LUNES, 27 DE FEBRERO DE 2012
Monopolio: ¿Cuál es el problema?

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“No todo monopolio es malo y que no cualquier monopolio representa la peor opción para los consumidores, como cree la mayoría de sus críticos.”


A partir del caso Iusacell – Televisa, mucho es lo que se ha dicho en torno a los monopolios, y lo que se ha dicho no siempre ha sido verdad. Quien me sigue en estos Pesos y Contrapesos sabe que mi postura es, invariablemente, a favor de la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, y que siempre he señalado que la primera condición para lograrlo, anterior a una ley de competencia (Ley Federal de Competencia Económica) y a una comisión encargada de vigilar su cumplimento (Comisión Federal de Competencia), es que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores), que quiera participar ofreciendo mercancías lo haga, con una sola condición: sin ningún privilegio otorgado por el gobierno (protección, apoyo, subsidio, exención, concesión), que limite la competencia. Ello es lo que corresponde, en el ámbito de la actividad económica, al respeto a la libertad individual, a la propiedad privada y a la responsabilidad personal, y tales respetos son la base de la convivencia civilizada, cuya garantía es el Estado de Derecho (que en México en muchos casos es de chueco).

Reafirmada mi postura a favor de la competencia, debo aclarar que no todo monopolio es malo y que no cualquier monopolio representa la peor opción para los consumidores, como cree la mayoría de sus críticos.

Centro la atención en la primera afirmación, no todo monopolio es malo, y pongo como ejemplo el monopolio por competitividad, que es el caso de la empresa que limpiamente, sin ningún privilegio otorgado por del gobierno, sacó del mercado, a golpe de productividad (hacer más con menos) y competitividad (hacerlo mejor que los demás, sobre todo en materia de precio), a sus competidores. Supongamos que el sector de la actividad económica en el que dicho monopolio participa, y que el mercado en el que ofrece su producto, están totalmente abiertos a la participación de cualquiera, nacional y extranjero, que quiera hacerlo. Supongamos, además, que pese a tal apertura no hay empresario que se anime a participar en ese sector de la actividad económica, o en ese mercado de la economía, ¿por qué será? Porque no hay otra empresa capaz de ofrecerle al consumidor, en mejores condiciones de las que lo hace el monopolio, ese bien o servicio o, dicho de otra manera, porque no hay empresa que pueda competir con el monopolio, y no porque el sector de la actividad en el que produce, o el mercado en el que ofrece, estén cerrados por el gobierno a la competencia (el gobierno es el único que puede cerrarlos), sino porque no hay quien pueda producir esa mercancía en mejores condiciones (de precio y/o calidad y/o servicio) para los consumidores. ¿Conclusión? Ese monopolio es la mejor opción para los consumidores.

Centro la atención en la segunda afirmación, no cualquier monopolio representa la peor opción para los consumidores, y ello por una razón fácil de entender: para quien le compra al monopolio la peor opción sería no comprar lo que dicha empresa le ofrece, es decir, abstenerse de satisfacer la necesidad que la mercancía ofrecida por el monopolio satisface, aún tratándose, no de un monopolio por competividad, sino de un monopolio mantenido como tal por el gobierno, lo cual nos lleva al reto de descubrir el verdadero problema que, para el consumidor, plantea el monopolio, problema que no es otro más que el de la eliminación de la libertad de elección y sus consecuencias: mayor precio y/o menor calidad y/o peor servicio, nada de lo cual significa que el monopolio represente la peor opción para los consumidores, ya que ésta, para quien le compra al monopolio, sería no comprarle. Si no fuera así, ¿cómo explicar que el consumidor compra lo que el monopolio ofrece?

Frente al monopolio el consumidor tiene la libertad de decidir si compra o no. ¿Qué muestra el que decida comprar? Que pretende mejorar su situación después de haber consumido lo que el monopolio le ofrece, lo cual quiere decir que de dicho consumo recibe un beneficio. Si no fuera así, ¿cómo explicar que decide libremente comprar? Frente al monopolio el consumidor tiene la libertad de decidir si compra o no. El problema es que, una vez decidida la compra, el consumidor ya no tiene libertad de elección porque, al no haber competencia, no tiene distintos oferentes entre los cuales elegir, lo cual se traduce en precio mayor y/o menor calidad y/o peor servicio, es decir, en menor bienestar, ¡pero bienestar al final de cuentas!, mismo que sería inexistente si el consumidor decidiera no comprarle al monopolio aquellos bienes y servicios que requiere para satisfacer necesidades, gustos, deseos o caprichos. 

El monopolio, ¡cualquiera que sea!, beneficia al consumidor, y a las pruebas, una entre muchas, me remito: ¿por qué, siendo monopolio, le seguimos comprando pan a la Bimbo? Porque la opción, dejar de consumir ese pan, es peor que pagar un precio mayor del que pagaríamos si la Bimbo estuviera sujeta a la disciplina de la competencia. Entonces, ¿cuál es el inconveniente del monopolio para el consumidor? No el que ofrezca bienes y servicios con los cuales el consumidor satisface necesidades, sino el que lo hace a mayor precio y/o menor calidad y/o peor servicio de lo que lo haría si tuviera que competir.

No es verdad que todo monopolio sea malo, ni que cualquier monopolio represente la peor opción para los consumidores, por lo que, de entrada, lo que se afirma en el artículo 28 constitucional, en el sentido de que en México quedan prohibidos todos los monopolios, es un error. El monopolio beneficia al consumidor, pero en condiciones de precio, calidad y servicio menos favorables de lo que lo hacen las empresas sujetas a la competencia. Frente al monopolio y a la empresa que compite el consumidor tiene la libertad de decidir si compra o no. Una vez decidida la compra, frente a la empresa que compite tiene la libertad de elegir entre dos o más oferentes, libertad que desaparece frente al monopolio.

El problema con el monopolio es, uno, que ofrece a un precio mayor del que ofrecería si estuviera sujeto a la disciplina de la competencia, disminuyendo el nivel de bienestar de los consumidores y, dos, que puede llegar a hacer un uso poco productivo de los recursos a su disposición que, por ser escasos, deben usarse de la manera más productiva posible, pero nada de ello supone, ni que todo monopolio es malo, ni que cualquier monopolio es la peor opción para los consumidores.

Para terminar una pregunta. ¿Cuánto tiempo puede disfrutar de su condición un monopolio por competitividad? Lo que tarde otra empresa en ser más productiva y competitiva. ¿Cuánto: años, lustros, décadas? No lo creo: la empresa que logró ese grado de productividad y competitividad, que le permitió convertirse en monopolio por competitividad, mostró que sí se puede. ¿Cuánto tardará otra en seguirla por ese camino? ¿Años, lustros, décadas? Difícilmente (lo cual quiere decir que, muy probablemente, detrás de todo monopolio privado que se eterniza como tal se encuentra algún privilegio otorgado por el gobierno).

• Cultura económica • Competencia • Monopolios

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