Foro libre
Ene 20, 2011
Edgar Piña

¿Son sustentables y competitivas las actividades primarias del estado de Sonora? (II)

La agricultura cerealera, particularmente la triguera del Estado de Sonora no es competitiva ni sustentable, por varias razones...

II. La agricultura sonorense

Asentado en un territorio desértico, de una marcada escasez de lluvias, las actividades agrícolas y ganaderas por décadas se han desarrollado a costa de los recursos naturales, bajo políticas de fomento y subsidios bastante generosos, en pleno aprovechamiento de un mercado protegido y una infraestructura hidráulica, carretera y comercial que al paso del tiempo se distingue por su obsolescencia.

Esta expansión o para decirlo de mejor manera, este positivo proceso de crecimiento, perdió su dinamismo en el último tercio del siglo XX y en lo que va de la actual centuria este modelo de explotación se encuentra en el centro de un conflicto entre los sonorenses del sur y los del centro del estado.

El carácter extensivo de la agricultura y la ganadería sonorenses, su alto impacto predatorio y su lentitud o indiferencia ante la innovación y el cambio, tuvieron como resultado una economía generadora de enormes manchones de pobreza urbana, de vigorosos flujos de emigración y de pueblos, ejidos y ranchos estancados en una especie de evasión, ante el enorme potencial productivo que nuestra geografía todavía ofrece.

La agricultura cerealera, particularmente la triguera del Estado de Sonora no es competitiva ni sustentable, por las siguientes razones:

  • Sonora no tiene las ventajas comparativas naturales para competir con las regiones productoras mundiales de trigo en las que funciona una agricultura extensiva, tecnificada, eficiente, de bajos costos y respetuosa del ambiente y los recursos naturales.

  • En las regiones del medio oeste americano y la gran pradera canadiense el cereal se siembra prácticamente sobre el deshielo y el intenso verano de lluvias abundantes alternadas con días soleados, aunado a un modelo de trabajo familiar tecnificado y bien organizado, genera abundantes cosechas a precios competitivos mundialmente.

  • Al otro lado del mundo, en Egipto, por mencionar a otro de los competidores más relevantes en el mercado internacional, la actividad triguera se asienta en las enormes inundaciones del poderoso río Nilo y más recientemente en una infraestructura hidráulica eficiente y sustentable.

  • En la mayoría de los países competidores mundiales del trigo, las políticas públicas se diseñan para aprovechar las ventajas comparativas, construir las ventajas competitivas y asegurar la conservación del ambiente y la naturaleza.

  • En estos países los agricultores y sus organizaciones, trabajan en directa vinculación con universidades y agencias gubernamentales y los esfuerzos de inversión en ciencia y tecnologías son enormes y sistemáticos y siempre dirigidos al desarrollo sostenido y sustentable del sector.

  • Los subsidios gubernamentales, que por supuesto también existen en esos países, están vinculados a la productividad y la innovación y, a diferencia de lo que ocurre en nuestro país, premian el esfuerzo y la competitividad.

  • Una espectacular red carretera, caminera y ferroviaria moderna y eficiente y una infraestructura de distribución y comercialización de primer nivel en estas naciones, permiten colocar la producción cerealera en las fábricas de alimentos y en los hogares de todo el mundo, a precios que compiten ventajosamente con los locales.

  • Aquí en nuestra realidad, el costo de oportunidad del agua utilizada en la agricultura y la ganadería es enorme y no está contabilizado en el modelo de producción agropecuario de Sonora. (Se sabe que para producir un kilogramo de carne de res o de trigo, se utilizan 15, 500 y 1,300 litros de agua, respectivamente, con un precio sombra no contabilizado, el cual si se tomara en cuenta elevaría el precio de estos productos a niveles inalcanzables por el consumidor estándar (De la Madrid C., Enrique 2010))[1].

  • Una insostenible política de subsidios al campo, financiada con recursos fiscales y que va a dar a un grupo reducido de sonorenses, se olvida de los consumidores que somos todos y distorsiona los procesos productivos de otros sectores al tiempo que alienta el estancamiento y la ausencia de innovación y estrategias competitivas dentro del propio sector primario.

