MIÉRCOLES, 8 DE MARZO DE 2006
Dinámica comercial y salud

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Los Tratados de Libre Comercio han sido fuertemente criticados porque supuestamente menoscaban la soberanía nacional y la salud individual. Esta infeliz tesis está basada en dos nociones totalmente equivocadas.”


En la columna anterior señalamos que el libre intercambio de bienes y servicios entre individuos de distintos países –comercio internacional–, ha sido acusado de causar males como la pobreza, desempleo, deforestación y contaminación ambiental. ¿Cuáles son las bases de esta acusación? En realidad, no las hay. Esta acusación proviene de la ignorancia: los acusadores no alcanzan a comprender la dinámica de la creación de riqueza, la cual se expresa de la siguiente manera: para que el sistema de especialización e intercambio genere más riqueza, con los mismos recursos, tienen que surgir mejores soluciones para las necesidades de consumo de los participantes, las cuales, al desplazar a las menos buenas, desplazan también a sus proveedores. No hay alternativa.

 

Ante este efecto, los gobernantes se convencen de que el comercio libre crea desempleo, la quiebra de empresas y pobreza; por tanto, erigen barreras comerciales para “corregir” el problema. Esto es un craso error, pues ignoran los grandes beneficios que la nueva solución genera para la gran mayoría de la sociedad. Por ejemplo, el descubrimiento de una medicina que cura, digamos, el cáncer de pulmón que mata a un millón de personas al año desplaza a la quimioterapia y otros tratamientos, y sus proveedores tienen que cambiar de actividad. La dificultad temporal de estos proveedores es lo único que ven los gobernantes; no aquilatan el beneficio para el millón de personas que ya no morirán de cáncer, incluidos muchos de los desplazados. Las consecuencias de las barreras comerciales, como es de esperar, son el encarecimiento de los alimentos, medicinas y servicios de salud, en detrimento del bienestar de los individuos.

 

Aunque están lejos de ser lo mejor, los mal llamados Tratados de Libre Comercio ayudan a corregir este error; sin embargo, han sido fuertemente criticados porque supuestamente menoscaban la soberanía nacional y la salud individual. Esta infeliz tesis está basada en dos nociones totalmente equivocadas. La primera consiste en creer que los individuos participan en el sistema de especialización e intercambio con el fin de satisfacer necesidades de producción ─lo que implicaría escasez y precios elevados─, cuando, en realidad, lo hacen para satisfacer necesidades de consumo ─lo cual supone abundancia de alimentos y medicinas, a precios bajos. La segunda consiste en concentrarse en la imposibilidad de seguir manufacturando medicinas genéricas (más baratas) sin que se haya vencido la patente en el país de origen. El libre comercio para una mejor salud, un libro recién publicado por la International Policy Network (IPN), de Inglaterra, junto con varios otros institutos ─entre ellos, el INLAP─ demuestra que el 95 por ciento de las medicinas esenciales no son afectadas por esos tratados.


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