Pesos y contrapesos
Nov 30, 2011
Arturo Damm

Una de Cicerón

Ningún gobierno es capaz de darle todo a todos, por lo que únicamente le da algo a algunos, siendo que ese algo que le da a algunos previamente se lo quitó a alguien más, como que dos más son cuatro, sin olvidar que no hay gobierno que pueda hacer que el resultado sea cinco, mucho menos seis o siete.

“El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado”. ¿Quién lo dijo? Marco Tulio Cicerón, cuya frase muestra que no hace falta un doctorado en ciencias económicas para saber qué se debe hacer con el fin de evitar problemas como los que enfrentan hoy gobiernos que van, desde el estadounidense hasta el griego, y todos aquellos que quepan entre estos dos extremos, como es el caso del italiano. ¿Qué recomienda Cicerón? Prudencia, que en este caso supone tener claro que dos más dos son cuatro, y que no hay gobierno que pueda hacer que el resultado sea cinco, mucho menos seis o siete.

Regla de oro de las finanzas gubernamentales: el presupuesto debe equilibrarse, lo cual supone que no haya déficit, pero tampoco superávit, siendo el déficit aquella parte del gasto gubernamental que no se financia con impuestos, por lo que se financia, o con deuda (de los males el menor) o con emisión de dinero (de los males el mayor), siendo el superávit aquella parte de los ingresos gubernamentales que no se gastan en beneficio de los gobernados, lo cual resulta injustificable, por más buena prensa que tenga el superávit presupuestario. Hay que insistir. Regla de oro de las finanzas gubernamentales: el presupuesto debe equilibrarse.

Le enmiendo la página a Cicerón. Si el presupuesto está equilibrado, entonces, por definición, el gobierno no se endeuda, y todo su gasto lo financia con impuestos. Un presupuesto equilibrado supone que no hay deuda, ¡tal y como debe ser!, por más que muchos, comenzando por los gobernantes a quienes les conviene financiar parte de sus gastos con endeudamiento, digan que, mientras no sea muy abultada, no hay problema con la deuda gubernamental. Mi postura es que una deuda gubernamental no abultada es, comparada con una abultada, un mal menor, pero mal al final de cuentas.

Punto importante de lo dicho por Cicerón: que la gente aprenda nuevamente a trabajar para dejar de vivir a costa del Estado, es decir, traído el asunto a tiempo presente, para dejar de vivir a costa del gobierno en turno, que pretende ser desde ángel de la guarda, y como tal preservar a los gobernados de todos los males, hasta hada madrina y, como tal, concederles todos los bienes, sin olvidar este pequeño detalle: ningún gobierno es capaz de darle todo a todos, por lo que únicamente le da algo a algunos, siendo que ese algo que le da a algunos previamente se lo quitó a alguien más, como que dos más son cuatro, sin olvidar que no hay gobierno que pueda hacer que el resultado sea cinco, mucho menos seis o siete.

Y lo más importante: la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada. Contenida. Reprimida.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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