  • Además del enorme subsidio implícito en el agua de riego, los agricultores sonorenses de las zonas de bombeo, disfrutan de tarifas eléctricas especiales, que les representa privilegios que no tenemos en los hogares, la industria, el comercio y los servicios.

  • Se estima que este subsidio distorsionante, significa que los sectores secundario y terciario de la economía pagan más de cien veces lo cobrado a la agricultura, aun cuando es la misma electricidad, producida con los mismos costos en las mismas instalaciones y por la misma empresa (Muñoz P., Carlos, 2010)[2].

  • Estimaciones exploratorias de lo anacrónico de los subsidios a la agricultura, efectuadas por el autor sugieren que con los recursos obsequiados anualmente a los productores de trigo por hectáreas sembradas y por tonelada cosechada, las familias sonorenses podrían disponer de harinas en exceso a su consumo medio anual, sin que tuvieran que gastar un centavo y sin que para ello se utilizara el recurso escaso que es el agua y de pasada se deterioren los recursos de la naturaleza.[3]

  • La agricultura extensiva de los valles y la costa de Sonora es predatoria de los recursos naturales como los cuerpos de agua dulce, la tierra y los mares, al derramar enormes volúmenes de aguas servidas, sin tratamiento y saturadas de agroquímicos, que causan daños irreparables al territorio continental, los esteros y corrientes marinas.

  • Esta malversación sistemática de los recursos vitales es violadora permanente de la legislación de aguas aplicable, particularmente de la Ley de Aguas Nacionales que en sus artículos 86, 87 y 88, establecen la obligación de los usuarios de darle tratamiento apropiado a las aguas servidas antes de regresarlas a la naturaleza.

  • Por otro laso, el agua que se usa en la agricultura de los valles al ser almacenada en las presas del estado, afecta los sistemas bióticos aguas arriba y aguas abajo de las presas, al inundar unas áreas al tiempo que priva del líquido a otras.

  • Lo característico de las técnicas de riego utilizadas en Sonora, es que el agua se transporta por canales a cielo abierto y en general sin impermeabilización, antes de ser usadas en los cultivos por el método de inundación, con todo lo cual se desperdician millonarios volúmenes por evaporación, filtración y fugas.

  • Las aguas sobrantes bajo esta técnica de riego, se canalizan mediante una generalmente bien descuidada red de drenes que atraviesan los valles del Yaqui y Mayo principalmente, los cuales han depositado por décadas toneladas de contaminantes al golfo de California al verter enormes cantidades de agroquímicos sin ningún tratamiento.

  • Esta condición contaminante de la agricultura de Sonora se ha tolerado por muchas décadas y no obstante la protesta esporádica y débil de organismos ambientalistas y de algunos investigadores, no existen indicadores significativos de que se esté haciendo o se vaya a hacer algo al respecto. En esta circunstancia es altamente probable que el futuro no muy lejano nos tenga listas las facturas, como ya sucedió con la salinización de enormes superficies en la costa de Hermosillo y en otras superficies importantes de los valles.

  • En cuanto a competitividad en el precio de los trigos mexicanos comparados con los internacionales, se puede afirmar en base a estudios especializados (SIAP-SAGARPA, 2010)[4] que no son competitivos con relación al precio promedio percibido por los productores a nivel mundial, ya que el precio doméstico es casi el doble del valor en dólares de los trigos de importación.

Continuará...


Referencias

[1] De la Madrid Cordero Enrique, 2010, “Agua y Agricultura en México y el Mundo”, Financiera Rural, Consultado el 9 de noviembre de 2010 en www.oem.com.mx/elsoldemexico/.../n1202559.htm

[2] Muñoz Piña, Carlos,2010, “Los subsidios agrícolas en México y sus efectos ambientales negativos”, Instituto Nacional de Ecología, Consultad0 el 10 de noviembre de 2010 en  www2.ine.gob.mx/publicaciones/libros/442/cap4.html

[3] Piña, Edgar (2008), “La realidad de los subsidios agrícolas en Sonora”, Archivo Confidencial, Consultado el 19 de noviembre de 2010 en www.archivoconfidencial.com.mx

[4] Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, SAGARPA, 2010, Consultado el 17 de noviembre 2010 en: http://w4.siap.gob.mx/sispro/IndModelos/PRector/15_MEX/AG_Trigo.pdf



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