MARTES, 4 DE OCTUBRE DE 2011
Horizonte financiero borrascoso

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“No resulta fácil darle seguimiento a la pléyade de eventos y circunstancias que contribuyen desde todos los ángulos de la economía del orbe a sembrar temores renovados sobre el curso de la economía mundial, pero un recorrido breve de lo que está pasando ayuda a evaluar los peligros que enfrentamos.”


El tercer trimestre de 2011 terminó con los peores indicios de que la crisis financiera iniciada hace casi tres años no ha tocado fondo y de que los frágiles indicios de una recuperación económica global se están revirtiendo, lo que hace temer a cada vez más analistas una recaída grave.

No resulta fácil darle seguimiento a la pléyade de eventos y circunstancias que contribuyen desde todos los ángulos de la economía del orbe a sembrar temores renovados sobre el curso de la economía mundial, pero un recorrido breve de lo que está pasando ayuda a evaluar los peligros que enfrentamos.

La crítica situación que sufren los 17 países integrantes de la zona del euro a resultas de las dificultades por las que atraviesa Grecia y otras naciones con deudas difícilmente pagables en sus términos originales, sigue su lento deterioro, lo que se debe, como escribí en esta columna hace un par de semanas, más a un diseño institucional fallido del euro para enfrentar crisis como la actual que a la falta de arrojo y determinación de sus líderes.

En el tiempo transcurrido desde la erupción de la crisis griega se han ido poniendo las bases para proceder al rescate financiero de los tres primeros países en problemas –además de Grecia, Irlanda y Portugal- y para aislar a los siguientes en la lista de vulnerables, con su orden trastocado por el pánico de los inversionistas sobre cuál será el siguiente: Chipre, Italia, Bélgica y España.

La queja de la comunidad financiera del resto del mundo, manifiesta en la reunión anual del FMI/Banco Mundial de la semana anterior, es que todo esto ha procedido con una desesperante parsimonia que ha llevado a que los remedios aplicados sean insuficientes y tardíos, lo que agrava los temores de un desenlace fatal no sólo para Europa sino para la economía global.

Hay que tomar en cuenta la compleja dinámica política en los países que a fin de cuentas pagarán los platos rotos de cualquier rescate, sobre todo Alemania. La semana pasada su Canciller Ángela Merkel, consiguió la aprobación de los nuevos instrumentos de rescate, después de intenso cabildeo y de sembrar temores graves entre los legisladores sobre las ruinosas secuelas de no actuar.

La actitud de los activistas que protestan por la austeridad que sus gobiernos se han visto obligados a adoptar, sobre todo en Grecia, no ayuda en nada. La semana pasada burócratas sublevados impidieron el paso de los funcionarios encargados de las estadísticas nacionales, ingrediente esencial para que el llamado “triunvirato” –el Banco Central y la Comisión europeos, además del FMI- pueda aprobar el próximo desembolso del rescate financiero.

Lo que estos manifestantes no parecen entender es que los ajustes en las economías de su países se van a dar con o sin el apoyo del “triunvirato” y que en ausencia de éste los costos para ellos serán mucho más elevados.

Por su parte, en EU es cada vez más evidente la desaceleración de una economía con atributos estructurales que no se van a corregir con medidas de política monetaria de emergencia, como la recién adoptada operación “twist” –por la que el Fed vende bonos con vencimientos de largo plazo y compra los de corto plazo para bajar las tasas largas-, ni otras sugeridas mas no detalladas, de adoptar una laxitud aún mayor ante el espectro de una supuesta deflación.

Los aspectos estructurales aludidos incluyen la reticencia del consumidor de EU de regresar al papel de principal locomotora de la economía mundial, como lo hizo en la década previa a la erupción de la crisis, pues desea aumentar su ahorro para compensar las pérdidas sufridas en el mercado de bienes raíces.

Además, se calcula que el inventario de viviendas por vender equivale a dos años de construcción, lo que garantiza que esa industria no se recuperará en un buen rato, a lo que se suma que el sector fabril se encuentra operando a un 75% de su capacidad y no es sino arriba del 80% cuando típicamente empieza a haber inversión y generación de nuevos empleos.

Por último, el gobierno de EU debe proponer un plan técnicamente sensato y políticamente viable para corregir su desequilibrio fiscal en el mediano plazo, pues el actual impasse en Washington genera una bien explicable desazón entre los inversionistas. A esto se suma la orgía de nuevas y costosas regulaciones impuestas por el gobierno de Barack Obama con elevados y crecientes costos para el sector privado.

Para cerrar este cuadro abismal, enfrentamos la tangible desaceleración de los países emergentes cuyo sólido crecimiento, alentado con importantes paquetes de estímulo fiscal que hoy son irrepetibles, amortiguó el colapso económico de 2008. ¡Las perspectivas económicas globales se ven ciertamente tenebrosas!

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