VIERNES, 29 DE OCTUBRE DE 2010
Corrupción, ¿racional? (II)

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“La virtud, ¿es un hábito caduco? Tal parece.”


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El arreglo entre un automovilista – violador y un agente de tránsito – castigador resulta, pecuniariamente hablando, racional: se trata de un juego de suma positiva, por el cual ambas partes ganan: el agente de tránsito – castigador le vende al automovilista – violador un castigo más barato, razón por la cual el automovilista – violador lo compra, obteniendo el agente de tránsito – castigador un ingreso que, de pagar el automovilista – violador la multa,  no obtendría. Lo que se tiene es un arreglo que, pecuniariamente, resulta racional, lo cual me lleva a preguntar, ¡malpensado que me he vuelto!, si muchas de esas reglas del juego, cuya violación no supone, estrictamente hablando, la comisión de un delito (darse una vuelta prohibida no viola derechos de terceros: no mata, no secuestra, no mutila, no roba), no han sido redactadas y promulgadas, no para cobrar la multa, sino para generar actos de corrupción, es decir, ingresos mal habidos para los encargados de aplicar el castigo, para los responsables de cobrar la multa.

El arreglo entre un automovilista – violador y un agente de tránsito – castigador resulta, desde el punto de vista pecuniario, racional, ya que se trata de un juego de suma positiva: ambas partes ganan. En ambos casos - automovilista – violador y agente de tránsito – castigador – suponemos la conducta propia del homo economicus, maximizador de la utilidad (el caso del agente de tránsito – castigador), y minimizador del costo (el caso del automovilista – violador). Desde el punto de vista del homo economicus el acto de corrupción en el que consiste la mordida es un acto racional, lo cual plantea la siguiente pregunta: ¿se justifica?

Para responder hay que tener en cuenta, en primer lugar, que el ser humano no es solamente homo economicus, siendo también homo juridicus y homo ethicus, y que la conducta, si ha de ser virtuosa (¿palabra en desuso?), debe tener en cuenta las tres dimensiones: ética, jurídica y económica, siendo que las dos últimas deben subordinarse a la primera. En segundo término hay que tener presente, como atinadamente lo señala cierta propaganda, que el que empieza por lo poco bien puede terminar por lo mucho, es decir, y por seguir con el ejemplo, que agente de tránsito que comienza aceptando mordida a cambio de no levantar una infracción bien puede terminar aceptando mordida a cambio de no delatar a secuestradores, mutiladores y asesinos. La corrupción no es, al menos no de manera principal, una cuestión de grado, siendo, esencialmente, una cuestión de principio, por lo que tan corrupto es alguien en los menos (aceptar mordida a cambio de no levantar una infracción) como en lo más (aceptar mordida a cambio de no delatar a secuestradores, mutiladores y asesinos), aunque las consecuencias sean distintas.

El hecho es que, según el Índice Mundial de Transparencia Internacional, elaborado y publicado por Transparencia Internacional, México ocupa, entre 178 naciones, la posición 98, con una calificación, en escala de 1 a 10, de 3.1, siendo el problema de fondo un problema ético. La virtud, ¿es un hábito caduco? Tal parece.

• Problemas económicos de México • Corrupción

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