JUEVES, 16 DE MARZO DE 2006
Elecciones 2006: un estudio de casos (VII)

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“El rechazo hacia un partido o candidato será tanto más intenso o efectivo si el elector percibe que de triunfar dicha opción se pondrá en riesgo su flujo de rentas actuales o futuras.”


Nuestro modelo indica que el orden de preferencias del universo de electores no es simétrico al orden de rechazos. Así, tenemos que las preferencias siguen esta secuencia: C-B-A, en tanto que los rechazos tienen esta otra secuencia: A-C-B. Por otra parte, tenemos un número de votantes “indecisos” tal que puede decidir el resultado final de las elecciones.

 

Al final de la entrega de ayer indicamos un factor adicional –la “intensidad” del rechazo- que nos permite afinar el análisis. Entendemos por “intensidad” del rechazo el grado en el cual el votante percibe que la opción rechazada (es decir aquella por la que jamás votaría) pone en riesgo su flujo de rentas actuales y futuras.

 

Ejemplificando con el caso de las actuales elecciones en México, tomemos a un votante “X” a quien tanto el candidato “B” como el candidato “C” le provocan rechazo, pero el rechazo es de naturaleza distinta: “B” le desagrada porque lo percibe excesivamente conservador en asuntos morales y “C” le desagrada porque lo percibe excesivamente irresponsable en materia de política económica. El votante “X” calculará, entonces, cuál de las características que le provocan rechazo respecto de cada uno de los dos candidatos es aquella que, de ganar el candidato, representa una mayor amenaza para sus rentas actuales y futuras (las rentas, recuérdese, no sólo son económicas, pueden ser emocionales, ideológicas, sociales u otras).

 

Dicho coloquialmente: Si gana “B” el elector “X” sabe que –pesar del conservadurismo moral que le desagrada- “B” una vez en el poder no podrá imponerle determinada conducta en su vida diaria (“B” no podrá prohibir que “X” sostenga relaciones sexuales con quien deseé ni podrá impedirle usar preservativos); en cambio, “X” sabe que de ganar “C” una vez en el poder sí podrá afectar su empleo, su fondo de retiro, la viabilidad de la hipoteca de su casa o sus oportunidades de negocio, a través de tales o cuales políticas en materia económica. En este supuesto, que parece cazar con la situación actual en México, el rechazo a “C”, independientemente de su extensión cuantitativa, será más intenso que el rechazo a “B”.

 

Esto nos lleva a la hipótesis de que el resultado de las elecciones podría determinarse por sólo uno o dos “clivajes”: temas o asuntos que provocan rechazos o apoyos intensos.

 

Con estos elementos, analicemos las estrategias óptimas o ganadoras para cada uno de los candidatos.

 

Adelantemos que la mejor estrategia para “C” es crear entre los votantes la percepción de que su ventaja es imbatible y que la suerte ya está echada –de forma que se desaliente el llamado voto útil, fundado en el rechazo-, mientras que para “B” y “A” su estrategia ganadora (con ventajas claras para “B” por el menor rechazo que provoca) consiste en propiciar el voto útil.


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