LUNES, 25 DE ABRIL DE 2011
Índice Internacional de Derechos de Propiedad: Algunas reflexiones (III)

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Lo mío es mío, ¿por graciosa concesión de la Nación? Y si ésta ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de las tierras y aguas a los particulares, constituyendo la propiedad privada, ¿no tendrá también el “derecho” contrario, de retirar dicha concesión, eliminando la propiedad privada?”


Estoy analizando los resultados que, según el Índice Internacional de Derechos de Propiedad 2011, ha obtenido México, mismos que se sintetizan en una palabra, mediocridad: lugar 77 entre 129 naciones, calificación de 5 sobre 10.

¿Por qué resultados tan mediocres? Muchas son las repuestas a esta pregunta, algunas de las cuales encontramos en el estudio que acompaña al índice, pero por principio de cuentas es un hecho que en México, ¡comenzando por la Constitución!, el derecho de propiedad no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado, tal y como se comprueba por la lectura del artículo 27 constitucional, en el cual se afirma que “la propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene (¿por qué no agregar y tendrá?) el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada”, misma que, según el texto, es una graciosa concesión que la Nación nos hace (¿quién, para el efecto práctico de hacerla, es la Nación?), y no de la apropiación (por ejemplo: de recursos naturales, cuando estos no son propiedad de alguien más), el intercambio (por ejemplo: la compra), o la cesión (por ejemplo: la herencia), que son las maneras reales de constituir la propiedad privada.

Lo mío es mío, ¿por graciosa concesión de la Nación? Y si ésta ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de las tierras y aguas a los particulares, constituyendo la propiedad privada, ¿no tendrá también el “derecho” contrario, de retirar dicha concesión, eliminando la propiedad privada? Claro que sí, y el mismo artículo 27 no deja lugar a dudas al apuntar que “la Nación tendrá en todo momento el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”, lo cual quiere decir, ¡ni más ni menos!, que en México el derecho a la propiedad privada no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado, lo cual, por si hubiera alguna duda, se confirma por lo escrito en el párrafo cuarto del artículo 28 de la Constitución, en el cual se señala, después de afirmar, ¡aunque usted no lo crea!, que los monopolios del gobierno ¡no son monopolios!, que tampoco lo serán “las actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión”, lo cual quiere decir que si hoy se expide una ley que defina a un sector de la actividad económica como estratégico, con una mano en esa ley, y la otra en la Constitución, se expropia y gubernamentaliza, lo cual muestra, una vez más, que en este país el derecho a la propiedad privada no está plenamente reconocido, puntualmente definido y jurídicamente garantizado, todo ello, tal vez, por la mala fama que padece la propiedad, padecimiento que, más que de la propiedad, es de los propietarios, mala fama que se muestra, entre otras muchas posibilidades, por la frase de Proudhon La propiedad es un robo.

Continuará.

• Libertad económica • Derechos de propiedad

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