MARTES, 6 DE MARZO DE 2012
James Q. Wilson en Álamos

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• ¿Responsabilidad social?

Arturo Damm
• IED, preocupante

Luis Pazos
• Más impuestos menos crecimiento ¡lógico!

Arturo Damm
• Desaceleración, más muestras

Ricardo Valenzuela
• ¿Quiénes controlan los gobiernos? (I)

Isaac Katz
• ¿Qué falló? (I)

Manuel Suárez Mier







“Acaba de fallecer uno de los intelectuales más respetados de Estados Unidos, James Q. Wilson, científico social de primera categoría. Se trata simplemente de una mente brillante en búsqueda de la verdad.”


Acaba de fallecer uno de los intelectuales más respetados de Estados Unidos, James Q. Wilson, científico social de primera categoría quién estudió el comportamiento humano con gran detenimiento e hizo aportaciones significativas a la ciencia política, sobre todo en su pionero análisis del comportamiento criminal.

Quizá su más famosa aportación haya sido la teoría de las “ventanas rotas” sustentada en el experimento de dejar abandonados dos coches en una calle citadina, uno en perfecto estado y el otro con una ventana rota. El segundo vehículo es pronto objeto de actos vandálicos mientras que el primero permanece incólume.

Esta observación dio lugar a su propuesta para enfrentar la ola criminal que asolaba a muchas ciudades de EU en los años ochenta. Sugería que había que empezar por atajar los delitos menores que representan una escuela del crimen, en lugar de concentrarse en los más graves, que es lo que la policía hacía entonces.

Tuve el privilegio de conocer a Jim en las reuniones de Álamos, a las que asistió con regularidad por muchos años, y de platicar con él en numerosas ocasiones dado que al sentarnos en la mesa de conferencias por orden alfabético, la S y la W de nuestros apellidos nos hicieron vecinos más de una vez.

Recuerdo en particular un debate entre él y Milton Friedman sobre la mejor forma en la que las políticas públicas deben enfrentar el uso de drogas prohibidas por los gobiernos. Jim defendió, junto con Bob Bartley a la sazón director editorial del Wall Street Journal (WSJ), que las drogas siguieran siendo ilegales, mientras que Friedman y Mike Walker del Fraser Institute de Canadá, sustentaron la legalización.

Los argumentos de Wilson fueron brillantes, al mantener que las drogas son médica y químicamente adictivas por lo que una vez que una persona se vuelve dependiente de ellas, deja de tener el libre albedrío necesario para tomar decisiones racionales, por lo que el Estado debe intervenir en defensa de la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, recuerdo que la impresión generalizada del auditorio fue que Friedman ganó el debate al sustentar que los daños derivados de la prohibición eran muy superiores a los beneficios aludidos por Wilson, y que Estados Unidos no tenía el derecho de imponerle los enormes costos derivados del tráfico de drogas a otros países que, como México, simplemente se encuentran entre productores y adictos.

Si ese argumento era válido hace como quince años, cuando tuvo lugar la reunión aludida, cuanto más lo es ahora cuando la mal llamada “guerra contra las drogas” ha cobrado ya cerca de 50 mil muertos en nuestro país sólo en los últimos cinco años, y no se le ve una salida exitosa a esta tragedia de no cambiarse de tajo la estrategia.

El pensamiento de Jim fue evolucionando con los años y la sabiduría que ellos suelen conferirle a quien de por sí tiene una mente privilegiada. Según lo cita el WSJ en su editorial con pasajes selectos de artículos que Wilson escribió para ese diario por muchos años, en 2009 asentó:

“La visión de que sabemos menos de lo que pensábamos saber sobre cómo cambiar la condición humana, fue, con el paso del tiempo calificada como ‘neoconservadora’ (término que lamentaba y rechazaba Jim)…Hubiera sido mejor que se nos llamara escépticos de las políticas; es decir, personas que pensamos que era difícil, aunque no imposible, hacer cambios importantes de utilidad (para la sociedad) mediante políticas públicas.”

Otra cita de su artículo “La cura contra el egoísmo” de 1997, es también ilustrativa de sus poderes perceptivos:

“Quizá el antídoto más poderoso para el egoísmo irrestricto sean los derechos de propiedad. Si estamos pastando ganado, cuidaremos de conservar la tierra si es nuestra. Si estamos capturando langostas…, evitaremos pescar en exceso mediante la asignación de ‘lotes’ marinos de los que informalmente son ‘dueños’ los pescadores. Si queremos preservar a los elefantes debemos permitir que la gente sea dueña de ellos…Si deseamos conservar nuestras reservas nacionales de petróleo, nos irá mejor si son propiedad de empresas a que el gobierno controle la totalidad de los depósitos.”

Habrá quien después de leer estas líneas, opine que Wilson era un conservador de derecha. Nada más lejano de la verdad pues Jim estuvo toda su vida afiliado al partido Demócrata de su país y trabajó para algunos de los políticos más a la izquierda del espectro ideológico de EU. Se trata simplemente de una mente brillante en búsqueda de la verdad.

Conocer gente de este calibre es uno de los privilegios de asistir a la conferencia anual de Álamos, Sonora.

• Drogas • Derechos de propiedad • Álamos Alliance • Inseguridad / Crimen • Pensamiento económico

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus