MARTES, 25 DE ENERO DE 2011
Rojillos, cómplices del narco

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La única posible conclusión es que el gobierno de Felipe Calderón debe corregir los errores estratégicos y tácticos que ha cometido en su combate al crimen y reclutar personal capacitado para librar la siguiente etapa de su lucha, pero debe perseverar en su propósito de restaurar la paz y derrotar a los forajidos, no claudicar ante ellos como lo exigen los rojillos ahora aliados al narco.”


Uno de mis estimables lectores me reconvino la semana pasada por tratar injustamente al gobierno de Felipe Calderón en mi último artículo “Pierde libertad México,” en lo referente a la explosión de la violencia en nuestro país que lamentablemente cada día cobra más vidas.

Su crítica me hizo ver que se podía entender mi escrito como una denuncia más que el causante de la violencia es el gobierno, como se ha puesto de moda gritarlo por la clerecía izquierdizante con su campañita “ya basta de sangre,” para que la ciudadanía detenga lo que califican como “la guerra de Calderón.”

Como esa posible interpretación de mi texto me parece inaceptable, procedo a aclarar mi posición respecto a la violencia que sufre nuestro país, pues estoy convencido que los responsables son las organizaciones criminales que crecieron y se enraizaron durante los dos sexenios previos al actual.

Al tiempo que las autoridades de Estados Unidos clausuraban con éxito la ruta de la cocaína desde Colombia hasta Miami por las Antillas y los narcos buscaban nuevas vías de acceso, los gobiernos de Ernesto Zedillo y Vicente Fox ignoraban su creciente trasiego por México.

Es entonces cuando crecen y se consolidan los cárteles en el país y empiezan también a diversificarse a otras drogas, además de la mariguana que siempre habían producido, y de la cocaína que en forma creciente pasaba por nuestro territorio para llegar a su principal mercado.

Como parte de esa diversificación, los nuevos y exitosos empresarios de la ilegalidad, emprenden la producción de metanfetaminas y otras drogas sintéticas a partir de precursores químicos importados legal o ilícitamente de China e India para su transformación en México.

Hay que recordar que uno de estos narcoempresarios, Zhenli Ye Gon, chino naturalizado mexicano a quien el Presidente Fox dio en propia mano sus papeles de ciudadanía, seguramente por pura casualidad, estaba construyendo una enorme planta en Toluca para transformar efedrina en droga.
Cuando Felipe Calderón accede al poder hace poco más de cuatro años, las opciones que enfrenta para restaurar la paz y el orden en varias zonas del territorio nacional en las que los narcos hacían de las suyas sin ser molestados por autoridad alguna, eran muy limitadas.

Los intentos fallidos por crear un cuerpo de policía federal competente y capaz de enfrentar a un narco con creciente poder de fuego y recursos económicos en apariencia ilimitados, dejaban como única opción a las fuerzas armadas, que si bien habían venido destruyendo sembradíos de mariguana por años, nunca se les había encomendado enfrentar a gavillas de forajidos tan bien armados.

Se podrá criticar al gobierno de no haber ponderado con seriedad la magnitud del reto del narco, de no haber adoptado las estrategias correctas, y de no haber conseguido la necesaria coordinación entre las numerosas agencias públicas encargadas de su combate, hecho atribuible a la cada vez peor calidad de los funcionarios que las encabezan.

Pero de ninguna manera se le puede achacar al Presidente Calderón ser el causante de la violencia de la que son responsables los cárteles, ni suponer que la rendición unilateral del gobierno resulte en el mágico fin de hostilidades y en la restauración de la paz y el orden.

Los promotores del “ya basta de sangre” son los sempiternos adeptos al demagogo López Obrador quién, como escribí antes de la última elección presidencial en junio del 2006, encabeza una amplia agrupación delincuencial que hoy parece estar aliada con los narcos para atajar la ofensiva del gobierno.

Como señala el ilustrado columnista Carlos Ramírez el pasado 13 de enero, uno de los promotores de parar las acciones del gobierno contra el narco, el provecto embaucador Julio Scherer García, dueño de Proceso, patrocina esta campaña después de la reunión que sostuvo con el capo ‘Mayo’ Zambada.

Resulta claro que ello no es una casualidad sino que forma parte de una alianza del narco con la delincuencia izquierdizante con vistas a las elecciones del 2012, pacto en el que unos intentan detener al gobierno en su combate a los otros, a cambio de… ¿copioso financiamiento para sus campañas?

La única posible conclusión es que el gobierno de Felipe Calderón debe corregir los errores estratégicos y tácticos que ha cometido en su combate al crimen y reclutar personal capacitado para librar la siguiente etapa de su lucha, pero debe perseverar en su propósito de restaurar la paz y derrotar a los forajidos, no claudicar ante ellos como lo exigen los rojillos ahora aliados al narco.

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