MIÉRCOLES, 22 DE JUNIO DE 2011
¡Acabemos con los pobres!

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Esta arenga que para muchos podría ser un grito de guerra, no lo es tal, sino un acuerdo de conciencias que razonando un poco llegó a la conclusión que titula este comentario.”


Esta arenga que para muchos podría ser un grito de guerra, no lo es tal, sino un acuerdo de conciencias que razonando un poco llegó a la conclusión que titula este comentario.

¿Cómo se llegó a ello?, primero se establecieron las opciones ¿Acabar con la riqueza o acabar con la pobreza?, ¿Acabar con los ricos o acabar con los pobres?

Para acabar con la riqueza, bastaría con repartirla entre todos y entonces probablemente también acabaríamos con los ricos, pero entonces, ¿qué pasaría con los pobres?, ¿serían ricos? o ¿dejarían de ser pobres?, quizás ni una cosa ni la otra, lo más seguro es que todos seríamos pobres. Sí eso es lo que queremos, que no creo, bastaría.

Para acabar con la pobreza y con los pobres, es preciso generar riqueza, pero la pobreza no genera riqueza, la pobreza las más de las veces además de otras miserias genera más pobreza. No se puede dar lo que no se tiene, los pobres no podemos acabar con la pobreza por que para ello se requiere poner a trabajar la riqueza y esa no la tenemos.

Los ricos poseen la riqueza y obviamente la ponen a trabajar para si, ¿la querrían poner a trabajar para los pobres?, ¿gratis?, es dudable, máxime que la condición de los pobres, no los hace sujetos de crédito por muchos motivos, destacando independientemente de la falta de oportunidades, su falta de preparación y educación, de ahí la imperiosa necesidad de un aval solvente que además de apoyar a los pobres en ese sentido, establezca programas de capacitación y educación en todos los campos necesarios.

Ese aval, ese puente entre ricos y pobres, por derecho y obligación lo debe de tender el gobierno, con equidad, sin inclinar la balanza, buscando el ganar ganar, asegurando a los ricos una razonable utilidad y a los pobres la necesaria participación para dejar de serlo.

Imponer una escala o determinar que tan rico puede ser alguien, sería vano, pero establecer que nadie debe llegar o estar en la miseria podría ser la obligación de todos, cualquier caso en ese sentido, debería encender un foco rojo que debe ser atendido.

La educación es la llave que nos abre las puertas para aspirar a dejar de ser pobres, el conocimiento evita el ser inducido en creencias atávicas que además de limitar el intelecto, nos atan las manos con lazos de falsas esperanzas de igualdad en el más allá. Aquí y ahora es cuando debemos ejercer nuestro derecho a no ser pobres. La educación es la que nos permitirá la igualdad, la preparación nos dará las herramientas para trabajar el campo que hayamos escogido.

Un peso guardado, no vale. El dinero vale cuando es utilizado, cuando se le pone a trabajar; a los ricos no les interesa o no debiera interesarles el tener su dinero ocioso, pero no lo van a dar a trabajar a nadie que no este capacitado para hacerlo rendir, por ello requieren tener seguridad de que estamos convencidos de que no queremos acabar con ellos y mucho menos con la riqueza; Los ricos requieren de confianza y los pobres pedimos confianza y oportunidad.

El Estado como aval debe dar seguridad a ambos, a ricos y pobres, seguridad de que con sus políticas, no se va a quedar con el dinero que los ricos a través de su intermediación, aporten para ayudar a los pobres a salir de su pobreza, de hacerlo, el resultado sería políticos ricos, ricos menos ricos y pobres más pobres, como parece que ha estado sucediendo. Debemos romper ese atavismo y exigir transparencia en los manejos. El Estado para su manutención y desarrollo, participará de la riqueza a producir a través de los justos impuestos que todos, absolutamente todos, proporcionalmente debemos aportar y de los derechos y aprovechamientos que constitucionalmente le sean establecidos, pero siempre como rector, no como empresario.

El estado debe ser el fiel de la balanza.

¡¡ACABEMOS CON LOS POBRES!!

• Pobreza y desigualdad • Impuestos • Intervencionismo

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