VIERNES, 11 DE MARZO DE 2011
Más sobre el afán de lucro (I)

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Si una acción humana no es teleológica, no es acción, sino reacción, instinto, reflejo, pero no, estrictamente hablando, acción.”


Dada la cantidad de comentarios, algunos elogiosos, otros ofensivos, que suscitó mi artículo Afán de Lucro, publicado hace un par de semanas, hoy vuelvo sobre el tema, con el propósito de demostrar la tesis que mantengo: que toda acción humana parte del afán de lucro, originándose en la intención de obtener una ganancia que, como lo apunté en aquel artículo, no se limita a la pecuniaria, punto que mis detractores no entendieron.

Que toda acción humana tenga como motivación la obtención de una ganancia quiere decir que la acción humana es teleológica (ojo: teleológica, no teológica, siendo la teleología la doctrina de las causas finales, aquellas por las que el agente actúa, es decir, el fin buscado por medio de la acción), y que toda acción humana sea teleológica quiere decir que cada vez el ser humano actúa lo hace en función de un fin que considera valioso, como lo puede ser la ganancia pecuniaria obtenida por la venta de relojes o la satisfacción moral por haber donado sangre. En ambos casos el agente pretende estar mejor después de haber realizado la acción, mejora que supone la obtención de una ganancia, utilidad o provecho, lo cual no quiere decir, como queda claro por los ejemplos utilizados, que solamente el vendedor de relojes o el donador de sangre salgan ganando, ya que también gana el que compra el reloj y el que recibe la sangre donada.

Obviamente que entre la venta de relojes y la donación de sangre hay una diferencia esencial: en el primer caso se trata de un intercambio comercial y la ganancia del vendedor depende del pago del comprador; en el segundo se trata de una acción benevolente, de una conducta altruista, y la utilidad del donador no depende de algún pago realizado por el receptor (quien, de ser persona bien nacida, y mejor educada, dará las gracias), sino, uno, del hecho mismo de donar (por ejemplo: cuando se hace a favor de algún desconocido) o, dos, del bien que nuestra sangre le hace al que la recibe. En el primer caso el fin es hacer el bien, en el segundo es hacerlo a esta persona en concreto. En el primer caso la ganancia, ¡moral!, consiste en haber hecho el bien y, en el segundo, en haberle hecho el bien a esta persona en particular.

Que la acción humana sea motivada por el afán de lucro quiere decir que la acción humana es teleológica, lo cual quiere decir que se realiza siempre en función de un fin que, precisamente por serlo, es considerado por el agente como algo bueno y por ello apetecible (aunque en muchos casos objetivamente no lo sea), razón por la cual su logro será también algo bueno, bondad obtenida por el logro del fin que supone, necesariamente, una ganancia, una utilidad, un provecho, que puede ir desde el pecuniario hasta el moral, para el agente.

Si una acción humana no es teleológica, no es acción, sino reacción, instinto, reflejo, pero no, estrictamente hablando, acción.

Continuará.

• Cultura económica • Acción humana

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