Pesos y contrapesos
Oct 22, 2010
Arturo Damm

Impuestos, ¿Seguridad jurídica?

El gobierno debe ser gobierno, ¡y nada más!, no ángel de la guarda, tampoco hada madrina. ¿La contraparte? Ciudadanos libres, que toman riesgos y asumen responsabilidades.

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Uno de los principales problemas que, en materia tributaria, enfrentamos en México, es la discrecionalidad con la que el gobierno, tanto el Poder Ejecutivo, como el Legislativo, decide qué impuestos cobrar, a qué tasas cobrarlos, y a quién cobrárselos, lo cual quiere decir que la propiedad privada sobre los ingresos y el patrimonio de los contribuyentes no está, ni plenamente reconocida, ni puntualmente definida, ni jurídicamente garantizada, todo lo cual da como resultado la inexistencia, al menos para fines tributarios, del Estado de Derecho. ¡Así nos las gastamos en México!

La total discrecionalidad del gobierno a la hora de decidir qué impuestos cobrar, a qué tasas cobrarlos, y a quién cobrárselos, es inseguridad jurídica, que se traduce en un menor progreso económico del que se lograría si, en vez de inseguridad, se tuviera seguridad, es decir, si en vez de Estado de chueco (el concepto es de Zaid), se tuviera Estado de Derecho, sobre todo en un asunto tan delicado como es el cobro de impuestos, es decir, la obligación impuesta por el recaudador al contribuyente para que le entregue parte del producto de su trabajo.

Ejemplo de la mentada discrecionalidad lo tenemos en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), a los cigarros, mismo que los legisladores, fieles representantes del Estado de chueco, modifican de manera discrecional, tal y como lo acabamos de ver en el marco de las discusiones en torno a la Ley de Ingresos para 2011, en la que, para el año entrante, se contempla un aumento, en el IEPS, de treinta y cinco centavos por cigarro, siete pesos por cajetilla, todo lo cual modifica lo que, hace un año, se pactó en la materia: un aumento gradual,  entre 2010 y 2013, de dos pesos, de IEPS, por cajetilla

¿Que la intención es que los fumadores fumen menos (gobierno ángel de la guarda, que pretende preservarnos de todos los males, comenzando por aquellos que nos hacemos a nosotros mismos: fumar), y que el gobierno cuente con más recursos para atender a los enfermos por obra y gracia del cigarro (gobierno hada madrina, cuya pretensión es concedernos todos los bienes, comenzando por aquellos que necesitamos como consecuencia de nuestras tonterías: medicina para curarnos de los males provocados por la adicción al cigarro)? Puede ser, pero no olvidemos que, de buenas intenciones, está empedrado el camino al infierno.

¿Consecuencias del cambio en las reglas del juego en torno al IEPS a los cigarros? El anuncio, hecho por las tabacaleras, en el sentido de que, ante la inseguridad jurídica en materia tributaria, reconsiderarán sus inversiones en México.

Todas las mercancías, desde las dañinas hasta las saludables, deben estar gravadas con el mismo impuesto, tributos que no deben usarse, ni para inducir determinados comportamientos (dejar de fumar), ni para remediar ciertos males (la enfermedad que, cigarro tras cigarro, se buscó con singular tenacidad). El gobierno debe ser gobierno, ¡y nada más!, no ángel de la guarda, tampoco hada madrina. ¿La contraparte? Ciudadanos libres, que toman riesgos y asumen responsabilidades.



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