VIERNES, 23 DE DICIEMBRE DE 2011
La cuesta de enero

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Me da la impresión de que la mentada cuesta de enero tiene clientes frecuentes, asiduos transeúntes de la misma, irredentos contratantes de deuda en diciembre impagable en enero. ¿Por qué?”


Año tras año escuchamos la misma canción, ¡Cuidado con la cuesta de enero!, y año tras año muchos se enfrentan a la mentada pendiente del primer mes del año, enfrentamiento que se da en las casas de empeño, conocidas como montepíos, que cobran intereses que algunos no dudarán de calificar de usureros (certeza ante la cual hay que recomendarles la lectura de En defensa de la usura de Jeremy Bentham, serie de textos escritos en 1787, y en los cuales Bentham se deja ver como el buen economista que fue, dándole lecciones de economía, ¡nada más ni nada menos!, que al mismo Adam Smith, que en este punto, el de los intereses usureros, andaba un tanto cuanto despistado).

El hecho es que mucha gente, que en el pasado ya se enfrentó a la cuesta de enero, no duda en comportarse de tal manera que, en el futuro inmediato (enero le sigue a diciembre), volverá a enfrentarla. Es más, me da la impresión de que le mentada cuesta de enero tiene clientes frecuentes, asiduos transeúntes de la misma, irredentos contratantes de deuda en diciembre impagable en enero. ¿Por qué? No por falta de luces en la inteligencia, tal vez tampoco por debilidad de la voluntad, sino por lo que podríamos llamar machismo financiero, basado en el popular dicho que pregunta Y lo bailado ¿quién me lo quita? pregunta que tiene una, ¡y solamente una!, respuesta correcta: nadie ni nada. Esa es la ventaja (o desventaja, según de lo que se trate), del pasado. Lo hecho, hecho está o, dicho en otra versión, lo baliado, bailado está, y no hay poder humano, y parece ser que tampoco divino (y no porque Dios no pueda, sino porque todo indica que no quiere), capaz de cambiarlo.

Cierto, lo bailado no hay quien nos lo quite (como tampoco lo comido y lo bebido, ¡y mucho menos lo leído!), pero no hay que olvidar, ¡pequeño detalle!, qua a los músicos, en algún momento, hay que pagarles, lo cual no te quita lo bailado, bailado que, desafortunadamente, no hace desaparecer las cuentas por pagar a los integrantes de la orquesta. Se trata del eterno problema económico, la escasez, entre cuyas consecuencias se encuentra el costo y el precio, realidades insuperables que, como tales, acaban imponiéndose: alguien tiene que pagar el precio del consumo que cubre el costo de haber producido lo consumido.

Termino como empecé. Lo primero que hay que tener claro es que la cuesta de enero no es un fenómeno macroeconómico (efecto de los errores de política económica del gobierno, como lo fue, por ejemplo, la recesión del 2009), sino un hecho microeconómico, consecuencia de que en diciembre se gastó lo que en enero no se puede pagar, resultado de elementos que abarcan, desde ignorancia en materia económico - financiera, hasta debilidad de la voluntad para resistir los embates del consumismo propio de la época navideña, siendo lo segundo, al momento de explicar la cuesta de enero, un factor mucho más importante que lo primero.

• Cultura económica

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