JUEVES, 30 DE JUNIO DE 2011
Los crímenes del PRI y los de… la izquierda (II)

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El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“La izquierda sigue justificando la lucha armada, unas veces manejando el mito de la autodefensa y otras veces descarándose y dando a conocer los reales móviles de la guerrilla.”


Mientras que Felipe Calderón intenta hacer creer que los izquierdistas desaparecidos en los años setenta eran pacíficos opositores al régimen priísta, la falsificación de la historia por parte de la propia izquierda no llega tan lejos, no es tan orwelliana. La izquierda mexicana sí admite que una fracción significativa de sus integrantes optó por la lucha armada y justifica esa decisión hasta hoy.

La mitología sobre el compromiso de la izquierda con la violencia dice que en virtud de las masacres del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, no quedó más remedio que la lucha armada como medio de autodefensa. Pero esta narrativa tienen un pequeño problema: los grupos subversivos izquierdistas surgieron no después ¡sino antes de las masacres estudiantiles del 2 de octubre y el 10 de junio!

La primera acción subversiva tuvo lugar el 23 de septiembre de 1965, cuando una brigada del Grupo Popular Guerrillero, encabezado por Arturo Gámiz asaltó el cuartel del ejército en Madera, en la sierra de Chihuahua, con un saldo de 13 muertos: 8 atacantes y 5 soldados.

¿Por qué este grupo realizó este ataque?, ¿acaso el ejército y esos soldados en particular habían masacrado estudiantes? No. ¿Los soldados habían masacrado campesinos? No. ¿Los soldados habían asesinado a integrantes del grupo agresor y les impedían ejercer sus derechos de asociación y expresión? No.

Este ataque artero no tuvo más propósito que imitar el asalto al cuartel Moncada protagonizado por Fidel Castro y sus matones el 26 de julio de 1953, con el cual se inicia la “revolución cubana” según la mitología castrista. Los terroristas en Chihuahua no tenían otro propósito que iniciar la revolución que los conduciría al poder, a fin de implantar el socialismo en México e instaurar la dictadura del proletariado según el modelo castrista-guevarista.

La acción sigue siendo justificada por la izquierda hasta nuestros días. Este es un fragmento de los textos apologéticos de la violencia terrorista, que se usan para la formación ideológica en la Escuela de Cuadros del PRD:

“La decisión de tomar las armas por este núcleo pro-socialista, fue porque en la sierra de Chihuahua había un latifundismo ganadero de dimensiones descomunales; significativo rezago agrario; inhumana explotación, como el cacicazgo de la familia Ibarra, y un gobierno represivo, autoritario y antipopular.

“(…) Por eso, en la proximidad de esta celebración guerrillera, rendimos hoy un sentido homenaje a la Liga Comunista 23 de Septiembre y sus líderes: Arturo Gámiz García, Pablo Gómez Ramírez y Salomón Gaytán Aguirre.” [“A 45 años de la Liga Comunista 23 de Septiembre”].

Aunque el autor de este texto (un tal Guillermo Portugal) es tan ignorante como para sostener que la Liga Comunista 23 de Septiembre ya existía en 1965 (¡surgió hasta 8 años después!), lo que hay que destacar es cómo la izquierda sigue justificando la lucha armada, unas veces manejando el mito de la autodefensa y otras veces descarándose y dando a conocer los reales móviles de la guerrilla.

El Grupo Popular Guerrillero ya operaba desde 1964 y en febrero sus integrantes llevaron la voz cantante en el Segundo Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal”, celebrado en Torreón de Cañas, Municipio de Las Nieves, al norte de Durango, (con la asistencia “de cientos de estudiantes”), el cual resolvió iniciar la lucha armada, con la siguiente justificación:

“Estamos convencidos de que nuestros enemigos no respetan nada ni a nadie más que al fusil. Estamos convencidos de que no entienden ningún lenguaje más que el de la fuerza. Estamos convencidos de que en sus cabezas no entran razones y de que por las buenas sólo burlas ganamos (...) Estamos convencidos de que ha llegado la hora de hablarle a los poderosos en el único lenguaje que entienden, llegó la hora de que las vanguardias más audaces empuñen el fusil porque es lo único que respetan y escuchan, llegó la hora de ver si en sus cabezas penetran las balas ya que razones nunca les entraron” [Énfasis mío. Tomado del informe de la Fiscalía Especial de Movimientos Sociales y Políticos del Pasado sobre la “guerra sucia”, capítulo 5, página 4].

