimiento económico, pero surge de manera espontánea, producto de la libertad económica (libertad de trabajar, producir, consumir, ahorrar, invertir y emprender) y de la protección sólida de los derechos privados de propiedad.

Japón se convirtió en un país innovador en materia automotriz, pero no producto de la burocracia estatal, que con subsidios y proteccionismo le apostaron a la industria del acero, a la construcción de barcos y al desarrollo aeronáutico. Lo mismo en Corea del Sur. Las industrias que hoy día generan una mayor I+D son las surgidas espontáneamente, producto de la libertad, no del dirigismo gubernamental como erróneamente predican los desarrollistas y socialistas.

I+D surgen en países cuyos gobierno apuestan por el capitalismo, por el libre emprendimiento individual, no por el estatismo y el dirigismo.

EU, a diferencia de América Latina y Europa, es en donde los profesores investigadores de las universidades ganan más y por tanto generan más I+D en combinación con los particulares; nada de CONACYT y bancos de desarrollo (ahora Obama quiere copiar al socialismo latinoamericano de paternalismo con las pequeñas y medianas empresas y le apuesta a institutos estatales de ciencia, qué tristeza). La competencia por atraer a los mejores científicos de todo el mundo hizo a EU ser la primera potencia económica y tecnológica. Con Obama, con las crecientes leyes que obstaculizan que más científicos extranjeros se queden a trabajar, tal vez EU ya no domine tecnológicamente lo que sigue del siglo XXI.

En México erróneamente creemos que el desarrollo científico pleno consiste en dar más dinero a burocracias académicas que no compiten por atraer recursos y sólo estiran la mano cada año, que arbitrariamente se les homologa en materia salarial en el Sistema Nacional de Investigadores, en donde no se premia la excelencia sino la antigüedad y los contactos, y en crear más y más institutos burocráticos de investigación.

No, si los mexicanos queremos avanzar y tener un estado de excelencia en materia de I+D, no es apostando al dirigismo estatal científico, sino a tener una mayor libertad económica. Para ello sería más útil una reforma laboral y educativa que forme a mexicanos más capaces y promueva una mayor movilidad laboral (que no sea costoso despedir) lo que incide en una mejor adaptación y productividad de los trabajadores.

Por ejemplo, si México permitiera libre entrada de inversiones privadas en petroquímica, se convertiría por ventaja comparativa en una potencia de patentes en el sector petroquímico. Así lo hizo Brasil en materia petrolera, y con distintas asociaciones privadas hasta ha creado patentes de punta tecnológica en materia de explotación de petróleo. Mientras eso no ocurra en México, seguiremos siendo presa del subdesarrollo de los burócratas que manejan PEMEX. Subsidiar la formación de más y más doctores en ciencias, sin un ambiente de competencia, uno, sólo burocratizará más a los científicos y, dos, los mejores se irán al extranjero como ya ha ocurrido.

Son los mercados libres los que señalan de manera espontánea las ventajas comparativas y competitivas de las naciones en materia científica, nunca el dirigismo estatal. Son los mercados libres los que generan y hacen de la I+D un circulo virtuoso.

Las pruebas son contundentes, como ya lo comprobó el Dr. Drucker.

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