MIÉRCOLES, 27 DE ABRIL DE 2011
Índice Internacional de Derechos de Propiedad: Algunas reflexiones (V)

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“Otra muestra de la mala fama de la propiedad, comparada con el buen nombre de la libertad, la tenemos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos...”


He venido escribiendo sobre la mala fama que padece la propiedad, sobre todo comparada con el buen nombre del que goza la libertad, lo cual, dado que la propiedad privada es la condición de posibilidad de la libertad individual, siendo ambas las dos caras de la misma moneda, resulta ilógico. Lo anterior queda claro al analizar, por ejemplo, de qué manera se trata a la propiedad privada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, siendo dicha propiedad consecuencia de la donación hecha por la Nación, pudiendo ésta imponerle a aquella, en todo momento, las modalidades que dicte el interés público. En pocas palabras: en México el derecho a la propiedad privada no está, ni plenamente reconocido, ni puntualmente definido, ni jurídicamente garantizado, lo cual da como resultado que en el Índice Internacional de Derechos de Propiedad nuestro país obtenga, en la materia, una calificación de cinco sobre diez.

Otra muestra de la mala fama de la propiedad, comparada con el buen nombre de la libertad, la tenemos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, en la cual a la libertad se la menciona veinte veces, comenzando por el artículo 1º, en el cual se afirma que “todos los seres humanos nacen libres…”, y siguiendo por el 2º, en el cual se apunta que “todo individuo tienen derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona…”, no mencionándose, junto a la vida y la libertad, el tercero de los derechos naturales de la persona, a la propiedad privada, propiedad que se menciona hasta el artículo 17, en el cual se señala que “toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectiva”, y que “nadie será privado arbitrariamente de su propiedad”, únicas dos menciones a la propiedad en toda la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, que, en este tema, el de la propiedad privada, deja mucho que desear, algo que no sucedió en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.

En el texto de 1789 leemos, en su artículo 1º, que “los hombres han nacido, y continúan siendo, libres e iguales en cuanto a derechos (recuerdo la frase de Hayek en el sentido de que a los hombres hay que tratarlos igual no intentar hacerlos iguales, trato igual que debe ser ante la ley)” y, en el 2º, que “la finalidad de todas las asociaciones políticas es la protección de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre; y esos derechos son libertad, propiedad, seguridad y resistencia a la opresión", agregándose, junto a la libertad, la propiedad como un derecho con el cual la persona nace, lo cual, si la propiedad privada es la condición de posibilidad de la libertad individual, no puede ser de otra manera.

¿Qué pasó en el tiempo transcurrido entre la primera y la segunda declaración de derechos del ser humano? Que al grito proudhoniano de La propiedad es un robo, la propiedad, sobre todo la privada, adquirió mala fama.

Continuará.

• Liberalismo • Libertad económica • Derechos de propiedad

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