Aquelarre Económico
Mar 15, 2011
Manuel Suárez Mier

¿Rápida y furiosa crisis?

Ojalá que el escándalo derivado del insensato operativo Rápido y Furioso no nos obligue a regresar a la incomunicación y al inútil señalamiento recíproco de culpas.

Justo acababa de pasar la más reciente visita presidencial a Washington, que de por si dejó una magra cosecha, cuando explotó el escándalo de la operación Rápido y Furioso mediante la cual la agencia encargada del control de armas de fuego en EU, arregló la venta de miles de ellas al narco en México, quesque para seguirles la pista.

Este tipo de operativos, apodados por los agentes que los conciben con la idea de emular sus películas favoritas (Fast and Furious?), son concebidas por mentes torpes que parecen una mala mezcla de las aventuras del inepto Inspector Cluzot, inmortalizado por el actor Peter Sellers, y de Rambo, quien resuelve todo a balazos.

El único problema de ocurrencias como ésta es que pueden tener consecuencias muy graves que en este caso no se hicieron esperar, y que, paradójicamente, acabaron con la vida de un agente de otra agencia policiaca federal de EU, además de quién sabe cuántos mexicanos.

La ATF, acrónimo inglés del Buró de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, es la entidad del gobierno de EU con responsabilidad de controlar el comercio de los componentes de su nombre, y tiene una discordante historia desde su fundación como parte del Tesoro, para asegurar el pago de los impuestos vinculados al alcohol.

Cuando EU decide prohibir la venta de bebidas alcohólicas en 1920, ATF se asimila a la oficina burocrática encargada de que la prohibición se cumpliera, ubicada en el departamento de Justicia –el equivalente de nuestra PGR-, en donde tuvo un triste desempeño pues el consumo de bebidas alcohólicas creció exponencialmente.

Al término de la Prohibición, ATF regresó al Tesoro, no sin antes haber sido por poco tiempo una división del FBI, entidad a cargo de combatir los crímenes federales y que tiene una estructura y un prestigio mucho más sólidos, razón por la cual se mantuvo al margen de la misión imposible de impedir el consumo de bebidas alcohólicas, aunque sufrió sus terribles resultados en la consecuente ola de crímenes.

Conforme la intervención del gobierno de EU se extendió a otras áreas, se le agregaron letras y funciones a ATF: primero tabaco en los ’50s y armas de fuego a fines de los ’60s. Nótese que hasta entonces no existía ningún control federal sobre la venta de armas, aunque cada estado tenía sus leyes al respecto. Por último, se le encargó la regulación de explosivos en los ’70s, pero su acrónimo ya no cambió.

La serpenteante historia de ATF está marcada por sonados fracasos, en adición al triste papel que le tocó jugar en la tragicomedia de la Prohibición. Quizá el más patético de sus errores fue la invasión que hizo del campamento de la secta religiosa Branch Davidian en Waco, Texas, que terminó en decenas de muertos.

Las organizaciones en EU que se oponen a la venta libre de armas en su país, sobre todo rifles de asalto y otras de grueso calibre, llevan años denunciando que ATF no es sino la comparsa oficial de la Asociación Nacional del Rifle, poderosa agrupación que se opone a que exista el menor control público sobre cualquier arma de fuego.

El escándalo en Washington sube de tono conforme surge nueva información sobre el fallido operativo Rápido y Furioso, y los miembros del gabinete del Presidente Obama se contradicen sobre quién sabía qué y ordenan investigar. Por su lado, la Embajada de EU en el país comunica que nuestro gobierno estaba al tanto de la operación.

Con su característica destreza, las autoridades encargadas de la seguridad nacional de México se tropiezan unas con otras para negar saber algo del asunto, y la inefable Secretaría de Relaciones Exteriores afirma que pedirá más información a sus contrapartes, reclamando una ignorancia que, en su caso, es más que plausible.

Lo más grave de este incidente es que se produce en momentos cruciales de la lucha binacional contra las organizaciones del crimen transnacional, en lo que aparentaba ser cada vez más una creciente y genuina asociación entre ambos países para empezar por eliminar a las cabezas del narco y neutralizar a sus pandillas.

El siguiente objetivo es el de restaurar la paz y el orden perdidos en tantas partes del territorio nacional, que precisamente por amenazar ahora con desbordarse al norte de nuestra frontera, parecía haber persuadido a nuestros vecinos, ahora sí, a entrar en una auténtica labor conjunta sin precedente en la relación bilateral.

Ojalá que el escándalo derivado del insensato operativo Rápido y Furioso no nos obligue a regresar a la incomunicación y al inútil señalamiento recíproco de culpas.



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