LUNES, 27 DE FEBRERO DE 2006
Leyes obsoletas: La tragedia minera de Pasta de Conchos

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“Que no vengan ahora los marxistas a descubrir la fuente de los accidentes laborales. Es una mentira que el sindicato hubiera sido la salvación de los trabajadores. Más bien fue el catalizador de su desgracia.”


Para cuando este artículo salga publicado, muy probablemente ya tendremos noticias oficiales en torno a los mineros atrapados (y desafortunadamente, muy probablemente muertos) en la mina de carbón Pasta de Conchos, situada en San Juan de Sabinas, Coahuila, y que opera, a título de concesión, el Grupo Minero México

 

Como siempre, cada vez que ocurren tragedias como ésta, sale a relucir la ignorancia, la mala fe y la hipocresía política. Lamentablemente, la mayor parte de las opiniones de los distintos grupos de la sociedad, es desafortunada.

 

En este desfile, sobresalen en primer lugar, la izquierda marxista mexicana, que cada vez que hay un accidente laboral, salen de sus ratoneras y sacan a relucir sus obsoletas teorías sobre la lucha de clases y nos “ilustran” sobre cómo los capitalistas explotan a sus trabajadores, a través de salarios bajos, deficientes medidas de seguridad, etc.

 

Claro, se trata de una tragedia que ocurrió en una empresa privada y eso da mucha leña para el fuego. Lo extraño es que cuando estos accidentes ocurren en el monopolio gubernamental de Pemex, nadie dice nada. Esa es la realidad; la mayor parte de los accidentes laborales ocurren en esta paraestatal (que en cifra de muertos por accidente laboral tiene el récord absoluto), y en esos momentos, nadie habla de cerrar, clausurar ó penalizar ejemplarmente al monopolio petrolero.

 

También salen a relucir las opiniones en torno a que buena parte de los trabajadores atrapados no eran sindicalizados; o sea, el sindicato habría evitado la tragedia otorgando sólidas medidas de seguridad a sus agremiados.

 

En fin, puras tonterías, que no aguantan un análisis riguroso. En primer lugar, sólo los peritajes posteriores darán cuenta de si la empresa falló en sus medidas de seguridad. De confirmase esto, por tratarse de una empresa privada, será más fácil cobrarle una indemnización, a diferencia de cuando el responsable es una empresa paraestatal, como el caso de Pemex.

 

En segundo lugar, esta tragedia sólo pone en evidencia la falta de libertad económica en México y la importancia de realizar reformas estructurales.

 

Las malas condiciones laborales en las que trabajan la mayoría de los mineros de esta región, no tiene que ver con las trasnochadas teorías marxistas. Ya se les olvidó a los seguidores de este sofisma, que en los otrora países comunistas, el principal causante de las tragedias laborales, era el mismísimo Estado, el cuál además ocultaba información y sólo a cuenta gotas, el mundo se enteraba. Recuerden, estimados lectores, el caso de la planta nuclear Chernobyl. Y así hubo varios accidentes en donde los culpables eran los burócratas de los gobiernos socialistas. Así que no vengan los marxistas, con sus argumentos ramplones, a descubrir la fuente de los accidentes laborales.

 

La realidad es que las actividades mineras, petroleras, y muchas en donde están involucrados la explotación de recursos naturales, son peligrosas, y deben ser, en consecuencia, bien remuneradas. En Estados Unidos, país que desea abrazar sin tanto temor el capitalismo, hay propiedad privada sobre los recursos naturales, lo que hace que en estos mercados predomine la competencia (a través de varias empresas compitiendo en los sectores de recursos naturales) por atraer trabajadores, y por tanto, los empleados de estos sectores están bien pagados y amparados por fuertes seguros financieros en caso de muerte por accidente. Pero esto no es así en México.