De modo que la lucha armada no era ni defensiva ni justiciera, sino de pura pedagogía terrorista: la letra con bala entra.

Los movimientos de oposición armada posteriores a las masacres estudiantiles usaron éstas no como motivo, sino como pretexto para la violencia y prueba de ello es que: primero, es falso que no hubiera más camino de expresión política que la violencia; segundo, las acciones terroristas no tuvieron como blancos a los responsables de las masacres estudiantiles, sino a personas inocentes o que no habían tenido que ver con aquellas.

La prueba fehaciente de que aun en condiciones difíciles era posible la acción política no violenta, es la actividad desarrollada en los años sesentas y setentas no sólo por el principal partido opositor del siglo XX que fue el PAN, sino por los grupos de izquierda que no optaron abiertamente por la guerrilla: el Partido Comunista, las formaciones maoístas como Línea de Masas y Línea Proletaria, el Partido Mexicano de los Trabajadores de Heberto Castillo, los cardenistas del Partido Socialista de los Trabajadores, el Movimiento de Acción Popular de un grupo de socialdemócratas seguidores de Rafael Galván y los diferentes grupos troskistas que fundarían el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Después del 2 de octubre o el 10 de junio, las acciones violentas de los grupos subversivos ¿se orientaron contra las personas de los Presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez? ¡No! ¿Contra los mandos e integrantes del Batallón Olimpia, la Dirección Federal de Seguridad o Los Halcones? ¡No!

Los terroristas mataron unas 300 personas, de las cuales no se ha podido demostrar que alguna hubiera participado en aquellas masacres. Además otras personas inocentes fueron víctimas de no menos de 200 atracos y de al menos 52 secuestros. Doce víctimas de secuestro fueron asesinadas por los terroristas: Agustín Bautista Cabrera, José Becerra Luna, Telésfora Vargas de Soto, Miguel Soto, Eugenio Garza Sada (además de su chofer y un guardaespaldas), Fernando Aranguren Castillo, Alfredo Rojas Vela, Margarita Saad viuda de Baz, Élfego Coronel Ocampo, Hermenegildo T. Velasco, Margarita Wurtz de Keller y Hugo Margain Charles.

El 21 de agosto de 1977 integrantes del Frente Revolucionario Armado del Pueblo capturaron un camión de pasajeros de la línea Flecha Amarilla y exigieron, a cambio de no asesinar a sus rehenes, fueran liberados los hermanos Campaña López, responsables de secuestros y asesinatos. En La Piedad, Michoacán, cuando la policía intentó rescatar a los rehenes, los terroristas detonaron las granadas, mataron a 10 pasajeros e hirieron a otros 18.

Decenas de personas inocentes fueron asesinadas en atracos, acciones de propaganda armada y detonación de explosivos. Entre 1973 y enero de 1976 la Liga Comunista 23 de Septiembre asesinó 95 policías, sólo en la ciudad de México, cuando los agentes cumplían tareas rutinarias de vigilancia en las calles. El 12 de octubre de 1974 fueron asesinados en San Juan de Aragón 11 policías auxiliares que estaban desarmados, lo cual sabían de antemano los valientes y muy heroicos jóvenes idealistas de la Liga que los asesinaron.

El gobierno reprimió la subversión con una combinación de medidas legales y claramente criminales como la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y la desaparición forzada de entre 275 y 372 personas, de acuerdo con la investigación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

No hay excusa para esas atrocidades. Pero si los métodos fueron criminales, el propósito en modo alguno lo fue. Sea por las razones que fueran, los gobiernos priístas impidieron que México viviera las guerras civiles que enfrentaron El Salvador o Colombia, con su decenas de miles de muertos, y sobre todo que los comunistas tomaran el poder y sumieran al país en un mar de sangre.

(Continuará.)

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