Pesos y contrapesos
Abr 4, 2011
Arturo Damm

A favor de la competencia, ¡bien!

Si los consumidores somos los que, al final de cuentas, generamos la competencia, lo primero que necesitamos es información.

Grata sorpresa la que me llevé cuando, revisando el estado de cuenta de mi tarjeta de crédito, me topé, al reverso de la última página del mismo, con una tabla con la información necesaria para comparar los costos y las tasas de distintas tarjetas de crédito. “Esta información se incluye – se nos informa -, para cumplir con el Artículo 4 Bis 2 de la Ley para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros y ha sido elaborada (la información, no la ley) por el Banco de México y la Condusef.” El Artículo 4 Bis 2 de la mentada ley dice lo siguiente:Con el objeto de incrementar la competencia en el sistema financiero, el Banco de México publicará bimestralmente información e indicadores sobre el comportamiento de las tasas de interés y Comisiones (sic) correspondientes a los diferentes segmentos del mercado, a fin de que los usuarios cuenten con información que les permita comparar el costo que cobran las instituciones de crédito, sociedades financieras de objeto limitado y las sociedades financieras de objeto múltiple reguladas en los diferentes productos que ofrecen.”

Lo anterior es importante porque, al final de cuentas, la competencia la generan los consumidores, a partir de la condición necesaria, ¡más no suficiente!, de que haya más de un oferente, competencia generada por los consumidores a partir, uno, de contar con información, dos, de comparar esa información y, tres, de actuar en consecuencia, información que tiene que ver con el precio, la calidad y el servicio de la mercancía en cuestión, en este caso el crédito.

No basta que haya muchos oferentes de tarjetas de crédito, y por ello mucha oferta de crédito vía tarjetas, para que haya competencia en beneficio de los consumidores de dicho producto bancario. Esa, muchos oferentes de tarjetas de crédito, es condición necesaria, pero no suficiente, para la competencia. Supongamos que ningún tarjetahabiente se toma la molestia de comparar la tasa que le cobra su banco con las que cobran las demás instituciones bancarias, de tal manera que todos siguen contratando ese servicio con su banco habitual, sin elegir, y por ello sin cambiarse, al banco que les cobre una tasa menor. Si tal es la situación no hay competencia entre oferentes de tarjetas de crédito, y no la hay, no porque no haya varios oferentes (condición necesaria más no suficiente), sino porque los consumidores no la generan, (condición, dada la necesaria, suficiente), generación de competencia de parte de los consumidores que requiere, antes que de cualquier otra cosa, de información para comparar (¿qué banco me cobra menos?), decidir (me cambio de banco) y actuar en consecuencia (cambiarse de banco), dándose con este último paso la competencia.

Si los consumidores somos los que, al final de cuentas, generamos la competencia, lo primero que necesitamos es información y eso, información, es lo que encontré, como mucho otros tarjetahabientes, en mi estado de cuenta. ¡Bien por la Condusef y el Banco de México!

Competencia, la más posible, en todos los sectores, es lo que necesitamos.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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