MIÉRCOLES, 8 DE DICIEMBRE DE 2010
Educación para una economía sustentable

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Santos Mercado







“La educación en México no está diseñada para construir economías sustentables, más aún, la educación gubernamental privilegia lo contrario. Si no se logra armonizar el sistema de educación pública con el objetivo de crear economías sustentables, la educación se transformará en un gran obstáculo para el desarrollo del país. ”


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La educación en México no está diseñada para construir economías sustentables, más aún, la educación gubernamental privilegia lo contrario. Si no se logra armonizar el sistema de educación pública con el objetivo de crear economías sustentables, la educación se transformará en un gran obstáculo para el desarrollo del país.

Pensar en términos de economías sustentables es un gran paso para construir economías sanas, robustas y con capacidad de vida y desarrollo propio. ¿Qué sería de México si todos estuviéramos atenidos a las remesas que mandan los trabajadores desde el otro lado de la frontera? ¿Qué futuro tendríamos si nuestro sustento, vestido y vivienda sólo dependiera de los recursos petroleros que el gobierno vende en el extranjero? ¿Cuánto me duraría el gusto si mi gasto personal sólo dependiera de vender los terrenos que me heredó el abuelo? Estas son economías no sustentables que sólo duran un corto tiempo: mientras tengan trabajo nuestros braceros, mientras no se acabe el petróleo o mientras venda el último pedazo de tierra, después a sufrir carencias y hambre, por no saber crear economías sustentables.

Las remesas, ciertamente,  podrían crear sistemas sustentables si se transforman en capital para crear un invernadero y que éste se dedique a producir lechugas para el mercado, el petróleo podría generar derivados que tienen demanda para consumidores nacionales y extranjeros, los terrenos podrían alquilarse o usarse para construir casas en renta. Estaríamos creando economías sustentables pues se rompe la dependencia fugaz y se asegura un mejor futuro.

En realidad, la formación de economías sustentables está  ligada con la formación de relaciones económicas sanas con el resto de la sociedad. La economía de un agricultor es sustentable si produce papas, las vende en la Central de Abastos y de allí obtiene recursos para alimentar a su familia, pagar a los trabajadores, pagar los créditos y para ahorrar a fin de hacer futuras inversiones. Cualquier negocio que vive de producir un bien o servicio para el mercado, los clientes son quienes le dan vida y sustentabilidad al pagar el precio de lo que adquieren. 

Fuera del mercado están las economías anti-sustentables. Por ejemplo, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es un organismo externo al mercado. Cierto que ha sobrevivido por muchos años, pero carece de vida propia, pues su vida depende de los subsidios del gobierno, de las cuotas forzosas que se les imponen “por Ley” a los patrones y a las cuotas de los mismos trabajadores, es completamente anti-sustentable.  Podría ser sustentable si únicamente viviera de las cuotas de los trabajadores. Lo mismo pasaba con la Compañía de Luz y Fuerza (CLyF). Se le tenía que inyectar grandes cantidades de dinero para que sobreviviera, era anti-sustentable, por eso su extinción era inevitable.  También las empresas privadas pueden ser anti-sustentables, como ha sido Mexicana de Aviación, y por eso tiene el riesgo de desaparecer.

Todas las escuelas y universidades públicas sobreviven en un ambiente anti-sustentable, pues todas ellas viven del gobierno, no del mercado. Si la UNAM, el IPN o cualquier universidad pública dejaran de recibir los subsidios de gobierno, dejarían de existir en ese momento, pues no están acostumbradas a vivir del mercado, es decir, de los clientes, sino a vivir de los impuestos que salen del contribuyente. El hecho de que las escuelas públicas estén alejadas de los esquemas de sustentabilidad les impide el uso racional de los recursos, son barriles sin fondo.

Desafortunadamente, la educación pública no ha estado interesada en la creación de economías sustentables pues ha estado al margen de esa filosofía.  No necesita preocuparse por ofrecer mejores servicios educativos al cliente, pues no vive de él. Esto hace que las escuelas y universidades públicas duerman en sus laureles, mañana tienen el pan asegurado y pasado también. Por eso mismo es que se ha deteriorado tanto la educación en México y poco o nada ayudan a la creación de economías sustentables. Hay que reformar el sistema educativo.

Para poner en armonía el sistema de educación pública con la idea de formar economías sustentables se puede empezar por introducir un cambio en los flujos de financiamiento a las escuelas. En lugar de que el gobierno dirija los subsidios a la oferta (escuelas), puede dirigirlos hacia la demanda (alumnos) de tal manera que sea el estudiante quien lleve mensualmente y de propia mano, los recursos al plantel. Esta simple triangulación del financiamiento produce resultados maravillosos, como ya se ha probado en Milwaukee, en todo el Estado de Wisconsin, en Suecia y otros lugares. Nótese que sigue siendo un sistema de educación gratuita pues lo que paga el alumno en la escuela de su preferencia, es el cheque (intransferible) que le da el gobierno mediante un banco. El alumno o padre de familia adquiere un gran poder pues si juzga que la escuela no trabaja bien, la puede premiar o castigar cambiando a su hijo a otro plantel. La escuela y  los profesores también se ven beneficiados pues si trabajan bien, tendrán mayor demanda y con ello mayores recursos para incrementar sus sueldos sin que estén atenidos o controlados por el gobierno.

Por supuesto, aquellas escuelas que no se preocupen por mejorar la calidad de sus planes y programas de estudio, el trato a los alumnos, la limpieza del plantel, perderían sustentabilidad y les quedaría la alternativa de mejorar o desaparecer, lo cual es sano para la sociedad.

La razón por la que el sistema de triangulación de los subsidios hace que mejoren sustancialmente las instituciones radica en que se introduce un sistema de mercado competitivo en ese campo. Desde el momento en que la institución ya no recibe subsidios directos del gobierno, la obliga a reformarse para competir mejor y asegurar la subsistencia. En otras palabras, pueden lograr la sustentabilidad necesaria para contagiar a otros de esa filosofía.

Deseable es aplicar el sistema de triangulación del subsidio a todo el país, pero se puede empezar por una entidad federativa, municipio o escuela.

¿Es difícil lograr la sustentabilidad en nuestras escuelas públicas? Quizás, pero no imposible. Basta tener coraje, visión y la suficiente voluntad política.
• Educación / Capital humano • Problemas económicos de México

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