MARTES, 22 DE FEBRERO DE 2011
El riesgo moral y el castillo de la pureza

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“Algunos conferenciantes hubieran aplaudido el derrumbe completo de México, a cambio de ver quebrar a los bancos que le prestaron al país. Es decir, hubieran preferido preservar el castillo de su pureza de jamás incurrir en el debatible riesgo moral implícito en el rescate colateral de los bancos, sin importarles las devastadoras consecuencias para millones de mexicanos. ¡Que decepción!”


“Riesgo moral” (moral hazard) en el ámbito financiero se define como la conducta imprudente de personas, empresas o países que habiendo sido objeto de un rescate, concluyen que el proceder que llevó a su salvamento se repetirá pues el responsable no sufrió las consecuencias negativas de sus actos.

El riesgo moral ha sido objeto de numerosos análisis empíricos para determinar en qué medida rescates como los aludidos, que normalmente se hacen con recursos públicos, es decir, de los ciudadanos que pagan sus impuestos, inducen a la repetición de comportamientos riesgosos.

La principal conclusión que se obtiene de esos trabajos es que para evitar comportamientos imprudentes ayuda mucho advertir de antemano a quienes realizan actividades riesgosas que no serán rescatados con recursos públicos en caso de que su conducta genere consecuencias costosas para la sociedad.

El riesgo moral surgió a la palestra en la conferencia que anualmente se celebra en Álamos, Sonora, y a la que he asistido por muchos años, en el contexto del rescate del que fue objeto México en 1995 como resultado de la crisis provocada en sólo 19 días por el inexperto gobierno de Ernesto Zedillo.

Hay que recordar que las circunstancias económicas del país se encontraban en una situación frágil a consecuencia del año horrible de 1994, que se inició con el levantamiento zapatista y que incluyó los asesinatos de personajes políticos prominentes y una severa turbulencia económica.

Esta delicada situación era perfectamente superable con un manejo cuidadoso de las variables financieras que restaurara la confianza en duda, pues las cifras económicas esenciales del país estaban en buenas condiciones: déficit financiero y externo modestos y deuda exterior bajo control.

El comportamiento y las acciones iniciales de la administración de Zedillo, lamentablemente fueron las contrarias a las apropiadas para superar la frágil coyuntura descrita, y rápidamente exacerbaron la desconfianza que tenían los protagonistas clave de nuestra economía.

Los indicios de que el gobierno devaluaría el peso, violando los compromisos cuidadosamente construidos para lograr la estabilización de la economía que se habían iniciado una década antes, generaron un pánico generalizado y la consecuente fuga de capitales que vació las reservas del Banco de México.

La depreciación de la moneda, que Zedillo creía que estaba sobrevaluada en alrededor de 18%, lo que hubiera representado que pasara de cotizarse de 3.20 pesos por dólar a 3.75, terminó arrastrándola a un colapso que la llevó a una paridad de 9 pesos por dólar.

Peor aún, los agentes económicos que habían creído en México y sus reformas económicas liberales tendientes a modernizar al país y elevar su competitividad internacional, al sentirse sorprendidos y engañados concluyeron que el colapso del peso no era suficiente y empezaron a especular en su contra.

La indudable debacle económica consecuente hubiera hecho palidecer a la sufrida más de una década atrás y habría culminado en un prolongado período de recesión profunda, desempleo generalizado e inflación galopante que habrían puesto en entredicho la estabilidad institucional y política del país.

Peor aún, las reformas liberales que culminaron con la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se habrían revertido regresando al país a la trayectoria fallida de autarquía y estatismo populista que llevaron a México al fracaso de 1982 y a la subsecuente crisis de la deuda.

Ante este escenario dantesco, el gobierno del Presidente Bill Clinton en Estados Unidos se apresuró a rescatar a México mediante un paquete de apoyo financiero de casi 50 mil millones de dólares, una cifra sin precedente hasta entonces, con el renuente apoyo del FMI, del Banco Mundial y otros países.

Este paquete fue tan exitoso que se repagó en 1997, años antes de la fecha pactada, y México regresó a los mercados y al crecimiento en apenas año y medio del inicio de la crisis. No hubo, por cierto, el menor riesgo moral respecto a México pues el país nunca volvió a una conducta financiera irresponsable.

Para mi sorpresa, algunos asistentes a la conferencia aludida, reaccionaron con crítica fogosidad a la afirmación anterior, alegando que el riesgo moral se había manifestado en el salvamento indirecto de los grandes bancos a los que México pagó su deuda, parcialmente con el rescate financiero descrito.

Estos conferenciantes hubieran aplaudido el derrumbe completo de México, a cambio de ver quebrar a los bancos que le prestaron al país. Es decir, hubieran preferido preservar el castillo de su pureza de jamás incurrir en el debatible riesgo moral implícito en el rescate colateral de los bancos, sin importarles las devastadoras consecuencias para millones de mexicanos. ¡Que decepción!

• Problemas económicos de México • Riesgo moral

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