Pesos y contrapesos
Feb 1, 2012
Arturo Damm

Los empresarios y sus culpas

La esencia de la empresarialidad es la causa del progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, y el empresario es el motor de ese progreso, al que tanto bien se le debe, por más que, obviamente, todavía falte mucho por hacer, siendo que nada de ello se hará sin los empresarios, que para muchos son, en cuanto tales, los malvados de la película, los villanos irredentos.

Tal y como era de esperarse, en el pasado Foro Económico Mundial, no faltaron las manifestaciones en contra de los empresarios, considerados, como siempre, los villanos de la película, señalados por los manifestantes como los responsables de faltas imperdonables, por las cuales tienen que pagar. En fin, nada fuera de lo normal en foros como el de Davos.

La verdad es que a los empresarios, en cuanto tales (ojo: ¡en cuanto tales!), es decir, en cuanto productores de bienes y servicios que se ofrecen, ¡punto que no hay que olvidar!, porque su consumo beneficia a quienes los compran, solamente se les puede acusar, suponiendo que sea el caso, de dos faltas, la primera de las cuales debe ser castigada, al tiempo que la segunda debe ser evitada, siendo el gobierno el responsable de ambas acciones: castigar y evitar. Primera falta: darle al consumidor gato por liebre, es decir, engañarlo. Segunda: obtener del gobierno algún privilegio (protección, apoyo, subsidio, exención, concesión monopólica, etc.), que lo mantenga, total o parcialmente, al margen de la competencia, lo cual le permite cobrar un precio mayor del que podría cobrar si estuviera sujeto a la disciplina de la competencia, siempre en detrimento de los consumidores,

La primera falta - darle al consumidor gato por liebre -, debe ser castigada por el gobierno, para lo cual están las procuradurías del consumidor y demás instituciones similares. Es una falta que supone, en esencia, la violación de un contrato entre el oferente de algún bien o servicio y el demandante del mismo. Es una falta que supone el incumplimiento de una obligación contractual (del oferente) y, por ello, la violación de un derecho contractual (del demandante), incumplimiento y violación que deben ser sancionados.

La segunda falta - obtener del gobierno algún privilegio que mantenga al empresario al margen de la competencia -, debe ser evitada por el gobierno, y evitada no prohibiendo tales privilegios, sino no concediéndolos, ya que ello resulta, desde el punto de vista económico, ineficaz (a menor competencia entre empresas menor competividad de las empresas) y, desde la perspectiva de la ética, injusto (a menor competencia entre empresas mayor precio para los consumidores, ¡producto del privilegio otorgado por el gobierno!)

Estas son las dos principales faltas de los empresarios, como empresarios, siendo ellos los culpables de la primera, y el gobierno el causante de la segunda, ya que en este caso la culpa no es de quien pide sino de quien da.

La esencia de la empresarialidad – la producción de bienes y servicios con el fin de obtener una ganancia -, es la causa del progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, y el empresario es el motor de ese progreso, al que tanto bien se le debe, por más que, obviamente, todavía falte mucho por hacer, siendo que nada de ello se hará sin los empresarios, que para muchos son, en cuanto tales, los malvados de la película, los villanos irredentos.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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