MIÉRCOLES, 6 DE JULIO DE 2011
Pendejonomics en la agricultura

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“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“El objetivo de la política gubernamental hacia la agricultura debe ser el desarrollar un marco que proporcione el espacio máximo para las decisiones individuales. Es decir; sacudirnos al Estado y sus infantiles blindajes para que el agricultor busque su nicho.”


Amén, amén, amén, la agricultura mexicana ha muerto. Uno de los motivos por los cuales la horda de barbajanes propulsada tanto con energía animal como mecánica irrumpió en el edificio de San Lázaro hace unos meses, es su gran malestar por la implementación de la última etapa del TLC la cual, según sus expertos, afecta tanto y tan cruelmente al campo mexicano. Es tal la miope visión que un alto jerarca de la iglesia tronó intercediendo por los miserables hombres del campo. Mi primera pregunta: Sr. Arzobispo: ¿Por qué no interceder por el miserable consumidor?

Repito lo dicho miles de veces; la economía de mercado no es pro negociante estatista, ni pro agricultor ineficiente, la economía de mercado es pro consumidor; ¿quieres que te lo cuente otra vez? Los participantes en una verdadera economía de mercado son motivados por su “ambición,” lo cual los obliga a ofrecer los mejores productos a los precios más bajos en un ambiente de competencia, y al consumidor no le interesa si quien los ofrece es chino, ruso, griego o mexicano. Para competir con éxito ellos deben de trabajar con eficiencia y tecnología, mas no con linchamientos, invasiones al Congreso y menos por las declaraciones místicas de los hombres de Dios.

Sin embargo, la agricultura mexicana sigue siendo instrumento político de siempre completamente alejado de la realidad, del sentido común, y de esa eficiencia que debe exhibir una actividad abierta a la competencia. Esta actividad, en México sigue atrapada en las redes de lo que el galardonado premio Nobel James Buchanan llama el “Public Choice,” cuando la describe como la extensión de la teoría económica al obeso campo de las alternativas políticas.

La agricultura es un manoseado problema mundial y, como cualquier burbuja creada por los gobiernos, algún día debe de explotar. En el tránsito de una economía rural a la industrial, el mundo entero perdió la brújula del proceso que ha modificado esta actividad. La demanda de mano de obra que produjo la Revolución Industrial extrayéndola de la agricultura mediante el aumento desproporcionado de los ingresos; confundió a los expertos quienes de inmediato sin permitir que los mercados “colaran” el proceso para luego estabilizarlo, con urgencia definieron “el problema del campo.”

Los gobiernos mundiales y en especial el de EU, se dieron a la tarea de rescatar la agricultura mediante burocráticos programas para promover el aumento del precio de sus productos. Ello sumado a la tecnología moderna ha incrementado la oferta a un ritmo superior a la inelástica demanda, lo que ha construido un castillo artificial distorsionando los mercados para convertiros en arenas políticas en las cuales se baten demagogos, lideres corruptos, negociantes pegados a la ubre del gobierno, gestores, etc. todos ellos a costillas del consumidor.

La agricultura mexicana, producto de las falacias revolucionarias, ha muerto. Como en la famosa película “Others People”s Money” en la cual Danny de Vito protagonizando un “Raider” intenta llevar a cabo la compra hostil de una vieja y obsoleta fábrica de alambre de cobre. Ante ello su otoñal dueño, protagonizado por Gregory Peck, dirige su oratoria ante la asamblea de accionistas tratando de evitarlo, pero utilizando argumentos dirigidos al corazón mas no a la razón que simplemente no aterrizan. Al terminar su romántica perorata y dar la palabra al pirata de Vito, como él lo califica, éste de forma genial simplemente afirma: Amén, amén, amén.

Con ello telegrafiaba y preparaba su mensaje afirmando a los accionistas; “su compañía está en agonía. Le pueden prolongar su estado comatoso para que a futuro tenga una muerte más dolorosa y dramática, o me la entregan para venderla en partes y rescatar algo de su dinero. O tal vez podamos utilizar sus activos en otros procesos industriales y olvidarnos de competir con las nuevas tecnologías que la han llevado al grave estado donde se encuentra.” Renovarse, adecuarse o morir era lo que les ofrecía a los accionistas; más no mantener el statu quo esperando un rescate de parte de los causantes”.

El gobierno de Calderón presionado por los ciegos accionistas de este monumental enredo, responde a la realidad de la misma forma que el viejo industrial tratando de aferrarse a un sueño imposible. Ante la creativa destrucción de los mercados, responde con odas románticas y promesas de blindajes que solo funcionan en la mente de los ilusos renuentes a enfrentar la realidad. A ellos mi mensaje: Amén, amén, amén. La agricultura mexicana ha muerto y nadie se atreve a sepultarla. La agricultura, como la hemos conocido, ha muerto, pero puede y debe renacer. Debe renacer una renovada y liberada agricultura cuyo incentivo no sea producir para el gobierno sino para el mercado.

Amén, la vieja agricultura mexicana ha muerto por el agrarismo, la ineficiencia del ejido, por la falta de respeto a los derechos de propiedad, por las telarañas burocráticas en amasiato con líderes corruptos. Ha muerto cuando el Estado no pudo seguir entregando el sagrado semanario a sus hijastros a través de los empantanados esquemas de subsidios, permisos, precios de garantía, bancos de promoción, anulación de la competencia y demás garabatos que ahora deben de enfrentar la realidad.

Pero al igual que el tenebroso grito del Presidente de la vergüenza; López Portillo en su toma de protesta: “Y por siempre vivirá México.” La agricultura mexicana, como Lázaro a solicitud, con el esfuerzo, el trabajo y el destete de los verdaderos hombres del campo—no los emanados del rentismo—puede renacer. Pero debe renacer en un entorno diferente. Debemos de construir la cultura de los derechos individuales que incluya el derecho para consumar transacciones voluntarias, y de esa forma rescatarla de las redes de la demagogia política y del amasiato de los titanes del campo con el Estado.

El objetivo de la política gubernamental hacia la agricultura debe ser el desarrollar un marco que proporcione el espacio máximo para las decisiones individuales. Es decir; sacudirnos al Estado y sus infantiles blindajes para que el agricultor busque su nicho. Si nuestros políticos revolucionarios, los resentidos, los místicos y sobre todo el agricultor lo entienden, el verdadero hombre del campo emergerá; hombres como aquellos que conquistaron los desiertos de Sonora, las planicies de la Laguna, los valles de Sinaloa. Hombres que en lugar de perder su tiempo mendigando ayuda, se curtieron el rostro trabajando sin esperar nada del gobierno, más que no les tapara el sol. Entonces habrá renacido la podada agricultura que requerimos, la que deba competir no mendigar y mucho menos chantajear.

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