MIÉRCOLES, 28 DE MARZO DE 2012
La libertad económica (I)

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Podemos definir al liberalismo como aquel arreglo institucional a favor de la responsabilidad personal, liberalismo que será aceptado por las personas responsables y rechazado por las irresponsables, tal y como sucede con quienes están a favor de alguno de los muchos arreglos institucionales colectivistas que existen.”


El liberalismo es aquel arreglo institucional (reglas del juego) que reconoce plenamente, define puntualmente y garantiza jurídicamente la libertad individual para trabajar y emprender, invertir y producir, distribuir e intercambiar, consumir y ahorrar, así como la propiedad privada sobre ingresos, patrimonio y medios de producción, sin olvidar que la propiedad privada es la condición de posibilidad de la libertad individual, y que el corolario de la libertad individual y la propiedad privada es la responsabilidad personal, de tal manera que podemos definir al liberalismo como aquel arreglo institucional a favor de la responsabilidad personal, liberalismo que será aceptado por las personas responsables y rechazado por las irresponsables, tal y como sucede con quienes están a favor de alguno de los muchos arreglos institucionales colectivistas que existen, desde el marxismo y el fascismo hasta la socialdemocracia y el Estado benefactor, arreglos colectivistas que tienen como común denominador el que parte de las responsabilidades del individuo (por ejemplo: alimentación, atención médica, educación), las asume la colectividad (independientemente de cómo se concrete en la práctica).

Todos sabemos, uno, que hay una relación directamente proporcional entre libertad económica e ingreso por habitante (a más libertad económica más ingreso por habitante, como lo muestran los dos índices de libertad que se calculan y publican, el de la Heritage Foundation y el del Fraser Institute) y, dos, que la libertad económica en México deja mucho que desear, siendo los resultados mediocres. Según el Índice de Libertad Económica 2011, de la Heritage Foundation, México ocupa, entre 179 naciones, el lugar 48, con calificación de 6.8 sobre 10. Según el Índice de Libertad Económica 2011, del Fraser Institute, el lugar de México, entre 141 países, es el 75, y la calificación, sobre 10, es de 6.7. ¿Posición? Mediocre. ¿Calificación? Mediocre. ¿Situación en general? Mediocre.

El problema, en materia de libertad económica, en México, comienza por el artículo 25 de la Constitución, en el cual se afirma que el Estado “planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional”, lo cual solamente se logra, dado que la Actividad Económica Nacional es una abstracción, planeando, conduciendo, coordinando y orientando las actividades económicas de los particulares, actividades que son trabajar y emprender, invertir y producir, distribuir e intercambiar, consumir y ahorrar, mismas que, si realmente fueran (en la práctica no lo son) planeadas, conducidas, coordinadas y orientadas por el Estado, que para todo efecto práctico es el gobierno en turno, supondría la violación de la libertad individual, misma que, según quienes redactaron el mentado artículo constitucional, es otorgada por la Constitución y no, ¡tal y como debe ser!, reconocida y garantizada por la Constitución, ¡algo esencialmente distinto!

Cierto: el gobierno no planea, no conduce, no coordina y no orienta las actividades económicas de los individuos, limitándose a regularlas, ¿pero qué pasaría si llegara al poder político alguien convencido de que ese, el de la planeación, conducción, coordinación y orientación gubernamental de la actividad económica nacional, y por lo tanto de las actividades económicas de los individuos, es el camino al progreso?

Continuará.

• Liberalismo • Libertad económica • Constitución

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