VIERNES, 24 DE JUNIO DE 2011
Eliminación del subsidio: Razones a favor (II)

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“Cualquier subsidio debe eliminarse.”


Cualquier subsidio debe eliminarse, sobre todo, porque implica obligar al contribuyente, de cuyo bolsillo, por el cobro de impuestos, salen los recursos destinados al subsidio, a beneficiar a los receptores del mismo, lo cual es arbitrario: a lo que el gobierno tiene derecho es a prohibir que alguien dañe a alguien más, no a obligar a que uno beneficie a uno más, ni de manera directa, ni de forma indirecta. Más allá de las distorsiones que, desde el punto de vista económico, introduce el subsidio, desde el punto de vista de los principios, la injusticia que todo subsidio supone al redistribuir desde el contribuyente hacia el receptor del mismo, debe eliminarse, aun tomando en cuenta que, en muchos casos, una misma persona es el contribuyente y el receptor beneficiario del subsidio.

Retomando el tema del subsidio al precio de la gasolina la pregunta es si, al momento de eliminarse, eliminación a la que apunta el aumento gradual en el precio del energético, los contribuyentes, de cuyos bolsillos salen los recursos con los que el gobierno subsidia, recibirán el beneficio de la reducción, por mínima que sea, en los impuestos que pagan, consecuencia de la eliminación del subsidio. Los contribuyentes, ¿recibirán ese beneficio? La eliminación del subsidio, y por lo tanto de esa partida de gasto gubernamental, ¿dará como resultado la reducción de impuestos, por mínima que sea, ¡tal y como debería de ser!? No, claro que no, ya que la voracidad de los presupuestívoros, y presupuestívoros, en mayor o menor grado, son todos los gobernantes, no conoce límites. En el momento en el cual se anuncie que se libera una partida presupuestal, consecuencia de la eliminación del subsidio al precio de la gasolina, más de un grupo de presupuestívoros demandará su canalización según sus intereses, lo cual afectará, de manera directa, a los consumidores de gasolina, quienes, como contribuyentes, seguirán pagando los mismos impuestos y, en su calidad de consumidores de gasolina, pagarán un precio mayor que el que pagaban en tiempos del subsidio. ¿Conclusión? Para los consumidores de gasolina la eliminación del subsidio es perjudicial, no tanto porque aumente el precio del combustible, sino porque no se les compensa, en su calidad de contribuyentes, con la reducción de impuestos, y no se les compensa por la voracidad de los presupuestívoros, y por su capacidad para obligar a los contribuyentes a entregarles, gracias a la tarea de los recaudadores, parte del producto de su trabajo, que, eso, y nada más que eso, supone el cobro de impuestos: no es que los contribuyentes paguen impuestos, sino que los recaudadores se los cobran, algo un tanto cuanto distinto.

¿Quiere decir lo anterior que, dado el perjuicio que el contribuyente – consumidor de gasolina recibirá de la eliminación del subsidio, el mismo no deberá de eliminarse? No, ya que, como lo señalé en la primera entrega, se traduce en un precio menor del que se cobraría sin el subsidio, todo en beneficio de los consumidores, pero en perjuicio del consumo racional de dichos combustibles.

• Subsidios • Política fiscal • Impuestos • Gasolina

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