MARTES, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2011
Libros: regresa el control de precios por la puerta trasera

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“El precio único no hará, por supuesto, nada para abaratar el libro ni fomentar la lectura, sino más bien para lo contrario. Pero el daño no se limitará al ámbito editorial. Lo que se ha impuesto es un peligroso precedente para el retorno triunfal del control de precios.”


Los izquierdistas, que son mayoría en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se impusieron por enésima vez y avalaron el precio único a los libros que dispone la Ley de Fomento a la Lectura, contra la cual algunas empresas promovieron un juicio de amparo.

De hoy en adelante, el precio que el editor de una obra determine deberá ser el mismo al que se venda en cualquier librería. Si por ejemplo Cotsco o Gandhi le venden a usted por debajo de ese precio, pues Costco o Gandhi se exponen a multas y clausuras e incluso a ser expulsadas del mercado por efecto de la violencia del Estado. Así es como nuestros gobernantes supuestamente promoverán al libro y a su lectura.

Los argumentos a favor a esta medida soviética son absurdos e hilarantes, tanto los que figuran en la exposición de motivos, como los elaborados por la amplia legión de estatólatras o adoradores del intervencionismo estatal, como el señor Gabriel Zaid.

El precio único es necesario, dicen los estatólatras, porque México es un país de analfabetas funcionales debido a que los libros son “muy caros” y no hay una red de librerías tan grande como sería deseable. Pero ¿por qué los libros son tan supuestamente “caros”? ¡Por que los de Costco y los de El Sótano los venden más baratos!

Zaid pretendió construir el argumento con más sofisticación, con base en la falaz teoría dominante de los monopolios, la cual justifica las leyes en la materia. Según esta teoría, las grandes empresas desplazan a las menores con bajos precios para apoderarse del mercado, pero una vez en control de éste suben los precios y esquilman a los consumidores. Es decir el cuento de los “monopolios” mediante el dumping.

Pero esto no es lo que ocurre en la realidad. Y los ejemplos sobran, ya se trate de Microsoft que de Walmart. Pero para no ir tan lejos: no es cierto que porque hayan ganado importantes porciones del mercado del libro Cotsco, Gandhi, El Sótano o Walmart, ahora vendan más caro.

La imposición, esa sí monopolista, del precio único al libro no se origina ni se inspira en preocupación alguna por los consumidores o por lo propietarios de pequeñas librerías. Al igual que todas las demás medidas monopolistas (es decir las del Estado porque el mercado libre NO crea monopolios), el precio único se instaura en interés de actores económicos que quieren ventajas extraordinarias, que no obtendrían mediante la libre concurrencia.

Los promotores iniciales y principales beneficiarios de la medida no son otros que los editores de libros, quienes se quejan de que las “grandes” cadenas les presionan a bajar sus precios, lo que reduce su margen de utilidad.

¿Le suena conocida la cantaleta? Pues tiene usted razón, es lo mismo que por décadas hemos escuchado de muchos productores que deben tratar con Walmart o Costco y que se quejan de la tiranía de las empresas comerciales, las cuales les presionan para bajar sus precios, pues las muy canallas quieren vender sus productos con los precios más bajos posibles para favorecer a… los consumidores finales.

El precio único no hará, por supuesto, nada para abaratar el libro ni fomentar la lectura, sino más bien para lo contrario. Pero el daño no se limitará al ámbito editorial. Lo que se ha impuesto es un peligroso precedente para el retorno triunfal del control de precios (que tampoco jamás se fue del todo) y el hostigamiento contra las empresas privadas favorables a la libre competencia (sobre todo las del comercio al menudeo).

Quite usted la palabra “libro” de la ley de marras o de las justificaciones intervencionistas de Zaid y ponga el nombre de otra mercancía y tendremos el instrumento de justificación del control generalizado de precios, una de las fuerzas mas perniciosas contra una economía.

El fallo de la Corte ha venido a ratificar, por si todavía cupiera duda, la extrema perversidad de la Ley Federal de Competencia (en cuyos principios se apoya la que impone el precio único del libro). Si esta ley rigiera en el deporte, quedaría prohibido a los jugadores de futbol meter goles o ganar los partidos o peor, aún, ganar los torneos.

Esa ley es la mayor promotora de la mediocridad y es una espada que pende sobre la cabeza de los emprendedores. Si es usted un empresario que se gana a cada vez más clientes porque les sirve mejor que sus competidores, cuidado: su empresa puede verse hecha pedazos por el Estado, puede usted ser despojado hasta del 10% de su patrimonio por el Estado o puede usted ser metido por el Estado a la cárcel hasta por 10 años, como el peor criminal…

• Competencia • Intervencionismo • Precio único • Intelectuales iluminados • Monopolios

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