MARTES, 11 DE OCTUBRE DE 2011
Fortaleza energética en América del Norte

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La séptima reunión anual del Foro de América del Norte, a pesar del inminente peligro de recaer en una nueva y grave recesión, se mostró optimista sobre el futuro de la región, sobre todo cuando se planteó la posibilidad de alcanzar la autonomía energética de la zona.”


Asistí el fin de semana a la séptima reunión anual del Foro de América del Norte, entidad cuyo propósito central es promover una visión común para Canadá, México y Estados Unidos, y crear las bases políticas y conceptuales para la mayor cooperación entre los tres países en el diseño y adopción de mejores políticas públicas.

Este grupo, integrado por líderes de los tres países de los ámbitos privado y académico, aunque muchos de ellos son funcionarios que ocuparon puestos clave en los gobiernos de sus países y que hoy están retirados del escenario público, escoge los temas centrales de la coyuntura de la región para su análisis.

Dadas las complejas circunstancias por las que atraviesa Estados Unidos ante el inminente peligro de recaer en una nueva y grave recesión, que para muchos analistas es sólo la continuación de la iniciada hace tres años, me llamó poderosamente la atención el tono optimista sobre el futuro de la región.

Esto fue notorio sobre todo cuando se planteó la posibilidad de alcanzar la autonomía energética de la zona con base en los nuevos descubrimientos de cantidades enormes de petróleo y gas asociados a arcillas esquistosas en la costa del Golfo de México en EU y en nuestro país también, además del petróleo de Alberta, provincia canadiense con notables descubrimientos recientes de arenas saturadas de hidrocarburos.

La empresa TransCanadá está en proceso de ampliar el oleoducto que actualmente ya permite llevar el petróleo de Alberta a EU, con un potencial de 300 mil millones de barriles, más que las reservas probadas de Arabia Saudita, y en la extensión propuesta para alcanzar las refinerías en Houston, Texas, lo que permitiría a EU hacer un avance notable en acceder a mayores recursos energéticos de la región.

Me llamó la atención también que se haya mencionado la posibilidad de acuerdos tecnológicos entre Pemex y empresas con tecnología de punta que, respetando el marco jurídico prevaleciente en el país, permitan la exploración y eventual explotación de los ricos campos petroleros detectados en aguas profundas del Golfo.

Paradójicamente, el principal obstáculo que enfrenta la industria energética de los tres países de Norteamérica es el exceso de regulación y el enjambre de ordenamientos burocráticos que hacen que proyectos enormemente rentables, como presas, plantas nucleares, ductos y redes de transmisión, se vuelvan inviables.

La indeseable intervención gubernamental incluye el otorgamiento de subsidios a tecnologías energéticas que son verdes sólo porque reciben muchos dólares que están impresos con tinta de ese color, como la producción de etanol a partir de maíz, que es un esquema que les encanta a los productores en las llanuras del centro de EU y a sus líderes políticos pero que en términos económicos no hacen el menor sentido.

El mismo es el caso de subvencionar la producción a partir de generadores de viento en sitios proclives a que éste no sople o la instalación de paneles para generar electricidad solar en países septentrionales en los que los rayos de sol son muy escasos durante muchos meses.

Se mencionó lo deseable que sería que hubiera una red de transmisión eléctrica integrada entre los tres países del área para alcanzar una menor vulnerabilidad de la que tienen los sistemas que existen actualmente, lo que quedó en patente y grave evidencia con el apagón que sufrió la zona sur de California semanas atrás, al cortarse accidentalmente un cable de transmisión en el estado contiguo de Arizona.

Todo lo anterior lleva a que es perfectamente viable orquestar políticas públicas que alejen a la región de depender de recursos energéticos provenientes de países ubicados en zonas de alto riesgo, como el Cercano Oriente, o de comprar a naciones hostiles, proclives a usar sus recursos para el chantaje y la intimidación política.

Lo más notable, sin embargo, es el contraste de la riqueza energética de América del Norte con la situación prevaleciente en otros ámbitos dónde se generará el mayor crecimiento de su demanda futura. China es un comprador neto de recursos energéticos y lo será de manera creciente, al igual que Europa, cuya dependencia de vecinos y regiones inestables, como Rusia y los países árabes, seguirá aumentando.

Todo esto enfatiza la prioridad de que los países de América del Norte adopten las medidas necesarias –incluyendo la eliminación de burocracia y de subsidios negativos- para convertirse en una región energética potente, bien integrada y con prospectos de expansión y exportación neta sólidos y muy rentables.

• América del Norte

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