Pesos y contrapesos
May 9, 2012
Arturo Damm

Los tres obstáculos

Hasta ahora los tres obstáculos han resultado infranqueables y, desafortunadamente, no veo de qué manera puedan franquearse, sobre todo si tomamos en cuenta que ello depende, al final de cuentas, no del Poder Ejecutivo, que a lo más que llega a proponer, sino del Legislativo, quien es el que al final de cuentas dispone.

Tres de los cuatro candidatos que participaron en el debate hablaron de la necesidad de llevar a cabo las reformas estructurales, cuyo fin debe ser aumentar la competitividad del país, definida como la capacidad de la nación para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y generan ingresos, inversiones directas que son la condición necesaria del progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios para un mayor número de gente, inversiones directas que en México, en los últimos meses, han presentado un comportamiento por demás aceptable, tal y como lo muestran los datos de la inversión fija bruta, que es la que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, inversión fija bruta que es la base del resto de las inversiones. En febrero, a tasa anual, la mentada inversión creció 11.7 por ciento, por arriba del 10.3 por ciento de febrero del 2011.

Tres de los cuatro candidatos a la presidencia – la excepción es López Obrador, quien en su documento Diez propuestas para rescatar a México no menciona a las reformas estructurales, sin olvidar que hace algunas semanas afirmó que, para salir adelante, y lograr mejores resultados en materia de economía, no hacen falta dichas reformas -, reconocen la necesidad de llevar a cabo las reformas estructurales, lo cual no es nada nuevo, ¿cuántos años se lleva hablando del tema? La novedad consistiría en que realmente se llevaran a cabo, algo que parece poco probable, dados los tres grandes obstáculos que enfrentan las reformas: 1) la ignorancia, en materia de economía, de buena parte de los legisladores encargados de llevarlas a cabo; 2) los prejuicios, en contra de todo lo que sea privado,  y no digamos si además de privado es también extranjero, de buena parte de los legisladores encargados de llevarlas a cabo; 3) los intereses, sobre todo pecuniarios, de los grupos que se benefician del statu quo, grupos de interés que tienen sus representantes entre los legisladores, es decir, entre los encargados de llevar a cabo las reformas estructurales, reformas que, más que estructurales, deben ser institucionales: lo que hay que cambiar son las instituciones económicas, es decir, las reglas del juego en la materia, y hacerlo a favor de la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, es decir, a favor de la verdadera economía de mercado (de la cual en el debate sólo habló Quadri).

Hasta ahora los tres obstáculos han resultado infranqueables y, desafortunadamente, no veo de qué manera puedan franquearse, sobre todo si tomamos en cuenta que ello depende, al final de cuentas, no del Poder Ejecutivo, que a lo más que llega a proponer, sino del Legislativo, quien es el que al final de cuentas dispone. Los priistas aspirantes a diputados y senadores nos dicen que, de ser electos, ahora sí harán lo que no hicieron, ni en la legislatura actual, ni en la pasada, que ahora sí aprobarán las reformas. Usted, ¿les cree?



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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