Pesos y contrapesos
Feb 16, 2011
Arturo Damm

Deducción = ¿Mejor educación?

La educación de calidad es lo que sigue pendiente, y ello no será el resultado de la deducibilidad de colegiaturas, sino, entre otras medidas, del desmantelamiento del monopolio gubernamental en la educación.

Calderón anunció la deducibilidad, no de las colegiaturas, sino de parte de las colegiaturas, y no de todas las colegiaturas, sino únicamente de las que se pagan de preescolar a bachillerato, y no faltaron los comentaristas a quienes les ganó el entusiasmo, razón por la cual anunciaron que dicha medida será la causa de la mejora en la educación.

De quienes tales cosas dijeron, ¿quién puede explicar de qué manera, el que los padres puedan deducir un cierto porcentaje de la colegiatura, va a dar como resultado una mejora en la misma? Esa relación causal no existe y, si existiera, la educación gubernamental “gratuita”, “gratuidad” que tiene el efecto de una deducibilidad del cien por ciento, sería de altísima calidad.

Si la deducibilidad de un cierto porcentaje, que calculo entre el 15 y el 20 por ciento, de las colegiaturas no tendrá mayor efecto en la calidad de la educación, entonces ¿qué efecto tendrá sobre la misma? Uno sobre la cantidad demanda por educación privada. En la medida en la que la deducibilidad tiene el efecto de una baja en el precio de la educación privada, y en la medida en la que todas las demás variables que determinan la demanda por esa educación permanezcan constantes, la deducibilidad de un porcentaje de las colegiaturas dará como resultado un aumento en la cantidad demanda por ese tipo de educación, lo cual no supone una mayor calidad educativa, siendo esto una lástima porque el problema de la educación en México no es, al menos no en primera instancia, cuantitativo, sino, en primerísimo lugar, cualitativo.

Al anunciar la medida Calderón dijo, y lo cito, que la misma “representa una inversión en educación, (…) un apoyo a las familias mexicanas (…) un paso hacia el bienestar para el país, (…) una manera idónea para propiciar el mejor crecimiento de nuestros niños y jóvenes, y asegurarles un mejor futuro, a través de la educación de calidad”. Esto último, la educación de calidad, es lo que sigue pendiente, y ello no será el resultado de la deducibilidad de colegiaturas, sino, entre otras medidas, pero necesaria, del desmantelamiento del monopolio gubernamental en la educación, que comienza por borrar del artículo tercero constitucional la frase que afirma que “el Estado impartirá educación preescolar, primaria y secundaria…”, siendo que, en el peor de los casos, el Estado debería limitarse, no a impartir, sino a subsidiar dicha educación: una cosa es que el Estada garantice la educación y otra muy distinta que se convierta en el educador.

Por último, y dado que Felipe Calderón mencionó “los programas que (se están) impulsando para elevar (…) la calidad de la educación pública”, todo ello “mediante la institucionalización de las evaluaciones generales y el reclutamiento de profesores a través de concursos de oposición”, con un aumento presupuestario, de 2006 a 2011, “del 40 por ciento para la educación pública”, yo le pregunto al presidente, ¿en qué escuela estudian sus hijos y, por no dejar, en cuál los hijos del secretario de educación gubernamental?



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