LUNES, 14 DE MARZO DE 2011
Los nefastos monopolios gubernamentales

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“Los peores monopolios son los del gobierno; el gobierno les llama “empresas públicas”.”


La semana pasada escribía sobre los monopolios y oligopolios. De cómo éstos mantienen privilegios que en mercados competitivos no tendrían. De cómo frenan las innovaciones y mantienen prisioneros a los consumidores en relación a su libertad de elegir.

No obstante, los peores monopolios son los del gobierno; el gobierno les llama “empresas públicas”; patrañas para disfrazar los intereses de unos cuantos. Se trata de grandes corporativos creados, diseñados en la vieja época priísta que siempre se han manejado con criterios políticos, en donde surgen sindicatos todopoderosos y corruptos que inflan la nómina sin ton ni son, mediante el compadrazgo y la compra- venta de plazas, que provocan con su irresponsabilidad endeudamientos y boquetes financieros que siempre terminan endosándosela a los contribuyentes (como recién lo hicieron los legisladores con una parte de la deuda de PEMEX, o como cada quinquenio sucede con los rescates fiscales del IMSS), que terminan por frenar el cambio tecnológico. Monopolios del gobierno, los peores.

Un ejemplo, a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) le han dado etiqueta de “empresa de clase mundial”, pero eso es forma no fondo. Tal vez comparada con su par, la desaparecida y corrupta Compañía de Luz, lo era, pero nada que ver con clase mundial. Hace unos años, la CFE estaba por colapsar, pues se estimaba que no podría abastecer la creciente demanda de electricidad de la industria. ¿Cómo le dieron un “respirote” al monopolio? Permitiendo el funcionamiento parcial de un mercado “privado” de electricidad. Se legisló y se permitió a compañías privadas de electricidad entrar a producir, pero a condición de sólo poder vender electricidad a CFE. Vaya solución de mercado, al monopolio (único productor ó proveedor), lo convirtieron en monopsonio (único demandante ó comprador). Para los estatólatras ésta fue una acción privatizadora, ojalá hubiera sido el caso. Lejos de construir un mercado libre, que las empresas privadas de electricidad también compitieran con CFE y vendieran al consumidor final, sólo permitieron a un monopolio gubernamental sobrevivir. Pobres consumidores mexicanos.

Y lo peor, los monopolios crean toda una clase de proveedores privados que algunas veces terminan comportándose mafiosamente, como coludirse en precios cobrados al monopolio (recordar lo que le ocurrió al IMSS con algunos laboratorios proveedores), o la lista exclusiva de contratistas de PEMEX ligadas al PRI. En mercados libres, con arreglos institucionales correctos, se crean candados para evitar colusiones y acciones de corrupción. No es el caso de los monopolios del gobierno mexicano.

Hoy en día PEMEX mantiene, además de una infladísima nómina, a poco más de 11 mil trabajadores -aviadores- que cobran sin trabajar, reconocido por la propia paraestatal. ¿La razón? Gracias al nefasto y corrupto sindicato petrolero priísta no se les puede tocar ni con el “pétalo de una rosa”. Lo único que puede hacer PEMEX para ahorrar costos, es mandarlos diariamente a casa. Qué aberración. Nuevamente, un monopolio gubernamental nefasto. Ya los estatólatras estarán, seguro, haciendo berrinches con mis palabras, pues consideran que el petróleo es de la nación; no señores, PEMEX es del gobierno en turno, del sindicato corrupto, y jamás del pueblo; si fuera del pueblo nos permitirían a los ciudadanos poseer acciones de dicha empresa, participar en el monopolio directamente y exigir cuentas.

Nadie acusará a Marcelo Ebrard de ser “neoliberal” (tal vez sólo los comunistas del PT, del STUNAM ó gente del peje) en sus propuestas por permitir inversión privada en agua, ojo, no de crear un mercado libre de agua, sólo de permitir un poco de racionalidad económica, los estatistas de la asamblea ya amagan con no permitir “la privatización” del agua, de garantizar el nefasto monopolio del gobierno sobre dicho recurso. Otra vez los políticos perredistas (en realidad viejos priístas) estatistas defendiendo su terruño a nombre del pueblo. El agua, otro sector víctima del monopolio gubernamental.

Los oligopolios y monopolios privados son un verdadero obstáculo para México, para el cambio tecnológico, para la elección libre de los consumidores. Pero ojo, no nos cuestan -como contribuyentes- y se podría acabar con ellos (no expropiando, sino sometiéndolos a la intensa competencia local y foránea) con cambios a la ley, basta sólo con voluntad política.

En cambio, los monopolios gubernamentales nos cuestan fiscalmente a todos, y lo peor, muchos tienen sindicatos con nexos priístas que simplemente no soltarán su “minita de oro”. Antes querrán armar una revolución. Qué pena para los mexicanos.

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