 

En primer lugar, en México lo que predomina es la figura de la llamada concesión, la cual no otorga la propiedad privada de los recursos naturales, sino sólo permite, durante determinado tiempo, explotar dichos recursos. Pero lo que es peor, muchas de estas concesiones son otorgadas bajo un dudoso esquema de licitación, en donde siempre hay “sospechosismo” (por citar a un clásico) en torno a quienes reciben tales concesiones y los lazos que mantienen estos grupos con el gobierno federal. No queda muchas veces claro si los que reciben tales concesiones son las empresas más capaces, económica y técnicamente para operar tal ó cual concesión. A veces sólo por ser compadres de algún alto funcionario, reciben el monopolio para explotar durante un tiempo los recursos concesionados.

 

Claro, si le preguntamos a la gente de las regiones mineras, la realidad es que prefieren tener a las empresas mineras peligrosas, que les ofrecen aunque sea un empleo mal pagado, pero un trabajo al fin. Claro, la ausencia de libertad económica, hace que las personas de estas regiones no tengan muchas opciones de empleo. En este caso, es mejor un empleo mal pagado que uno que no exista. Esa es nuestra tragedia. Por otro lado, a estas empresas mineras, tampoco se les deja comerciar con el gas que encuentran a la hora de explotar los minerales. Este gas en México abunda en el subsuelo. De hecho, el gas metano, es lo que provocó la Tragedia en Pasta de Conchos. La imposibilidad de poder entubar el gas (constitucionalmente sólo Pemex puede hacerlo) hace que la explotación de cualquier mineral en el subsuelo, sea sumamente peligrosa. El gas de las minas extrae, pero con riesgos, y una vez afuera del subsuelo, se deja escapar a la atmósfera, lo que provoca además contaminación ambiental.

 

Por su parte, la complicada ley laboral mexicana, hace que las empresas busquen subcontratar a sus trabajadores. Se hace demasiado costoso despedir a un sindicalizado. Por otro lado, el sindicato minero de Grupo México, no es más que otro grupo mafioso y corrupto, cuyos líderes viven a expensas de los trabajadores. Es una mentira que el sindicato hubiera sido la salvación de los trabajadores. Más bien fue el catalizador de su desgracia.

 

Es necesario terminar con la figura de la concesión, y darle certidumbre jurídica a las empresas que explotan los recursos naturales. La figura de las concesiones muchas veces crea artificialmente monopolios naturales (son situaciones de mercado en donde no puede haber más de una empresa), como es el caso de la actividad minera en México.

 

La solución para elevar el nivel de vida de las personas que se dedican a actividades peligrosas como la minería, no es ponerle trabas burocráticas a la mineras a través de mayores regulaciones; tampoco lo es “expropiarlas”, pues cuando el gobierno es dueño de las empresas, es el agente al que es más difícil demandar; sólo hay que ver lo complicado y costoso que es ganarle un caso a Pemex; la solución es mayor libertad económica, que permita tener un mercado de recursos naturales más profundo, con mayores participantes, en donde existan derechos de propiedad sobre los recursos naturales, que por supuesto incluya explotar y comercializar libremente el abundante gas del subsuelo mexicano. Asimismo, es necesario cambiar las rígidas leyes laborales, que sólo incentivan a las empresas a contratar a los trabajadores por abajo del agua, empeorando sus condiciones laborales.

 

Sólo incentivando más libertad económica, es que veremos a la gente empleada en sectores como el minero, con mayores salarios y atractivas pólizas de seguridad. Esto ya sucede en EU y es resultado de la mayor libertad económica que existe en ese país, especialmente en el rubro de los recursos naturales.

 

Tragedias como éstas, por desgracia, seguirán ocurriendo, pues el riesgo es inherente en estas actividades. Lo malo es que estos accidentes ocurran enfrente de las leyes obsoletas mexicanas, en donde la prioridad la tienen los sindicatos corruptos y los monopolios del gobierno. Si no cambiamos el régimen de propiedad sobre los recursos naturales, sólo tendremos monopolios del gobierno en estas actividades, ó en el mejor de los casos, empresas privadas con concesión (que operan como monopolios naturales), en donde no predomina la competencia, y sí las magras condiciones laborales para los trabajadores.


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