Nostalgia del porvenir
May 3, 2011
Fernando Amerlinck

Adiós, don Jorge

Gracias a su gestión vive aún el gobierno mexicano de la explotación monopólica de un Pemex que él recibió en decadencia.

Conocí a Jorge Díaz Serrano hace unos 12 años, gracias a ese inmenso cultivador de amigos que fue don Juan Sánchez Navarro. Ahora me despido como puedo —con unas líneas rápidamente garrapateadas— de ese gran varón.

Lamento la penosa enfermedad que lo aquejó estos últimos meses, demasiados para quienes no quisiéramos contemplar en nadie el sufrimiento de una dolencia sin remedio. Sentiré siempre la ausencia, en los desayunos que instituyó don Juan —que hemos continuado, como él lo habría deseado— de ese caballero que hablaba de petróleo y de los asuntos de México con conocimiento directo, claro y conciso. Extrañaré sus comentarios siempre juiciosos, nunca prolijos, siempre inteligentes, nunca prescindibles, siempre al grano.

Aplico a don Jorge un aforismo que acabo de recibir, del filósofo Friedrich Nietzsche: “El que sabe que es profundo se esfuerza por ser claro; el que quiere parecer profundo se esfuerza por ser oscuro.” Habla así del farsante que se da taco con lo que sabe a medias, para impresionar al incauto mientras se cerciora de que no lo entiendan. Don Jorge hablaba con inusual sencillez a sus contertulios, ignorantes casi todos de la materia petrolera. Así también fue don Juan, hombre capaz de destilar en poquísimas palabras una sabiduría profunda que evidenciaba el haber sido discípulo de Ortega y Gasset.

Don Jorge sufrió una persecución política contumaz, víctima del odio y la envidia, la traición y el rencor que infestan el estilo mexicano de entender la política. Y pagó con su cuerpo, salud y tiempo de vida, la envidia y el resentimiento de aquella época negra de México, cuando ocupaba la presidencia un cultivador de ojerizas cuya renovación “moral” sirvió para nutrir un funesto bestiario en que catalogaron como pez gordo a un chivo expiatorio.

Sin embargo, jamás en los años en que lo conocí, oí a don Jorge hablar mal de nadie ni hizo juicios de valor sobre quien le arruinó la existencia y lo desprestigió de forma inclemente. Jamás ante mí habló mal de Miguel de la Madrid, ni de alguna hermana de su amigo López Portillo, ni tampoco de él. Tampoco lo oí mencionar a Oteyza, que derogó la ley de la oferta y la demanda y quiso gobernar por decreto los precios mundiales del petróleo con el voluntarismo propio del gobernante absoluto, el Calígula que quiere domeñar las olas del mar a base de espadazos y cargas de caballería.

En México no se soporta el éxito. A quien destaque lo tratan inmediatamente de bajar, así como me cuentan que hacían con el globo de la Cantolla en el siglo antepasado: se colgaban de él para que el peso muerto le impidiera elevarse. Es el México de los que sólo pueden aportar peso muerto. Es el México en que quien se eleve sobre la mediocridad es ipso facto víctima de los celos y el sabotaje, la inquina y la maledicencia. No le aguantaron a Díaz Serrano el incrementar las reservas probadas y la producción de petróleo quien sabe cuántas veces por encima de lo que producía el Pemex que recibió; fue gracias a él que la principal palabra utilizada en aquél sexenio fuera “petróleo”.

Gracias a su gestión vive aún el gobierno mexicano de la explotación monopólica de un Pemex que él recibió en decadencia —con Echeverría México importaba petróleo y pronosticaban 12 años para que se agotara; en 5 años lo exportábamos a tal nivel que efectivamente había que administrar esa abundancia. ¿Quién antes o después ha hecho algo así por México?

No fue suya la irresponsabilidad criminal ni la arrogancia impune con que ese gobierno —y los que lo siguieron— administraron la abundancia o la escasez. La feroz corrupción petrolera, fuera y dentro del sindicato, antes y después de su tiempo, tampoco fue provocada por él.

Extrañaré también de don Jorge los festejos en el cumpleaños de don Juan, en que todos más o menos tratábamos de elevar la voz a las capacidades de nuestra garganta y según permitiera nuestro sentido del ridículo. Pocas veces he oído interpretar con tal sentimiento a Agustín Lara, como con su intérprete Jorge Díaz Serrano.

Queda dicho: lo extrañaremos, don Jorge. Qué privilegio el haberlo conocido. Su esposa Helvia será testigo de cómo seguiremos acudiendo sus contertulios, y cómo lo recordaremos todos los viernes.

• Petróleo


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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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