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“La campaña electoral de Barak Obama ya ocupa la totalidad de su tiempo, y tiene un claro tinte populista al privilegiar la lucha de clases y adoptar como su argumento central que los pobres lo son única y exclusivamente por culpa de los ricos.”


El movimiento de protesta en Estados Unidos que adoptó como su lema Ocupar Wall Street y que tomó como su nombre de guerra somos el 99 por ciento ha ido perdiendo gas conforme el suave invierno que se había dejado sentir en la mayor parte de ese país se ha venido recrudeciendo en los últimos días.

Ha sido interesante observar cómo han reaccionado distintos segmentos de la sociedad ante los retos planteados por este movimiento, en esencia anarquista, que no ha acertado a forjar un mensaje coherente y de objetivos que semejen aunque fuera remotamente una agenda de acción política.

A pesar de ello, el presidente Barak Obama adoptó algunos de sus slogans para su campaña reelectoral, que ya ocupa la totalidad de su tiempo, y que tiene un claro tinte populista al privilegiar la lucha de clases y adoptar como su argumento central que los pobres lo son única y exclusivamente por culpa de los ricos.

Lo paradójico de esto es que varios de los precandidatos presidenciales republicanos, en su afán por derrotar a Mitt Romney, quien hasta hace poco era el aspirante que estaba a la cabeza en las elecciones primarias celebradas y en las encuestas, han utilizado ataques que básicamente se hacen eco del populismo obamita.

La fortuna acumulada por Romney tiene su origen en los muchos años que trabajó como socio de Bain Capital, un fondo de capital de riesgo que, entre otras cosas, adquiere empresas en problemas financieros con objeto de corregirlos y proceder a su venta o, si no tienen remedio, liquidar la firma y despedir a los empleados.

Una característica esencial de una economía de mercado es que las empresas que fracasan por las razones que sean, vayan a la quiebra y sus activos se transfieran a la brevedad posible a otras actividades económicas, en lo que el gran economista austriaco Joseph Schumpeter llamó “destrucción creativa.”

Pensemos por un momento en el caso de la compañía Kodak, que por un siglo fue un modelo de éxito en la fabricación de cámaras fotográficas pero que conforme avanzó la tecnología y se volvió posible captar imágenes por medios electrónicos mediante la fotografía digital, se fue rezagando hasta llegar a su quiebra, recién anunciada.

El que otros precandidatos republicanos como Newt Gingrich, quien ganó la elección primaria celebrada en Carolina del Sur anteayer, ataquen a Romney de practicar un “capitalismo de rapiña,” es demagogia populista pura que va como anillo al dedo con el discurso de lucha de clases en el que Obama sustenta su campaña.

Gingrich, ex-diputado republicano que fue líder de la Cámara de Representantes a mediados de los años noventa, es un cínico sinvergüenza que se hizo millonario cuando dejó el Congreso para dedicarse a lo que muchos políticos retirados: traficar influencias al servicio de intereses particulares que buscan apoyo del gobierno.

Uno de los clientes de Gingrich fue Freddie Mac, empresa paraestatal dedicada a asegurar y empujar créditos hipotecarios a quienes carecían de la capacidad para pagarlos, que fue sin duda una de las causas de la burbuja en bienes raíces que causó la crisis financiera de 2008 que aún no superamos.

Cuando la prensa le preguntó a Gingrich qué hacía en esa paraestatal para devengar el pago de 1.6 millones de dólares por sus servicios, su respuesta fue de un descaro inverosímil: “me contrataron como historiador residente y le dediqué como una hora al mes –a razón de ¡30 mil dólares la hora!- a decirles que estaban locos.”

Lo que resulta sorprendente es que Romney, cuyo padre nació en Chihuahua en el seno de la comunidad mormona de ese estado, no haya acertado a hacer una defensa más efectiva de la creativa labor que realizó como banquero de inversión al conectar nuevas oportunidades de negocio con los recursos necesarios para emprenderlas.

La impresión generalizada en Washington es que Gingrich es inelegible tanto por su temperamento como por la cantidad de “esqueletos que cuelgan en su closet” y que Romney sería un candidato mucho más peligroso para Obama, particularmente si el Presidente insiste en que el tema central de su campaña sea la lucha de clases.

La razón de ello se explica con el contraintuitivo resultado de un experimento que hice con mis alumnos el semestre pasado. Les pregunté dónde preferían ubicarse, en el 99 por ciento de los manifestantes o como aspirantes al 1 por ciento. La respuesta fue generalizada en favor del 1 por ciento.

• Estados Unidos • Elecciones EU2012

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